De una Siria devastada por la guerra a una isla azotada por el viento en la costa occidental de Escocia, nueve familias de refugiados recién llegados tienen dificultades para adaptarse a una nueva vida en un mundo muy desconocido. En cierta medida, esta historia se parece a la de las familias de sirios que llegaron en 2014 a Uruguay.

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"Es difícil. ¡No conocemos a nadie!" dijo una mujer de Alepo, que estaba ayudando a otra refugiada, de Homs, a elegir tazas de té y tazones en una tienda de caridad en el paseo marítimo en Rothesay, en la isla de Bute.

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La otra mujer, que tenía un pañuelo negro, dijo que no podía encontrar café árabe, semillas de calabaza asada o yerba mate, que es tan popular en Siria como en Uruguay.
Los vientos y las fuertes lluvias azotaron la isla este mes y varios refugiados dijeron que encontraban difícil el clima escocés.

Los sirios –alrededor de 40 en total, con seis familias más esperando llegar en 2016– vivieron previamente como refugiados en el Líbano. Fueron trasladados a Glasgow el mes pasado y ahí tomaron el barco que, en una hora, une la parte continental de Escocia con esta isla de 7.000 habitantes.

Los refugiados pasaron sus primeros días en Bute inscribiendo a los niños en la escuela, registrándose para recibir atención médica y tratando de entender la conversión de moneda y la forma de recargar sus nuevos teléfonos celulares para mantenerse en contacto con los amigos y familiares que dejaron atrás.

Son parte de los primeros sirios en establecerse en el Reino Unido desde que el primer ministro, David Cameron, anunció en setiembre que el país recibiría a 20.000 refugiados de los campamentos en las fronteras de Siria de aquí a 2020.

El Reino Unido optó por no participar en las cuotas de la Unión Europea para recibir inmigrantes y repartirlos por todos los países del bloque. Así, Cameron optó por una alternativa menos comprometedora que otros países del bloque, que asumieron metas más generosas para hacer frente a esta crisis de refugiados, la más grandes desde la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, Alemania recibirá un millón de solicitudes de asilo este año y Holanda, unas 60.000.

En el marco de un programa gubernamental, a los refugiados se les da durante cinco años el estatuto de protección humanitaria, vivienda gratis y ayudas sociales, así como el permiso para trabajar desde el día de su llegada.

Algunos lugareños se muestran escépticos sobre si los sirios se quedarán en su isla o no, y otros albergan inquietudes más graves, que son un reflejo de la preocupación que generan los refugiados sirios en Europa y Estados Unidos.

"Está bien, siempre y cuando no se peleen", murmuró un lugareño que estaba comprando medio litro de vodka y dos bebidas energéticas en una tienda. "La lluvia los va a echar" de aquí, dijo otro hombre con gorra de marinero que esperaba un ferry en el puerto, engalanado con luces de Navidad.
Craig Borland, editor del semanario Buteman, dijo que existe "un miedo a lo desconocido", en una comunidad cristiana predominantemente blanca, pero que "una abrumadora mayoría" los recibió bien.

Una ciudad de inmigrantes


Bute es un lugar con tradición de recibir inmigrantes de diversos países. Así lo constata la presencia de la heladería italiana Zavaroni en el paseo marítimo, por ejemplo.
"Me recuerda a cuando mis padres se trasladaron a Escocia", dijo otro inmigrante, Tariq Iqbal, cuyos padres llegaron desde lo que hoy es Pakistán. Trabaja como voluntario de la Iniciativa de Comunidades de Escocia, que está tratando de ayudar en las relaciones entre los refugiados y los isleños.

Antes de la llegada de los sirios, Iqbal viajó a Bute desde Glasgow para preparar a los voluntarios. Además, en las escuelas locales se explicó a los niños lo que es el Islam y Siria.
Iqbal explicó que una de las principales razones para elegir esa isla como destino de los primeros sirios fue la disponibilidad de viviendas, un reflejo de la decadencia económica de la localidad en las últimas décadas.

Otrora conocida como la Madeira de Escocia, la isla era un balneario para los habitantes de Glasgow, hasta que la popularización del transporte aéreo puso destinos más cálidos al alcance de muchos.
Los inmigrantes de la anterior generación se mantienen ilusionados con los recién llegados. "Tengo mis apuntes detrás de la barra para poner al día mi conversación de árabe en caso de que uno de ellos venga al café", dijo Tim Saúl, él mismo un "inmigrante" de Inglaterra que es dueño de un café y que vivió en Bahréin.
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