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Los juegos de caja sobreviven

Los juegos de caja son algo del pasado, pero a pesar de la gran variedad de entretenimiento electrónico, en Uruguay, cada vez se venden más, para niños y también para adultos

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23 de agosto de 2012 a las 19:36

Si por estas fechas de nostalgia alguien hace un retroceso lúdico y se pregunta dónde quedaron algunos de sus pasatiempos preferidos, la respuesta es que están ahí esperando agazapados y, en muchos casos, renovados. Es mentira que frente a la avalancha tecnológica de las últimas décadas, nadie se molesta ya en tirar un dado o retroceder tres pequeños casilleros cuando puede manejar un Ferrari Enzo en una pantalla de 48 pulgadas a 270 kilómetros por hora.

Es verdad que ya pasó la época de oro de los juegos de caja, como los clásicos El bancario y Monopolio, además del Ludo, el juego de mesa esencial que durante muchos años era un indiscutido en cada casa. También es cierto que ya no es tan frecuente reunirse a jugar al War, ese juego de guerra entre países cuyos conflictos se resolvían tirando dados, pero los juegos de caja no están muertos ni mucho menos.

La zafra de los juegos de caja tiene picos en fechas clave como Reyes o el Día del Niño, pero el período de ventas más continuo comienza en marzo con el ciclo escolar, ya que muchos maestros incitan a los alumnos a jugar a juegos de caja como una forma de compartir otro tipo de actividades entre amigos y compañeros.
En palabras de Federico Gerwer, director de la fábrica Rivernold –responsable de la línea Didacta–, las madres y abuelas son quienes más compran juegos actualmente. El objetivo es similar al de las maestras. “En algunas ocasiones quieren regalarle a los niños algo más que un simple juguete, quieren que tengan algo educativo y didáctico”, dijo.

Hugo Maurín, gerente de retail de Mosca Hermanos, dice que ante la clásica denominación “juegos de caja”, prefiere hablar de “juegos de sociedad” que reúnen a las personas y las hacen interactuar reflejando en ello una necesidad humana. Sea como sea, no cree que esto pueda desaparecer en el mediano plazo, sin importar lo que la tecnología aporte.

La principal competencia, aparte de las consolas, son los juguetes baratos chinos que aparecen como una alternativa más económica. Sin embargo, luego de algunos años de caída el juego de caja se ha estabilizado y la clásica combinación de Ludo y Damas es de lo más vendida. Gerwer informó que las ventas de la empresa Didacta han venido creciendo a tasas de 20% anual y que exporta sus productos a países como El Salvador, Paraguay y Ecuador.

Maurín estimó el mercado de los juegos en Uruguay en dos millones de dólares anuales y considera que su empresa posee el 55% de este aunque supo pasar la barrera del 70%.

Juegos para todos
Reinventarse y adaptarse ha sido la consigna, sin dejar de lado lo más clásico. Gerwer subrayó que en juegos como Estrategia, que buscan alcanzar a los adultos, se tiene en cuenta a los más chicos y que eso se refleja en las instrucciones que pretenden ser sencillas. Basado en esas cosas cree que, “el valor es que padre e hijos pueden jugarlo y compartirlo (…) y por eso no va a perderse nunca”.

De recorrida por las jugueterías, el personal ratifica la buena salud de los juegos clásicos. “Cuando no son los padres, son las abuelas o las tías las que los compran como para equilibrar la alienación de las consolas”, me dijo una vendedora que prefirió no identificarse.

Maurín explicó que, en muchas ocasiones, los padres compran juegos para sacar a los niños de las redes sociales y “ponerlos en contacto con el mundo real”.

Los adultos tampoco dejaron de jugar y muchos se alejan de la tecnología y eligen un juego como el Monopoly, que cuesta $ 645, aunque si uno quiere la versión de Los Simpsons deberá desembolsar $ 1.080. Debe ser que el mercado inmobiliario en Springfield pasa por una etapa floreciente o una burbuja tremenda.

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