ver más

El mes pasado estuvo cargado de noticias que inquietaron al gobierno y a la colectividad de negocios de nuestro país. Para comenzar, y tal como informó este mismo periódico en un reportaje especial el 20 de septiembre, el mes pasado nos confirmó que la economía uruguaya experimentó su primer decaimiento desde el año 2003, con una contracción del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,1% en el segundo trimestre del año.

La noticia llega mientras se discute la ley de Presupuesto Nacional en el Parlamento, y en medio de un contexto de gran incertidumbre, caracterizado por un significativo déficit público, impacto en empleo, presiones inflacionarias, depreciación cambiaria, descenso de precios internacionales de commodities. Todo esto sin contar el álgido momento que transitan nuestros socios comerciales principales, China y, sobre todo, Brasil, que perdió el grado inversor y transita una severa crisis política.

Pero las novedades no terminaron allí. El mes pasado, nuestro gobierno, siguiendo la decisión del Plenario del Frente Amplio, decidió abandonar las negociaciones en las que Uruguay estaba embarcado respecto del Acuerdo sobre el Comercio Internacional de Servicios, conocido como TISA, por su sigla en inglés (Trade in Services Agreement).

Ante este escenario, nuestro país debe ser cauto y redoblar esfuerzos para mantener su estabilidad económica y la generación de valor, para lo que la noticia del TISA, para muchos, genera un retroceso en la necesidad de abrir mercados, en particular en el área de servicios, factor diferenciador que permite en nuestros días acercar una sociedad al desarrollo sostenible, más con las condiciones que tiene el Uruguay.

En nuestra opinión, más allá de las opiniones que puedan verterse sobre la oportunidad o conveniencia de haber abandonado las negociaciones del TISA –nuestro país no pudo, lamentablemente, darse una discusión de fondo sobre el tema, por falta de información de calidad–, es mucho lo que hoy puede mejorarse en nuestro propio país, fuera de este tratado en particular. Ello bajo el entendido, por otra parte, de que la apuesta por constituirnos como sociedad del conocimiento que permita prestar servicios de alta calidad a todo el mundo debe seguir siendo el principal motor para el desarrollo de nuestro país.

Por supuesto que aspectos como la estabilidad institucional, la educación o el flujo de inversiones, sobre las que existe consenso y hemos abordado en este espacio –sin ir más lejos, en la columna invitada de Ignacio Munyo del mes pasado–, son cruciales; pero también es preciso introducir cambios menores desde nuestro sistema tributario doméstico, o profundizar algunos ya introducidos, que generarían un alto impacto para el desarrollo del sector de servicios en nuestro país, tal vez mucho más a corto plazo que los que traería el propio TISA.

A continuación mencionamos solo algunos de ellos, sin ánimo de agotar el elenco, que profundizaremos en próximas ocasiones:

Estos son solo algunos de los muchos cambios que, aunque parezcan menores, pueden transformar la prestación de servicios desde nuestro país al exterior. Esto no implica menospreciar las negociaciones de los esquemas comerciales del futuro en la materia.

Pero no debemos esperar de otros países o sistemas aquello que nosotros mismos podemos y debemos procurarnos para seguir en la senda del desarrollo. Más en tiempos turbulentos como los que ya transitamos. No debemos conformarnos.

Temas:

Opinión