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Rodeada de cierto misterio, a casi 40 años de su edición, Bohemian Rhapsody estableció a Freddie Mercury como un cantante casi sobrenatural y comenzó a cimentar su imagen de ídolo gay

Para algunos fue el vocalista más grande de la historia del rock por su amplísimo rango vocal –desde bajo a soprano alto– y prodigiosa técnica. Otros opinan que la teatralidad y el exhibicionismo del cantante de Queen –así como su dudoso gusto estético– conspiraron contra la seriedad con la que debe ser tomado su talento. En lo que es fácil coincidir es en que Bohemian Rhapsody es el más inusual éxito pop que se haya grabado.

La canción, compuesta íntegramente por Freddie Mercury y lanzada en 1975, rompió deliberadamente con todos los esquemas y preconceptos del rock. Y sorprendió a propios y extraños que un tema tan poco “radial”, de casi seis minutos de largo, encabezara los rankings por nueve semanas.

Tiene una introducción de piano, una parte de balada, un tremendo solo de guitarra al que le sigue una secuencia operística –instrumental y vocal –que desemboca en un arrebato heavy metal y luego se distiende en una coda que remite a la melodía inicial.

Es, a la vez, una composición a la que se le han dedicado múltiples interpretaciones y análisis, buscando el significado de su letra y decodificando las referencias musicales. La interrogante dejada abierta por su autor y el compromiso del resto de los miembros de la banda de no dar explicaciones sobre a qué alude el tema habilitan todos los puntos de vista. Entre ellas, las justificadas alusiones literarias a Fausto, de Goethe, y El extranjero, de Camus.

Si lo supiera no lo diría

“¿De qué se trata Bohemian Rhapsody? Bueno, no creo que alguna vez lo sepamos, y si yo lo supiera probablemente tampoco quisiera contarlo, porque no ando contando a qué se refieren mis canciones. Creo que eso las destruye porque lo que tiene de especial una gran canción es que cada uno la vincula con las experiencias de su propia vida. Pienso que Freddie estaba luchando con problemas en su vida personal, y puede haber decidido ponerlos en la canción. Es cierto que estaba considerando reinventarse. Pero no creo que fuera la mejor decisión en ese momento así que decidió hacerlo más adelante. Lo mejor es dejar la interrogante en el aire”. Esto dijo Brian May en una entrevista que aparece en el DVD Queen Videos Greatest Hits.

Si bien confuso y elusivo, el testimonio del guitarrista parece amparar una de las más extendidas leyendas sobre Bohemian Rhapsody: que es la canción que usó Mercury para exorcizar sus demonios bisexuales de forma grandilocuente, dolorosa y misteriosa. No se trataba de un tema tabú en la vida de Mercury, ya que había hablado públicamente más de una vez del asunto, pero estaba lejos de ser un militante de la homosexualidad y muy lejos de verse a sí mismo como el ícono en que terminó siendo convertido por la comunidad gay. Coincide que en esta época rompe con su novia y se embarca en una aventura con otro hombre.

Farrokh Bulsara

La experimentación y la fusión formaron parte del rock and roll desde sus inicios. Siempre fue un género híbrido, tolerante. A mediados de los 70 numerosas corrientes coincidían en la siempre efervescente escena inglesa, desde el glam al metal, al rock progresivo y al pop descartable.

Queen tomaba un poco de cada cosa, pero también tenía algo único: a Farrokh Bulsara, un tipo nacido en el sultanato de Zanzíbar (hoy Tanzania) en un hogar de ascendencia británico-india y educado en un internado inglés para varones en Bombay. Fue allí que empezó a hacerse llamar Freddie. Estudió piano y cantó desde chico.

En su adolescencia se instaló en Londres con su familia, y completó su formación en arte y diseño gráfico. Antes de ser una estrella tuvo varias bandas menores, un puesto de ropa de segunda mano en la feria de Kensington con su novia Mary Austin, y un empleo en el aeropuerto de Heathrow.

Tras sus primeros discos –entre 1972 y 1974– Queen se consolidaba como un grupo atendible, donde destacaba el virtuosismo del guitarrista Brian May. Empezaron a hacerse conocidos en Gran Bretaña y en Europa.

La interrogante dejada abierta por su autor y el compromiso del resto de los miembros de la banda de no dar explicaciones sobre a qué alude el tema habilitan todas las interpretaciones

Envuelto en pieles, Freddie Mercury cantó en televisión el que sería el mayor éxito de la banda hasta entonces, Killer Queen, mostrando grandes aspiraciones. La banda crecía y tomaba caminos musicales originales, obteniendo más popularidad que reconocimiento crítico y proponiendo una estética andrógina, con cierta teatralidad. La voz de Mercury ya era reconocible.

El año 1975 no fue pobre en grandes discos. A Night at the Opera, de Queen –que evidentemente toma el título del clásico de los hermanos Marx–, logró destacarse entre trabajos maduros de artistas consolidados de relevancia mundial: Wish You Were (Pink Floyd), Blood On The Tracks (Bob Dylan), Born To Run (del ascendente Bruce Springsteen), Physical Graffiti (Led Zeppelin), entre otros.

Pero más allá del disco en sí –que traía canciones que se harían famosas, como Love of my Life y You’re My Best Friend– incluía el single Bohemian Rhapsody.

Y además fue el disco más caro producido hasta el momento, con cuatro meses de grabaciones y posproducción en seis estudios diferentes, con al menos tres semanas dedicadas íntegramente a Bohemian Rhapsody.

Contradicciones

Desde el título, Bohemian Rhapsody encerraba numerosas ambivalencias que contribuyen a su densidad. Las rapsodias eran composiciones clásicas del siglo XIX con rígidas estructuras formales, lo que se contrapone al concepto de bohemia, que valora la laxitud moral, la improvisación y la flexibilidad de códigos.

Por otro lado, si bien Queen venía trabajando en sus discos –uno por año, como se acostumbraba en la época– escribiendo en el estudio las canciones, “esta fue una excepción”. “Estaba toda en la cabeza de Freddie antes de que empezáramos a grabar”, según Brian May. El trabajo en estudio incluyó exhaustivas sesiones de regrabación de coros y voces en cintas que quedaban traslúcidas de tanto exigirlas.

Otra ambigüedad: “Freddie era como un baterista tocando el piano, era más rítmico que melódico, algo que es explícito en la mayor parte de esta composición”, afirma su compañero de ruta.

Freddie Mercury estaba lejos de ser un militante de la homosexualidad y muy lejos de verse a sí mismo como el ícono en que terminó siendo convertido por la comunidad gay

“Si escuchás las pistas rítmicas ahora”, cuenta May en un documental de la BBC en el que visita 30 años después el estudio de Gales donde fue grabada la canción, “te das cuenta de que es perfecto, que Freddie era un excelente intérprete a pesar de esas manos tan raras que tenía y la postura poco ortodoxa para tocar el piano”.

De acuerdo a May, tal vez una de las personas que más conoció a Mercury, el cantante “tenía una personalidad compleja: era expansivo y divertido en la superficie, pero convivía con inseguridades y problemas para conciliar su vida adulta con su niñez”.

La respuesta más célebre sobre la letra de Bohemian Rhapsody que dio Mercury es esta: “No son más que tonterías rimadas al azar”. Difícil de creer. Pero respetable.

El 24 de noviembre de 1991, un día después de hacer público que estaba enfermo de sida, Freddie Mercury murió. Y se llevó a la tumba el enigma de su canción más original, grandilocuente y –según se dice– autobiográfica. Magnifico-o-o.