Madonna llegó dos horas tarde y armada hasta los dientes
La diva estadounidense se presentó en Buenos Aires, en el marco de su gira por Sudamérica, con un show dinámico, lleno de adrenalina y armas de fuego, al mejor estilo del director Quentin Tarantino
Son las 23.18 horas del jueves 13 y las luces se apagan en el Monumental de Núñez. Una serie de campanadas precede la llegada de la reina del pop al escenario, acompañada de abucheos e insultos de un público molesto por las demoras en el comienzo del show.
Traje negro y ceñido al cuerpo al estilo Gatúbela, pelo largo y suelto. El primer tema que sonó fue Girl gone wild, primera muestra del despliegue escénico y coreográfico que la acompañó durante las más de dos horas que duró el recital.
Bailarines, acróbatas y contorsionistas liderados por Madonna llevaron adelante una dinámica puesta en escena con ribetes cinematográficos. Parecía el set de una película de acción, donde la protagonista –ametralladora en mano incluida– tuvo el rol de heroína aniquiladora de villanos. Las pantallas mostraron tanta sangre por momentos que recodaban un filme de Quentin Tarantino.
Pasadas las 20.30, mientras aún ingresaban personas a un estadio de River que nunca llegó a llenarse, arrancó la previa con un DJ set que desplegó un abanico musical que mechó temas de la diva con otros hits de Ace of Base, Coldplay y Adele, entre otros.
El escenario, armado sobre la que sería la tribuna Amsterdam del estadio Centenario, estaba flanqueado por dos gigantes pantallas rectangulares, y una tercera ocupaba el fondo del escenario. El sector vip estaba limitado por dos pasarelas que se adentraban en la zona del campo y que fueron utilizadas por Madonna y su equipo para desarrollar la actuación.
Treinta años de canciones
Durante el recorrido por viejos y nuevos temas (Papa don’t preach, Hung up o Express yourself), la cantante, que ya supera los 50 años, reptó por el escenario, fue levantada en el aire por sus bailarines y arrastrada por el piso con cuerdas, haciendo alarde de su excelente estado físico. Los cambios de vestuario fueron una constante durante el show, así como las reiteradas provocaciones al público: Madonna levantándose la pollera, Madonna mostrando el dedo mayor de su mano, Madonna insultando.
No escatimó en mensajes hacia su público. “Es tan bueno estar de vuelta en Buenos Aires”, saludó. Más tarde comentó que no se encontraba en su mejor estado de salud. “Tengo fiebre”, explico e invitó al público a corear sus temas. También mostró su taco dañado. “Es difícil cantar con el corazón roto, pero aún más con el zapato roto”, bromeó.
El primer momento intenso de la noche llegó de la mano de la canción No llores por mí Argentina, que cantó en ropa interior, subida arriba de un piano y exhibiendo un gran tatuaje en su espalda con el nombre “Eva”, tocando la fibra patriótica de los presentes.
Antes de empezar a cantarlo, Madonna dijo que quería darle “coraje a las mujeres para seguir peleando”, e hizo alusión, sin mencionarlas, al caso de las rusas Pussy Riot.
Pasada la una de la mañana, y cuando ya muchas personas se retiraban del estadio, le llegó el turno al más ovacionado tema de la noche: Like a prayer, que terminó de cantar enfundada en una bandera argentina, para luego ser “tragada” por el escenario a sus pies. Volvió con un mash up, que cerró con el también clásico Give it 2 me.
“Soy una pecadora, me gusta de esa manera”, había cantado momentos antes del final.
Probablemente esa frase la pinta de pies a cabeza.
*Las periodistas presenciaron el recital invitadas por Claro Uruguay