Todo comenzó con una mentira. Con una avivada criolla. Una noche de diciembre de 1946 una mujer entró al bar El Mejillón de Punta del Este, apurada y con hambre, preguntando si allí vendían sándwiches de carne de chivito. Ni corto ni perezoso, el dueño del lugar, Antonio Carbonaro, fue hasta la cocina y le preparó un sándwich con un churrasco de carne de vaca dentro de una roseta de pan caliente, con manteca y una feta de jamón y se lo sirvieron a la señora así. El engaño estaba hecho pero el estómago había quedado agradecido. La mujer no lo sabía pero Carbonaro sí: había nacido el primer chivito de la historia.
Los cinco mejores lugares para comer chivitos en Montevideo
El Observador realizó a vuelo de pájaro (y a estómago de oso) un recorrido por mejores lugares para degustar el rey de las comidas locales. Si bien es una materia opinable, estas cinco opciones no van a decepcionar