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Los hinchas chilenos se adueñaron de las sedes de San Juan y Mendoza en este arranque de la Copa América en Argentina. El paisaje entre ambas ciudades es como un desierto. El único color que se ve entre los 165 kilómetros que separan a ambas sedes fue el que ponían los chilenos.

Decenas de camionetas último modelo copaban la carretera: todas llevaban la bandera chilena. Si no estaba en el techo, salía de una de las ventadas. En esa caravana de hinchas trasandinos no faltaban los bocinazos al notar entre ellos mismos que eran locales.

La Plaza 25 de Mayo, en el corazón de San Juan, estaba inundada por una marea roja. Algunos pocos uruguayos se perdían entre los hinchas chilenos que cantaban la tradicional “Chi chi chi, le le le”, alentando a su selección.

El panorama en el Estadio Bicentenario es similar. Los de la roja estaban desde muy temprano en las inmediaciones del escenario, haciendo largas filas. Las cuatro tribunas tienen en su gran mayoría hinchas chilenos que se hacen sentir, que se sienten locales y que parecen serlo.