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Hebraica y Macabi pareció despertar del letargo en que cayó en la primera final ante Malvín y anoche se presentó. Dijo “aquí estoy yo”, como para dejar las cosas claras, más allá de igualar la serie.

El comienzo de Malvín fue auspicioso. Mandaba en las tablas y en el juego con Fernando Martínez en la distribución y Reque Newsome muy enchufado de entrada.

Esos minutos parecieron eternos para Hebraica que no se encontraba en la cancha y que se notaba superado. Tanto es así, que los de la playa ganaban 15-9 a los 5 minutos.

Contrariamente a lo que sucedió en la primera final, esta vez fue un pedido de tiempo de Marcelo Signorelli –técnico macabeo– el que cambió la historia.

A partir de allí, pareció existir un solo equipo en la cancha y era el suyo. Malvín se murió. Dejó de rotar la pelota, perdió eficacia a la hora de anotar y la entrada de Gastón Páez los volvió locos a todos. El pívot de 2,07 se hizo sentir y además le pitaron dos pies seguidos que cortaron el juego rival haciendo que sus adversarios se descontrolaran. Pero eso no fue todo. Páez también resultó importante en la tabla ofensiva, con un par de dobles fundamentales y obligó a los jugadores malvinenses a cometer faltas.

Entonces Hebraica no solo estampó un 9-0 parcial, sino que Malvín, desde los 5 minutos del primer cuarto a los 5 del segundo, solo encestó 4 puntos. Se cayó en un pozo del que no pudo salir y su rival sacó la máxima de 39-27 poco antes de la finalización de la primera mitad. Pero también hay que resaltar la importancia del Pica Aguiar en el goleo.

Malvín pareció reaccionar en el inicio del complemento, pero Hebraica ya se había presentado en estas finales y no lo dejó. Así de clarito. Entre triples decisivos de Joaquín Izuibejeres –anotó seis de siete, impresionante– y un juego colectivo muy superior, logró mantener diferencias.

Por eso, también en el último cuarto Hebraica fue superior y logró aumentar el tanteador y comenzar a soñar ya con la igualdad en la final que llegaría al término del partido.

No obstante, el playero no se dio por vencido hasta los segundos finales y se acercó por intermedio de libres –aunque erró muchos, 9 de 24–, pero se notaba que todo sería una quimera.

El 77-71 del final parece indicar que fue un partido cerrado, pero, en realidad, Hebraica lo ganó mucho antes del sonido de la chicharra.