Uno de los cambios importantes que puede dejar este período legislativo es la aprobación de una ley piadosa que nos evitará a todos el riesgo de irnos de la vida sufriendo en forma intensa, prolongada y a veces hasta indigna.
Uno de los cambios importantes que puede dejar este período legislativo es la aprobación de una ley piadosa que nos evitará a todos el riesgo de irnos de la vida sufriendo en forma intensa, prolongada y a veces hasta indigna.
Es un tema importante, incómodo, que trata sobre un aspecto de la vida que preferimos no abordar y por lo tanto debatir sobre él no es frecuente. Uruguay tiene en estudio un proyecto de ley que ya ha sido aprobado en Diputados y que está desde hace muchos meses a la espera de que la comisión de Salud de la Cámara de Senadores analice y luego el Senado vote. Pedro Bordaberry en una reciente columna en el diario El País ha acertado en poner el tema en debate.
El proyecto, presentado por Ope Pasquet y otros diputados, puede sumarse como un componente más de una larga tradición que tiene Uruguay en cuanto a leyes que protegen derechos ciudadanos y buscan disminuir el sufrimiento humano. Uruguay es reconocido como un país vanguardista en América Latina por haberse adelantado en la región a aprobar leyes de ese tipo, que en Argentina y otros países demoraron muchísimos años en lograrse.
Justamente esa condición del Uruguay liberal fue elogiada en estos días de “Semana Santa o de Turismo o de la Vuelta Ciclista” desde el diario El País de Madrid a un libro llamado Laboratorio Uruguay, en el que las argentinas Silvia Naishtat y María Eugenia Estenssoro analizan las trayectorias sociales y económicas divergentes de ambos países. Las diferencias políticas y culturales con los vecinos vienen de antes del peronismo: el país de Bergoglio todavía no es laico.
Como las autoras, estoy entre los que piensan que ese diferencial de Uruguay es muy valioso. La libertad diferencial respecto al resto de América Latina es algo de lo cual los uruguayos podemos estar orgullosos y seguir cultivando.
En esta diferenciación uruguaya la figura de José Batlle y Ordoñez ha sido de enorme importancia, con el importante antecedente de José Pedro Varela, que dejó el legado de la educación laica, gratuita y obligatoria, no ordenando estos tres preceptos en orden alfabético sino enfatizando lo fundamental: que los niños no sean adoctrinados en dogmas a temprana edad que puedan quitarles raciocinio y libertad por el resto de sus vidas.
Mientras los elogios llegaban de afuera, los ataques a este estado de cosas llegaron desde dentro. La columna de Bordaberry mencionada, que critica la posible legalización de la eutanasia emparentándola con el aborto tiene una argumentación a mi entender equivocada en la forma y en el fondo.
Discrepo con la forma porque me parece que tergiversa las palabras de José Batlle y Ordóñez, que -hasta donde yo se- nunca se pronunció sobre aborto o eutanasia. El fragmento que se reproduce de un escrito de Batlle se reduce para hacerlo decir lo que no quiso decir. El texto completo refiere a los prejuicios y la presión social hacia las madres solteras que muchas veces terminaba con el suicidio de mujeres embarazadas. “Cuántos perecen en las entrañas de la madre que no osó afrontar a sus acusadores y busca en la muerte para ella y para el hijo ilegítimo un refugio seguro?”, dice. Eran épocas terribles en las que el hostigamiento a mujeres embarazadas sin haberse casado, resultaba insoportable. Nada quiso decir José Batlle y Ordóñez ni sobre aborto ni sobre eutanasia en ese escrito.
Tampoco me parece honesto que reafirme más adelante que “la orientación debe ser la de Batlle y Ordoñez y la de Tabaré Vázquez: a favor de la vida no en su contra.” Además de tergiversar el debate no es entre una postura a favor de la vida y otra postura en contra de la vida.
¿Cuántas veces los que se definen pro vida al acceder al poder han matado sin piedad? Hay muchos ejemplos. Por otra parte defender la legalización de la eutanasia está en las antípodas de ser contra la vida, es justamente para honrar una vida bien vivida ahorrándole un final de espanto innecesario.
También me parece incorrecto recurrir al “argumento por autoridad” partiendo de que si dos expresidentes opinasen algo debemos acatarlo. Se puede pensar con cabeza propia. Nada pasa a ser verdad porque lo diga un oncólogo o un presidente o una figura emblemática de la historia uruguaya. Los argumentos son válidos por otras razones.
Vayamos al fondo del tema
No conozco a nadie que no se sienta obviamente a favor de la vida. Honrar la vida, vivirla lo mejor que se pueda y por qué no también darle el final de la manera que uno decida. No es defender la vida obligar a quien está padeciendo un sufrimiento insoportable que no tiene reversión posible, condenarlo a una demora innecesaria en ese sufrimiento si pide ayuda para terminar con una situación torturante.
Defender la vida es otorgar el derecho a quien quiera hacerlo que algún pariente o buen amigo gestione un final piadoso y no sostener un tormento innecesario por días, semanas, meses o años ¿hasta que Dios disponga?
Dar esa posibilidad con la seguridad jurídica del caso da garantías a todos que aquellos que como Bordaberry tienen un credo que prohíbe la eutanasia no recurran a ella. Pero que no nos obliguen al resto a regirnos por sus peculiares creencias.
Principios tan rígidos que obligan al sufrimiento son difíciles de sostener con coherencia.
El columnista tan radical “en defensa de la vida” debe tener sus cuestionamientos mientras trabaja como gerente de la empresa de fútbol Torque, propiedad de un jeque que gobierna en Emiratos Árabes Unidos, una dictadura donde la pena de muerte puede llegarle a uno por infinidad de razones.
De acuerdo a Wikipedia, según la ley emiratí, permite la pena de muerte por traición a la patria, espionaje, asesinato, incitación exitosa al suicidio de una persona “aquejada de total falta de libre albedrío o razón”, incendio, actos de atentado al pudor, apostasía (haber creído en Dios, pero luego de analizarlo dejar de creer), violación, perjurio, robo con agravantes, homosexualidad. Tanto ciudadanos extranjeros como ciudadanos de los EAU han sido ejecutados por delitos. Allí si que hay un discurso que no es “pro vida”.
El columnista diagnostica que “en la sociedad actual, consumista, donde se pone el énfasis en el gozo personal, en el interés en uno mismo, y poco en la solidaridad y en el respeto del derecho del otro, el aborto, la eutanasia y otras cosas similares se presentan como un avance de la civilización.” Asusta leer “otras cosas similares”.
Sería bueno que explicara si vuelve al ruedo político a qué otras prohibiciones planea enfocarse bajo el concepto de “cosas similares”.
Siempre es importante que entre uruguayos busquemos la coincidencia y yo acuerdo con Pedro Bordaberry en que hay que leer más a José Batlle y Ordóñez. Aquí y fuera de fronteras. ¡Imaginemos el avance que sería para la humanidad el ideario batllista reformando a las dictaduras teocráticas islámicas!
La lectura de este ataque a la eutanasia me ha encontrado en Holanda, el primer país del mundo en aprobar por ley la eutanasia, es decir “autorizar en circunstancias excepcionales el acto deliberado de dar fin a la vida de una persona, por voluntad expresa de la propia persona y con el objeto de evitar un sufrimiento”.
A más de 20 años de aprobada la ley tiene una aprobación de 90% de la población que a diferencia del columnista sí la considera un progreso, un avance de la civilización. En ese país no se habla de agenda de derechos. Leo en esa columna que “la eutanasia y otras cosas similares se presentan como un avance de la civilización. La nueva agenda de derechos le llaman algunos.”
Respecto a que personas adultas del mismo sexo se puedan casar con los mismos derechos que las de sexo diferente, o a que una mujer violada pueda decidir si quiere o no un hijo fruto de una violación o “cosas similares” lo llaman “libertad y sentido común”. La misma situación ocurre en Suiza y varios países desarrollados.
La ley que se propone no obliga a nadie a hacer lo que no quiera. Permite y da garantías a creyentes y no creyentes a elegir el final de la vida cuando este es cruel e inevitable. La alternativa bajo el eufemismo de “cuidados paliativos” es sufrir obligatoriamente drogado con opiáceos hasta “cuándo Dios disponga” en nombre de un pensamiento religioso que es solo de algunos y cuyo prohibicionismo no debe ser impuesto a los demás.
Bienvenido el debate sobre un tema que nos concierne a todos. Ojalá ese debate llegue pronto a la Cámara de Senadores. Y que los verdaderos ideales humanistas y laicos de José Batlle y Ordóñez sean tomados en cuenta por los legisladores de todos los partidos, porque todos merecemos la chance de elegir vivir, y morir en paz.