Historia particular la del pintor Lucian Freud, nieto del psicólogo Sigmund. Nació en Berlín en 1922 y falleció el jueves pasado en la ciudad de Londres, donde vivió desde los trece, cuando debió huir con su familia de la convulsionada Alemania del inicio del nazismo. Le dedicó toda su vida a la pintura, de una forma pasional, concentrada, seria y coherente, transformándose en un gran maestro del retrato realista. Pero fue recién sobre el último cuarto de su vida que logró el renombre suficiente como para que al momento de su muerte los principales medio del mundo dieran cuenta de su obituario.

1987, el año del cambio
Entre finales de la década del ‘30, cuando comenzó a pintar y conoció a su amigo, el también pintor Francis Bacon, hasta mediados de los ‘80, Lucian Freud fue un virtual desconocido por el gran público artístico alrededor del mundo.

Fue a partir de una muestra en la colección Hirshhorn de Washington, en 1987 (cuando ya Freud contaba con 65 años) que la figura del pintor adquiere la dimensión que merecía desde hacía tiempo.

A partir de ese momento, Freud gana los principales espacios a nivel de comunicación y se vuelve un objeto de culto.

Es entonces cuando se comienza a investigar en las etapas anteriores de su carrera, y diferentes galerías en el mundo organizan retrospectivas.

Muchos famosos “requirieron” los servicios del gran pintor, desde la reina Isabel hasta la modelo Kate Moss (ver recuadros).

Un bastión
En una época donde, para bien y para mal, la tecnología ha penetrado en los territorios del arte clásico, el ejemplo de Freud subsistió y subsiste como un bastión de realismo de óleo, pincel y tela como herramientas básicas, y la mirada sistemática sobre las formas de los cuerpos como verdadero método, resistiendo desde lo figurativo frente a cada una de las vanguardias que le pasaron por al lado.

Junto a su amigo Bacon y a pintores como Frank Auerbach y Leon Kosoff, entre otros, conformó una generación de plásticos ingleses que reivindicó una veta tradicional dentro del agitado siglo XX. Pero “tradición” no significa “conservadurismo”: Freud fue un gran renovador del arte del retrato, aportando una mirada personal, revalorizando venerables técnicas como pintar con el modelo presente.

Muchas veces, las noticias relacionadas con Freud tuvieron más que ver con las cotizaciones siderales que consiguió su obra que con la factura plástica de las mismas.

Lucian Freud tuvo la enorme virtud de seguir pintando hasta el final de sus días, completando más de seis décadas de pintura. El legado de sus lienzos lo sobrevive como un testimonio genial de su paso por esta vida.

Un realista
Entre 1999 y 2000, la corona inglesa se cintactó con el pintor para que este le realizara un retrato a la reina Isabel II. Freud accedió y se realizó una secisón de fotografías para el artista tuviera la refeerncia visual del rostro de la reina. El resultado es un pequeño cuadro donde el rostro de Su Majestad queda estampado con el descarnado realismo de mostrar las facciones tal como las vieron sus ojos. The Sun dijo que parecía un travesti.

Modelo tardía
Hacia finales de 2002, la modelo Kate Moss, quien se encontraba en los meses iniciales de su embarazo, quiso posar desnuda para la mirada de Lucian Freud. La joven modelo le cayó muy simpática al viejo artista, aunque se enojaba cuando Moss llegaba a su estudio más tarde de lo que había prometido. El cuadro resultante , pintado en un rara perspectiva diagonal se remató en 34 milones de libras esterlinas en la casa Christie’s de Londres.