What the label doesn’t tell you, a sip will (Lo que no te dice la etiqueta, te lo dirá un sorbo). Ese es el eslogan con el que la empresa de whisky estadounidense Jack Daniel’s está promocionando, a través de la televisión e internet, una serie de cambios en su histórica etiqueta, auténtico símbolo centenario de una marca que comenzó a destilar whisky desde el mítico pueblito de Lynchburg, Tennessee, en el lejano 1866, apenas terminada la guerra de secesión. “Esperamos que entiendan por qué nuestra etiqueta posee más palabras que la mayoría: es porque tenemos mucho más para decir”, dice otro de los videos promocionales de la empresa.

Esta serie de cambios se produjeron en la primera semana de junio y la prensa de Estados Unidos se ocupó de una manera exhaustiva del hecho.

Incluso, el diario Wall Street Journal mandó a un cronista a Lynchburg, el pequeño poblado que se ha hecho famoso alrededor del orbe por tener una población de 361 personas. Así lo estampó desde hace siglos la etiqueta del whisky de Tennessee.

Times, they are a-changing
El problema, según la actual dirección de Jack Daniel’s, es que los tiempos han cambiado. Lynchburg ya no tiene más 361 almas viviendo en sus casas, sino que según el censo de 2010 sus habitantes superaban los 6.300. Por lo tanto, dentro de los seis cambios entre la etiqueta vieja y la nueva se va Lynchburg.

“La gente llega al pueblo quieriendo saber si todavía viven las 361 personas que dice la botella”, declaró desde detrás de su escritorio a Wall Street Journal Sloan Stewart, comisario metropolitano de Lynchburg. “No, no somos un pueblo atrasado y estancado. Somos un pueblo trabajador que ha crecido y ha mejorado.”

Así las cosas, parece que la salida de la etiqueta es un motivo de felicidad para los lynchburgueses, aunque ese papelito pegado a una botella haya sido la base de su fama mundial.

Hablando de ingratitud, una de las mayores excentricidades que ofrece la ciudad de Lynchburg es que de los 119 millones de botellas de Jack Daniel’s que produce cada año en la destilería, ni una sola se puede consumir dentro de sus límites: Lynchburg es una ciudad “seca” desde 1909. No hay un bar ni una licorería dode degustar un trago de su hijo más distinguido.

Pero la ingratitud no solo viene por parte del pueblo. Otro de los nombres que vuela de la nueva etiqueta es Lem Motlow. ¿Quién era el tal Motlow? Según la vieja etiqueta era su “propietario”. De hecho, lo fue entre 1911 –cuando falleció el viejo tío Jack– y 1947, año en que murió, y debió estar al frente de la compañía en los duros años de la prohibición alcohólica.

“Estoy en desacuerdo con que se remueva el nombre de Lem”, dice Joel Pitts, bisnieto de Spoon Motlow, hermano de Lem. “Si no hubiese sido por Lem, hoy no habría Jack Daniel’s”, arguye.

“Sí, Lem fue importante, pero algunas cosas se tenían que ir. El hombre está muerto, después de todo”, opina Nelson Eddy, historiador oficial y publicista de Jack Daniel’s.

Jack resulta que era Jasper
La nueva etiqueta ahora muestra la cara del mítico personsaje creador del destilado, y revela que su verdadero nombre era Jasper Newton. “Jack Daniel” era en realidad su apodo.
La imagen viene a reemplazar una serie de medallas obtenidas en diversas ferias y exposiciones internacionales, al estilo de las que conocemos en la etiqueta de agua Salus.

Lo que sí nadie va a poder encontrar en la nueva etiqueta del bourbon de “whisky ácido y molido, añejado a través de carbón de arce dulce” es el nombre de su actual dueño: la corporación Brown-Forman, cuya sede no se encuentra en el viejo Tennessee sino un poco más al norte, en el vecino y rival estado de Kentucky.