6 de noviembre de 2026 5:00 hs

El papa León XIV llega a Uruguay entre el 6 y el 8 de noviembre con la inteligencia artificial como eje de su pontificado: la presentó como razón de su nombre apenas fue elegido y la desarrolló en su primera encíclica, Magnifica Humanitas, firmada el 15 de mayo de 2026.

El 10 de mayo de 2025, en su primer encuentro con el Colegio Cardenalicio, el papa explicó por qué se llamó León. Su antecesor León XIII afrontó con Rerum Novarum “la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial”.

Hoy, dijo, la Iglesia ofrece su doctrina social para responder a “otra revolución industrial” y a la IA, que trae “nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”. El vocero Matteo Bruni lo definió como una “referencia no aleatoria” a los trabajadores.

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La encíclica retoma ese vínculo desde la introducción. León XIII hablaba de “nuevos asuntos” (rerum novarum); hoy, escribe León XIV, no alcanza con repetir sus enseñanzas: hay que pedir sabiduría para interpretar los avances de la técnica (nn. 3–4).

Del documento de 1891 rescata dos principios que siguen vigentes: la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera, y el vínculo entre el anuncio del Evangelio y un orden social más justo (n. 30).

Magnifica Humanitas, “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, se firmó el mismo día y mes en que León XIII firmó Rerum Novarum en 1891 y se publicó el 25 de mayo. Tiene una introducción, cinco capítulos, una conclusión y 245 párrafos.

Por primera vez un papa presentó su encíclica en persona ante la prensa. Lo acompañaron los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny y Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Allí dijo: “La inteligencia artificial debe ser desarmada”.

Su punto de partida es que la tecnología no es una “fuerza antagónica respecto a la persona” ni un mal en sí, pero tampoco es neutral: “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza” (n. 9). La elección, plantea, es entre construir Babel o reconstruir Jerusalén.

Sobre qué es la IA, sostiene que imita funciones de la inteligencia humana y a menudo las supera en velocidad, pero no vive experiencias, no tiene cuerpo y no tiene conciencia moral: “no juzgan el bien y el mal” (n. 99). Admite también que se sabe muy poco sobre su funcionamiento (n. 98).

Le preocupa el poder: hoy los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales (n. 5). Y advierte: “No serviría de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos” (n. 107).

De ahí sale el concepto rector, “desarmar” la IA (n. 110): sacarla de la competencia armamentística, que hoy es “militar, económica y cognitiva”, y de los monopolios. “Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano”.

En trabajo, afirma que los nuevos modos de trabajar “no son necesariamente mejores” porque pueden desespecializar a los trabajadores y someterlos a vigilancia automatizada (n. 150). Pide proteger el empleo (n. 152) y que los sindicatos se abran a las nuevas formas de trabajo (n. 155).

Denuncia además el costo oculto de la IA: millones de personas dedican su trabajo al etiquetado de datos y la moderación de contenidos, y adolescentes y niños trituran los materiales de las tierras raras en condiciones peligrosas (n. 173).

En educación, dice que educar en el uso de la IA implica “educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla”, y pide “aprender a prescindir” de ella (n. 140). A la escuela le asigna ofrecer lo que lo digital no da: “tiempo compartido para aprender y relaciones fiables” (n. 147).

Para la comunicación propone una “ecología de la comunicación” con transparencia en los criterios de selección de contenidos y un “periodismo serio” basado en la argumentación y la verificación (n. 137).

Sobre la guerra, la frase central es: “No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable” (n. 198). Sostiene que no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales y que la fuerza letal debe quedar bajo control humano efectivo (n. 200).

Varios analistas señalan que solo dos de los cinco capítulos tratan la IA de forma directa. El propio papa aclara que no pretende ofrecer “un tratado sobre la inteligencia artificial” (n. 97).

Qué dijo desde mayo de 2025 y qué se espera en Uruguay

Además de la encíclica, León XIV hizo más de veinte intervenciones sobre el tema. Y, en general, dijo más o menos lo mismo: que la IA es una herramienta valiosa, pero nunca sustituto de la persona, que tiene una particular preocupación por niños, jóvenes y trabajadores, y además manifiesta un rechazo a delegar decisiones de vida o muerte a la tecnología y hace críticas a la concentración de poder de las empresas.

El 3 de noviembre de 2025, en un mensaje al Builders AI Forum de la Gregoriana, pidió mirar “no solo qué puede hacer la IA, sino en quién nos estamos convirtiendo” y llamó a “todos los constructores de IA” a cultivar el discernimiento moral.

El 24 de enero de 2026, en su mensaje para la Jornada de las Comunicaciones, dijo que “el reto no es tecnológico, sino antropológico” y alertó sobre los deepfakes, que pueden “fabricar realidades paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces”.

El 30 de octubre, ante la Pontificia Academia para la Vida y el Future of Life Institute, afirmó que “las máquinas son herramientas, no personas” y pidió a los Estados reunidos en Ginebra en noviembre “pasos concretos hacia la prohibición de las armas autónomas letales”.

Durante su visita a Uruguay, el presidente Yamandú Orsi conversará con el papa sobre inteligencia artificial y "temas culturales" dijo el secretario de la Presidencia Alejandro Sánchez

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