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Desde hace varios años en Montevideo se viene consolidando una tendencia gastronómica hacia restaurantes con características concretas: sitios chicos (o incluso minúsculos), fuera del circuito tradicional, realizando poco o nada de publicidad por las vías usuales, confiando en el efecto boca a boca y sin la obsesión de ser masivos ni estar desbordados de comensales. El plan va por otro lado.

Desde mediados de la primera década del siglo XXI abrieron una serie de restaurantes que se inscriben en este grupo que bien se puede denominar “restaurantes boutique” (más allá del grado de estilo rústico que presenten algunos) y que hoy configuran algunas de las mejores propuestas para comer en la ciudad y sus aledaños.

El Observador consultó a tres chefs referentes dentro del ambiente culinario uruguayos para que recomendaran algunos de estos restaurantes.

De esta forma, Esteban Briozzo, Marian Caviglia y Eduardo Iturralde eligieron una lista (para nada cerrada ni restrictiva) de cinco lugares que merecen la visita de sibaritas o aficionados al buen comer.

Ellos son Sucré Salé, El Gran Pez, Estrecho, Jacinto y Doméstico. Están ubicados en diferentes barrios de la ciudad o en las afueras (como El Pinar), aunque predominan los del circuito de la Ciudad Vieja. Más allá de la zona en que se encuentren, estos locales cuentan con un estándar alto de calidad y un importante grado de fidelidad de sus clientes, quienes han pasado a través de recomendaciones personales la información del lugar.

A veces ubicados en rincones inverosímiles o en direcciones escondidas, estos establecimientos siempre han tenido al boca a boca como estrategia, que tiene un retorno más lento pero seguro.

“Son lugares que buscan que la comida esté en primer plano, más allá de que por supuesto cuiden el ambiente en que se sirve”, dijo Briozzo.

“Lo que sí les gusta a estos chefs que están al frente de ese tipo de establecimientos es que la clientela aprecie y valore la calidad de lo que hacen, y entiendan la diferencia de su cocina con la oferta más clásica del mercado”, opinó por su parte Iturralde.

Por lo tanto, estos lugares conforman un circuito que comparte la fineza y prioriza la calidad de lo culinario, que posee cabezas muy creativas y frescas en los chefs que trabajan en cada uno, y que por lo tanto suben el listón de calidad de la oferta gastronómica de la ciudad.

Cada restaurante elegido muestra su personalidad en los platos recomendados. Solo queda aprontar los paladares.