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Hay determinadas palabras que pintan una época, porque el lenguaje está engarzado de manera irremediable al tiempo. Basta leer una palabra o una expresión para que podamos inferir el origen social del emisor, así como su nivel educativo, su nacionalidad (incluso la región a la que pertenece), y por supuesto, su edad.

Las tradicionales galletitas Solar, actualmente fabricadas por Mondelez Internacional, lanzaron una nueva campaña publicitaria llamada Almacén de frases. Se trata de algunas expresiones propias del lenguaje de nuestros abuelos, aunque algunas de ellas bien pueden todavía formar parte del vocabulario diario de algunos hablantes, que están impresas en latas de galletas al estilo tradicional, como los viejos recipientes.

“No tiene goyete”, “a la flauta”, “ni chicha ni limonada”, “la mar en coche”, “pipí cucú”, “andá que te cure Lola” y “a la perinola” son algunas de las frases que la campaña rescata para el diseño de las latas.

A partir de este disparador comercial, El Observador consultó con varios lingüistas sobre el origen y la naturaleza de estas locuciones, hoy anquilosadas, pero que según su uso pueden provocar el cariño de un tiempo pasado o la ironía e incluso el humor.

Para José María Obaldía, escritor, miembro de la Academia Nacional de Letras y conocedor del lenguaje popular y regional de Uruguay, este tipo de expresiones “son material de genuina sustancia popular, porque nacen y crecen en ese ámbito y ahí no hay derecho de autor”.

El rango de significados de las expresiones va desde el lamento hasta el regocijo, desde la aceptación de un hecho irrefutable de la realidad, y todos poseen un carácter coloquial que se emparenta con el lunfardo del tango.

“Hay un grupo muy grande que son meros eufemismos: momentos en que la gente irrumpe en una palabra que no puede decir, que ordinariamente no está en su vocabulario”, explica Obaldía.

Acerca de la expresión “la mar en coche”, el catedrático recordó que el escritor Mario Benedetti la utilizó como título de una columna en el semanario Marcha entre fines de los años de 1950 y principios de 1960.

Para Adolfo Elizaincín, lingüista y presidente de la Academia Nacional de Letras, es difícil saber cómo surge este tipo de expresiones populares. “Son creaciones inconscientes y que llegan a la lengua por casualidad. Por ejemplo, “‘no tiene goyete’ se refiere originalmente al pico de la botella, pero a través de expresiones metafóricas que se van acumulando hacen perder la transparencia del origen”, opina.

En lingüística se denomina cronolecto a las formas de hablar de determinada época, y que por lo tanto pertenecen a ciertas generaciones.
“Si es exitosa y creativa, la locución pasa de una generación a otra. Si no, queda fijada en publicaciones y libros”, dice Elizaincín.

Magdalena Coll, experta en lexicografía y en lingüística histórica y docente de Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, tiene una visión particular e intuitiva de este tema. “Así como existe un lenguaje adolescente también creo que hay un lenguaje de la vejez. Y estas expresiones nos están esperando cuando envejezcamos”, opina Coll, quien marca las diferencias en su propia manera de hablar ahora, con 45 años, y los términos que usaban cuando era adolescente.

“Cuando era joven decía ‘cheto’, ‘terraja’ o ‘embole’, que hoy ya no uso de esa forma. Por ejemplo, la palabra ‘salado’ en mi época tenía solo un matiz negativo”, explicó.
Pero lo geográfico también influye. Con 88 años, Obaldía recuerda cuando llegó a Montevideo desde Treinta y Tres. “Había un montón de palabras que no conocía. Y las llevé a mi pueblo. Hoy ya no se usan más”, dice, marcando un cambio en el habla que bien puede aplicarse a términos usuales de hoy y a su eventual desaparición en el futuro.