Máxima tensión
Los dos mejores tenistas del mundo protagonizarán el domingo un nuevo choque de trenes a toda marcha en el Abierto de Australia
Por más que el serbio Novak Djokovic tenga ventajas en finales de Grand Slam sobre el español Rafael Nadal, la estadística quedará en la frialdad de los números cuando estos dos grandes del tenis mundial salgan a calentar el domingo en el Arena Stadium de Melbourne para definir el Abierto de Australia.
Nadal llega con la sangre en el ojo de la pasada temporada, donde Djokovic lo ganó todo, incluidas las finales de Wimbledon y del US Open ante el propio jugador español, a quien también destronó del número uno mundial. Desde ese entonces, Rafa ya no pudo más con Nole.
La vertiginosa campaña 2011 del serbio dio por tierra cualquier esfuerzo que, sin dudas, Nadal hizo al máximo, exigiendo su físico en cada oportunidad.
El español llegó a este primer Grand Slam del año con un gran signo de interrogación, graficado en la venda que lució durante el certamen en su rodilla derecha.
Se pueden hacer comparaciones de carácter técnico, capacidad mental y despliegue físico, pero la balanza se inclinaría hacia uno u otro por escaso margen y habría que tomar en cuenta las condiciones en las que arribaron a Melbourne y la diferencia de descanso que habrá tras las semifinales.
Nadal jugó cuatro sets ante el suizo Roger Federer, mientras que Djokovic debió extremarse durante cinco mangas para sacar al británico Andy Murray. Además, el español tendrá un día más de descanso.
Pero más allá de especulaciones, en el renglón que no existe posibilidad de error es en el de decir que será un choque de trenes, una batalla con el corazón. La rivalidad se va generando con el paso del tiempo, pero en el último año, los indiscutibles mejores tenistas del momento escribieron capítulos de oro de esta historia.
Nadal demostró en las dos semanas del torneo que su mente no está en su rodilla y sí en recuperar la corona y vencer a quien sea que se le ponga adelante. De su condición física alcanzaría con preguntarle a Federer.
Por su parte, Djokovic llega intacto en su confianza. Fue una aplanadora en la primera semana y luego, cuando el torneo empezó a tomar color (y cuando en la jerga se dice que “empezó verdaderamente” el torneo), volvió a demostrar que mentalmente es inquebrantable. Para tener palabra autorizada de ello, también alcanzaría con preguntarle a su rival de semifinales (Murray), donde se lo vio resurgir casi que de las cenizas después de haber quedado en desventaja 2-1 en sets.
La gran final está servida y los invitados nuevamente son Djokovic y Nadal. El primero va por continuar con su hegemonía en este tipo de encuentros, el segundo llega con la sangre en el ojo dispuesto a dejar el resto de su rodilla por este título en Australia.