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“Mi corazón, palpita y se estremece. Cuando me envuelve el mirasol de tu bandera”, se escuchaba en avión antes de la partida. Los hinchas de Peñarol no pasaban desapercibidos: gorros, banderas, camisetas y las canciones del cuadro de sus amores en los celulares.

Aplausos, gritos, piropos a la azafata, chistes, pedido de licencia médica y alcohol adornaron la previa a la final de la Libertadores.

“Pobre, es el peor viaje de su vida”, dijo uno de los carboneros en referencia a la azafata, quien con mucha paciencia y simpatía compartió el vuelo con los hinchas. Sorpresa fue la que varios se llevaron al entererarse de su nombre minutos antes de partir: Victoria. Curiosa casualidad.

Rumbo a Curitiba partieron 11 sanduceros, de la peña de Paysandú, departamento del que salieron el lunes para emprender uno de los viajes más soñados. “Esto es increíble. Vos mirabas la final siempre por televisión y decías que darías toda la plata del mundo por estar ahí... ¡Y acá estoy! Esto es soñado”, dijo a El Observador Esteban de la Vega.

Los hinchas se compraron un refresco, abrieron la botella de whisky que habían comprado en el freeshop y bebieron y cantaron durante el viaje. Su destino era Curitiba, “porque es mucho más barato que Sao Paulo”. Consultados acerca de cómo se trasladarían al Pacaembú para ver el partido la respuesta fue clarísima: “Ni idea”. Diez de ellos tenían entradas y el que no confiaba en que lograría entrar al estadio. No era el único en el avión que viajaba sin entradas.

Esteban no logró que en el trabajo le dieran los días libres para viajar a ver a Peñarol (muchos de ellos ya acompañaron al equipo en otros viajes en esta Libertadores). “Entonces me pedí licencia médica. Me certificaron que no podía hacer fuerza en el depósito y me dieron seis días”, contó orgulloso y totalmente despreocupado acerca de si la verdad salía a la luz. “Ahora no importa, ahora ya estoy acá”, dijo emocionado.

Si bien algunos pasajeros pueden haberse molestado por el ruido, la mayoría se divirtió en el viaje de casi dos horas con los chistes, los cánticos -sin groserías- y la complicidad de Victoria. “Gracias por viajar con nosotros. Suerte al equipo de Peñarol mañana”, se despidió la azafata por los altoparlantes generando una ovación. Además, Esteban fue autorizado para hablarle a los viajeros, a quienes les pidió disculpas si habían entorpecido el descanso de alguno.