Si las cosas siguen así de grotescas, y la corrección política continúa teniendo intervenciones fascistas contra la libertad de expresión, pronto hasta los meteorólogos tendrán temor de emitir el pronóstico del tiempo. Incluso en la información sobre el clima hallarán algo para censurar y recriminar. No debería sorprender si en poco tiempo más decir “para mañana se pronostican lluvias” le significará anatema para el experto en el clima. Con cada vez mayor frecuencia los medios informativos y las redes sociales dan cabida a la opinión de quienes son la reencarnación de los personajes que encendían las hogueras en los tiempos de la Inquisición. Estoy seguro de que algunos de ellos son los que encendieron el fuego que dejó convertido en cenizas a Giordano Bruno. Nuestra América, en la cual los idólatras de Nicolás Maduro siguen como ovejas mansitas al rebaño, y lo mismo hacen los defensores acérrimos de Donald Trump, no es el único lugar en el mundo donde la libertad de expresión es amenazada por cuestionamientos ortodoxos y maniqueos que ven el mundo en blanco y negro. La polvareda del escándalo se levantó esta semana en Melbourne, Australia, y se extendió como reguero de pólvora por otras partes del mundo supuestamente civilizado, a raíz de un comentario ilustrado hecho por Mark Knight.