Le gusta el sabor del peligro
Como en las copa América de 2004 y 2007, Uruguay, que no juega buen fútbol, ahora necesita ganar en la última fecha del grupo para clasificar
Uruguay conoce de estas historias de caminar al borde de la cornisa. De depender de un resultado. De jugar la última carta. En la Copa América de Perú entró por la ventana. Y se quedó hasta el final. En Venezuela fue por un triunfo en la última fecha, y también se quedó hasta el final. La de Argentina, que en lo previo parecía presentarse de otra forma por los antecedentes con los que llegaba el equipo celeste, no es la excepción.
Uruguay depende de un resultado, el de la última fecha contra México. Otra vez jugados a la última carta. El empate contra Chile volvió a condenar al equipo uruguayo a quedar sin margen de error.
Acaso es la única y real conclusión que queda de un partido caliente con ida y vuelta y con lo que se preveía. Chile dominando y Uruguay esperando con el puñal abajo del poncho. Pudo ser para cualquiera. Siete chances de gol de la roja contra cinco de Uruguay.
Clima caliente en el estadio Malvinas. El primer tiempo contó con todos los condimentos. Errores defensivos. Un blopper que casi le juega una mala pasada a Uruguay. Y el típico arbitraje de Carlos Amarilla.
Estaba claro que Chile iba a tener la pelota. La iba a manejar de un lado al otro y Uruguay lo esperó. Fue el partido que planificó Tabárez. Primero marcó y luego ofendió. El hecho es que la exagerada pulcritud de los rojos determinó que cometiera errores que pusieron al elenco celeste rondando el gol. Claro, el hecho de tener enfrente a hombres de la talla de Suárez, Cavani y Forlán no permite descansar en paz. Y el nerviosismo comenzó a ganar a la defensa trasandina. A los tres minutos Forlán ejecutó un tiro libre y la pelota se paseó por todos lados sin que nadie la alcanzara a empujar.
Pero la lucha se centró en el mediocampo. Los volantes de Uruguay tenían claro el libreto. El Ruso Pérez y Arévalo presionaban sin dejar pensar a Sánchez y Jiménez que terminó bajando unos metros para recibir. La pelota no llegaba clara en Chile a pesar de que la tenían.
Y el equipo de Tabárez generó su primera situación de gol en una acción colectiva. Forlán la peinó, Cavani asistió a Suárez y el remate de Luis le sacó brillo al travesaño de Bravo. Se paralizó el corazón de los chilenos. Con los tres primeros centros Uruguay dejó en claro que Chile sufría con la pelota por elevación.
La roja, que fue local, respondió con un disparo de Alexis Sánchez que se perdió afuera.
El hecho es que el clima se empezó a calentar. Suárez quedó cara a cara con Ponce. Egidio mostró las garras contra Sánchez. Palito Pereira jugó al límite y con amarilla desde los 11 minutos. Y el juez Amarilla exasperó a todos. Empezó enérgico y terminó liviano y sin complicarse. Lo habitual. Como habrá sido la cosa que hasta Tabárez, parado el borde de la línea, levantó presión.
El partido fue transcurriendo entre el peligro latente que imponía Chile y la espera agazapada de Uruguay, que contó con otra chance producto de la displicencia del fondo rojo. Ponce, el más flojo del fondo trasandino, esperó por el golero y Suárez los madrugó a los dos. Se quedó sin ángulo y apeló al centro al segundo palo para la cabeza de Forlán. En la línea salvó Contreras.
Los minutos finales fueron de Chile. Y la celeste se salvó de milagro. En una acción intrascendente, Coates restó al borde del banco de Uruguay, la pelota pegó en los pies de Sánchez y se elevó ante la desesperada mirada de Muslera al que no le daban las piernas para retroceder. Pero la diosa fortuna se acordó de Uruguay y el balón pegó en el travesaño.
En la última casi lo sorprenden al fondo charrúa cuando Beausejour le ganó la espalda a Maxi Pereira y su remate cruzado se perdió apenas afuera.
Para el inicio del complemento Tabárez se jugó un cambio. Mandó calentar a Tata González. Todos pensaron que salía Palito que tenía amarilla pero sacó a Cavani.
Y lo que es el fútbol. Siempre plagado de imponderables. Palito Pereira, que había comprado los boletos para salir, silenció al estadio que quedó más congelado que los picos de la cordillera. Suárez encaró por izquierda. Amagó una vez, enganchó y cuando Forlán la pedía desesperado, la metió al medio para Pereira que recibió solo y la puso abajo.
Borghi reaccionó enseguida. Mandó a la cancha a Jorge Valdivia para romper la red que le montó la celeste en el medio. Pero fue Uruguay el que contó con dos opciones más. Suárez encaró entre dos defensas y su remate lo tapó el golero. Forlán lanzó el tiro de esquina y Coates casi anota atropellando.
En la recarga la roja encontró el empate. Beausejour quedó libre por izquierda y tocó corto para la entrada a la carrera de Sánchez que decretó el empate.
Y cambió el viento. Chile se agrandó. Borghi metió dos cambios más. Y se apoderó de la pelota. Tabárez esperó hasta mandar a Lodeiro. Sobre la media hora Muslera se mandó la atajada del partido ante un cabezazo de Jiménez. Y cuatro minutos después respondió con los puños ante un remate de media distancia. Un tiro libre de Paredes paralizó el corazón de los uruguayos. La celeste quedó jugada a una pelota. A ese bendito tiro libre de toda la vida. Pudo ser de Lugano el héroe. Y llegó el final.
¿Quedó complicada la serie? Claro, pero queda la esperanza de que este equipo conoce el negocio. La presión de la victoria vuelve a quedar del lado de Uruguay.