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"Mi nombre es Rob Spence y soy un cyborg. Perdí mi ojo en un accidente con un arma de fuego hace 6 años. Estos ingenieros me ayudaron a desarrollar un ojo prostético con una cámara inalámbrica adentro. Ahora me llaman Eyeborg”. Así comienza el corto documental Deus Ex: The Eyeborg Documentary.

El filme que tiene al realizador cinematográfico canadiense Spence como protagonista fue financiado por la compañía de videojuegos Eidos Montreal como una revolucionaria forma de promocionar el lanzamiento la semana pasada de Deus Ex: Human Revolution. En 12 vertiginosos minutos comparan la situación actual del desarrollo de prótesis biónicas con la tecnología que posee el cyborg Adam Jensen, héroe del videojuego ambientado en 2027.

Spence, de 39 años, viajó por el mundo en busca de los cyborg más avanzados, para saber qué tan lejos está la ciencia de producir órganos robóticos que puedan ser controlados por sensores y sean iguales o mejores que los naturales.

Un ojo que filma

Como Jensen, Spence tiene un ojo que filma. Sin embargo, el suyo no es digital ni interactúa directamente con el cerebro, como el del videojuego. Pero, no por eso, la prótesis es menos sorprendente.

Si bien Eyeborg es un nombre mucho más cool que “Pequeño Hermano”, esa es la forma más sencilla de explicar lo que hace el ojo de Spence: grabar todo lo que “ve” y transmitirlo a una computadora.

El Eyeborg Project fue idea del propio Spence, quien hasta 2009 llevó un parche para cubrir su desfigurado ojo. La pequeña cámara de su celular le hizo pensar si no podría instalar una similar, pero inalámbrica en su cuerpo.

Ese año, el invento fue nombrado por la revista Time como uno de los 50 mejores de 2009 y el canadiense se convirtió en una celebridad. Su fama se vio potenciada por detalles como que su ojo tiene una luz roja al estilo Terminator.

Correr y abrazar

“Los brazos prostéticos en los días de Deus Ex son más fuertes que los brazos humanos. Y tienen más opciones”, explica la voz off del documental mientras muestra cómo Jensen convierte su brazo en una moderna arma de fuego o golpea a otros cyborg.

En Virgina y California, dos hombres que perdieron sus manos le explican a Spence cómo funcionan sus prótesis y qué son capaces de hacer con ellas. Desde nadar hasta hacer un brindis o incluso levantar el dedo mayor, ellos manejan sus miembros biónicos casi con total naturalidad.

Las piernas biónicas son desarrollos más complejos aún, ya que deben incluir el equilibrio y la fuerza como condiciones. El mayor logro hasta ahora en este campo pertenece a la empresa islandesa Össur.

“Creo que la tecnología se mueve más rápido ahora. Este momento es una cuestión de qué podés imaginar. Es decir, ¿quién dice que un ser humano normal es lo óptimo para vos? Las especies evolucionaron hacia la forma que tenemos ahora, pero, ¿quién dice que ese es el final de la fila?”, explica en el corto David Jönsson, ingeniero en prótesis en Össur, que perdió la pierna derecha por un cáncer.

Ahora, el próximo desafío son las neuroprótesis de Jensen, es decir, prótesis controladas por el cerebro. Es el llamado transhumanismo que Jönsson menciona y que el documental plantea como el próximo debate ético de la humanidad: el cambio voluntario de los órganos naturales por los más eficientes robóticos.

Disponible en YouTube solo en inglés, la estética de videojuego que tiene el documental (ritmo narrativo ágil, filtro de color azulado, música electrónica como banda sonora) anticipa que el tiempo de los cyborg está cerca.
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