El 8 de marzo de 2006 el director técnico Óscar Washington Tabárez presentó su proyecto y días después aquellas ideas que había comunicado en conferencia de prensa fueron presentadas a los jugadores. Debía existir un compromiso. Una forma de conducirse. Aceptar una manera de manejar al grupo. Costó, hubo caídas, alegrías y tristezas. Pero se llegó a transitar por el camino indicado.
“Quiero que sepan qué es la selección, que van como privilegiados y que lo devuelvan con ganas y orgullo. Que sepan el por qué de las cosas que hay en el ámbito de los niños, antes había espejos, se trasmitía eso, pero cambió. Todo se acerca de manera programada y ser realistas de esto. Si uno mira una foto de las selecciones juveniles verán que hay un gran porcentaje de jugadores que no sabemos quiénes son, debemos atender a los dos. Esto es imprescindible e impostergable. No estamos muy bien pero podemos estar peor, no vengo con soluciones mágicas”, expresó el conductor del combinado aquel día de marzo.Y luego apuntó a otros puntos: “Es fundamental que los jugadores sepan lo que es la selección, a la que llegan como privilegiados a nutrirse, y que le devuelvan con creces lo mejor de cada uno”.
Presentadas las bases, elaboró una primera lista que se dio a conocer el 3 de mayo de ese mismo año. De aquella nómina inicial quedan apenas cinco sobrevivientes. Por diferentes circunstancias, apenas cinco lograron permanecer al paso del tiempo y se convirtieron en los referentes, los espejos y en aquellos encargados de transmitir un mística y una forma de pensar y manejarse.
Los cinco reflejan el tipo de juego al que apuntó el Maestro desde aquella primera vez. Seriedad, profesionalismo, dedicación, entrega y perfil bajo. Uno es el capitán, otro el segundo encargado de lucir la cinta, el tercero es sinónimo de entrega y brindar soluciones. Es palabra escuchada dentro del plantel. Y el último es la cara distinta, el que brinda otro tipo de cosas a un grupo.
Diego Lugano, Diego Pérez, Diego Forlán, Andrés Scotti y Sebastián Abreu fueron los únicos capaces de sobrevivir al paso del tiempo y permanecen como bastiones del proceso de Tabárez al frente del combinado. Cada uno en los suyo, cada uno desde su lugar.