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La reforma de AFE y la postura contraria del Partido Socialista aparece como un nuevo capítulo dentro de lo que son ya las habituales disputas internas de la fuerza política de gobierno. En el primer semestre del año, el Frente Amplio no ha terminado de laudar un tema conflictivo para meterse en otro. Al principio fue la Ley de Caducidad, luego el impuesto al agro y ahora la reforma de AFE.

Dos politólogos señalaron a El Observador que es de esperar que esta sea la “tónica” de los próximos años del gobierno de José Mujica y que recién se calmará el último año de gobierno, cuando apremien los tiempos electorales. Según Juan Carlos Doyenart de la empresa Interconsult, esta dinámica se debe a que el segundo gobierno de Frente Amplio a diferencia del primero, asumió sin una agenda clara de propuestas y medidas. “Luego que pasó el primer año, en el que estuvieron centrados en el presupuesto, ahora se quedaron sin agenda”, opinó. Con el gobierno de Tabaré Vázquez el Frente Amplio sí tenía una batería de propuestas preparadas, más que nada en el ámbito social, explicó. A esto agregó que el estilo de Mujica es muy diferente al de su antecesor, quien “tenía capacidad de mando”, lo que da lugar a “una especie de vacío de poder tanto dentro del Frente Amplio, como en el gobierno”.

A esto mismo, apuntó el politólogo del Instituto de Ciencias Políticas, Antonio Cardarello, quien manifestó que todas estas discusiones dentro del Frente Amplio tienen su origen en la forma en que presidente lleva el gobierno y en la forma en que llegó al poder. “Claramente, Mujica no es un líder indiscutido dentro de su propia fuerza política, ni representa a todo el Frente Amplio. Sólo representa a una parte”.

Expresó que a diferencia de su predecesor esto le genera problemas a Mujica, porque estar en el gobierno implica dar soluciones a toda la población y no sólo a la fuerza política. Según Cardarello, el liderazgo de Tabaré Vázquez quedó claro desde el primer momento, cuando dijo: “Yo soy el presidente de todos los uruguayos”. De esta manera, no dio lugar a dudas sobre qué estaba primero, si el gobierno o la fuerza política. Era obvio que lo que primaba era el gobierno.

En cambio, esto a Mujica se le complica un poco más por su estilo “oscilante o de vaivén”, con el que busca satisfacer a todos los sectores, pero que genera conflictos internos dentro del Frente Amplio. “Mientras que Mujica quiere satisfacer a todos, incluso a los que no son frenteamplistas, los dirigentes del Plenario tratan de hacer cumplir el programa de la fuerza política”, advirtió Cardarello. Opinó que este fue el caso de la Ley de Caducidad en el que el mandatario terminó resolviendo el problema de una forma contraria a la que había acordado con su propio partido.

Por su parte, Doyenart expresó que este “vacío de poder” ha dado lugar a que aparezcan dentro del Frente Amplio distintas visiones de país y del mundo. Claramente “una posición más socializante se opone a otra más socialdemócrata”, que se inclina por la estabilidad económica y la inversión extranjera. Este tire y afloje ha dado lugar a una gestión pautada por “la gran ineficacia y heridas profundas dentro del Frente Amplio”, dijo.

La "carta de recambio" y el "chivo expiatorio"

El director de Interconsult aventuró que si no fuera porque existe Vázquez, el Frente Amplio “correría serio riesgo de perder el próximo gobierno” y se vería sumido en una lucha por el poder “desgastante”. Por eso, señaló que Vázquez es la “carta de recambio” con la que cuenta la actual fuerza de gobierno y que Mujica puede transformarse en el “chivo expiatorio” de todos los problemas que actualmente enfrenta el Frente Amplio.

Doyenart señaló que es probable que al terminar su gobierno, el actual mandatario quede como el líder “que no supo conducir el Frente Amplio y el gobierno” y, por contraste, se alce la figura de Vázquez como la persona que sí lo sabe hacer. No obstante, señaló que para él esta postura constituye una “exageración”, dado que Mujica no es el “único problema” que hoy en día enfrenta el gobierno.

Cardarello, en cambio, no quiso utilizar el término “chivo expiatorio”, pero sí manifestó que es probable que Mujica termine asumiendo parte de las responsabilidades de lo que está ocurriendo.


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