(Desde Madrid) A sus 66 años, y tras una docena de años al mando del Banco Santander, Ana Botín es, indiscutiblemente, la banquera más poderosa de Occidente. Desde la presidencia ejecutiva de Banco Santander comanda un gigante financiero que supera los 2 billones de euros en activos, da empleo a más de 210.000 personas y gestiona el dinero de unos 170 millones de clientes a nivel global. En el marco del XXII Encuentro Santander América Latina, celebrado en la Ciudad Financiera del grupo en Boadilla del Monte, en las afueras de Madrid, y del que participó El Observador, Botín ofreció una serie de definiciones sobre la actualidad de América Latina, comenzando por la contraintuitiva idea de que en el mundo actual, la región se ha consolidado como un contrapeso de equilibrio institucional y macroeconómico clave en un planeta fragmentado.
“A diferencia de lo que a veces nos muestra el mercado, Santander es menos volátil, no a pesar de América Latina, sino gracias a América Latina”, sostuvo Botín en un diálogo que se extendió por cerca de una hora. La ejecutiva sostuvo su afirmación en que en el último cuarto de siglo Santander registró la menor oscilación de resultados entre los quince gigantes bancarios del planeta, algo que en su criterio se debe a su presencia latinoamericana. “La diferencia entre América Latina y Europa o Estados Unidos cada vez es menor en muchos ámbitos: fortaleza institucional, disciplina monetaria y fiscal”, explicó y destacó que el rigor técnico de la región para frenar la inflación y preservar sus anclas fiscales ha mostrado, en varios frentes, mayor consistencia que la de las propias economías centrales.
Deuda pública, pensiones y la indisciplina fiscal de las economías desarrolladas
Botín advirtió que la indisciplina fiscal se ha mudado de hemisferio, algo a lo que se refirió este martes la titular del FMI, Kristalina Georgieva, en una conversación con Botín en el marco de la Conferencia Internacional sobre la Banca 2026 que organizó Santander. Según la titular del Santander, los niveles de endeudamiento del primer mundo «no están donde deberían estar» y cuestionó que “los marcos tributarios sigan anclados en esquemas de la era industrial”. “Necesitamos un nuevo contrato social que refleje que estamos en una economía digital”, remarcó.
Botín volvió a insistir en que el desequilibrio en las economías desarrolladas pone en duda la sostenibilidad de, por ejemplo, los sistemas de pensiones: “No podemos mantener a los pensionistas 25 años si no tenemos un mayor tiempo de trabajo; hay que entender dónde está la recaudación”.
La democracia como ancla
Lejos de los resquemores corporativos que suelen despertar los vaivenes políticos, Botín ratificó que el banco trabaja “con todos los gobiernos elegidos democráticamente” y destacó el caso brasileño como prueba de madurez. “El gobierno de Lula ha dado muestras importantísimas de confianza para los mercados, empezando por la independencia del Banco Central”, subrayó, valorando el sistema de equilibrios y contrapesos institucionales que limita los desbordes ideológicos. Esa previsibilidad es la que, según explicó, permite respaldar metas de financiamiento récord en América Latina: “En 2027 esperamos alcanzar un hito histórico: 100.000 millones de euros en nuevo crédito en la región en un solo año”.
Respecto de las elecciones en los Estados Unidos, Botín eludió definiciones más contundentes: "Los resultados de elecciones puntuales, ya sea en Estados Unidos o en cualquier otro país, son decisiones de sus ciudadanos que vamos a respetar. Santander siempre, y yo personalmente, me he reunido con todos los presidentes, con todos los gobiernos de los mercados clave, y seguiremos haciéndolo. Queremos estar cerca de esos gobiernos porque, como he dicho antes, creo que esa colaboración público-privada es esencial y, por tanto, esto va a seguir siendo así en Estados Unidos y en todos nuestros mercados".
Ante la consulta de El Observador sobre su mirada respecto de la situación en Venezuela —de donde el Banco Santander se retiró hace ya más de 15 años— tras la extracción de Nicolás Maduro y la apertura de una transición tutelada, Botín supeditó cualquier retorno de inversiones al restablecimiento pleno del Estado de derecho: “Si vemos que un país empieza a tener unas instituciones como lo tiene el resto de la región, pues atraerá más inversión. Es algo que va a tomar un tiempo, pero no tengo duda que en algún momento va a llegar y que esperamos que es bueno para todos, es bueno para la región y por supuesto para el propio país”.
Argentina y Chile: reformas micro para blindar el crecimiento
Respecto de Argentina, que por estos días atraviesa turbulencias en su calificación de deuda y comienza a transitar un proceso electoral, la banquera transmitió un diagnóstico optimista aunque con matices: “La tendencia de Argentina es claramente a mejor; la consistencia en las políticas macroeconómicas es clave para que la inflación siga bajando”, sostuvo, al tiempo que celebró además la diversificación productiva que abre el sector energético: “La gran noticia de Argentina es que ya no depende solo del agro; proyectos como Vaca Muerta son espectaculares”. Botín advirtió, sin embargo, que la disciplina fiscal es solo el cimiento: “Las políticas macroeconómicas tienen que ir acompañadas de políticas micro e industriales; en Europa nos pasa lo mismo que en la región: necesitamos sentar bases sólidas para crecer”.
En vísperas de su viaje a Chile en los próximos días y tras mantener el martes un encuentro con el presidente José Antonio Kast, la presidenta del Santander enfatizó el concepto de “tener la casa en orden” —“have your house in order”, dijo en perfecto inglés— como condición previa indispensable antes de proyectar saltos de productividad. La meta, insistió, es transformar la resiliencia en políticas industriales concretas que canalicen el ahorro previsional local hacia la economía real.