Médicos y funebreros en especial riesgo por un virus sin mercado
Es altamente contagioso y letal pero hasta ahora no ha justificado inversión para tratamientos
Pocas horas después de que se constatara la primera muerte en Europa por ébola, el cuerpo del difunto sacerdote Miguel Pallares fue sellado e incinerado. El personal funerario, lo mismo que el sanitario, es de los más expuestos a un virus que llega a matar hasta al 90% de las personas que afecta pero para el que no hay tratamiento debido a que el mercado nunca fue lo suficientemente atractivo.
El tratamiento que recibió el primer cuerpo afectado por el ébola en Europa da la pauta de la peligrosidad de transmisión del virus: solo personal entrenado estuvo en contacto con él, no hubo autopsia ni se hizo ninguna preparación del difunto. En cambio, sellaron el féretro y lo incineraron, quemaron su ropa y aplicaron desinfectantes de uso hospitalario a todo lo que estuvo en contacto con él.
Los deudos del sacerdote que dejó su vida en su misión de Liberia se tuvieron que conformar con una despedida fría y casi inexistente. Tal vez el dolor fue mayor, pero las circunstancias lo justifican. De hecho, aquellos que se abrazaron a sus seres queridos y lloraron junto a sus cuerpos, al cabo de unos días los acompañaron en su trágico destino.
Eso mismo le pasó a una mujer de la zona de Kailahun, en Sierra Leona, que a fines de mayo asistió a un entierro en Gueckedou, en la vecina Guinea. A su regreso presentó los síntomas de esa enfermedad que por esas fechas ya hacía estragos en Guinea: fiebre, dolor muscular, vómitos, diarrea o sangrado. Los que la trataron y enterraron se enfermaron también y así la cadena se propagó por ese nuevo país. Luego hubo brotes en Liberia y Nigeria.
La manipulación de los cadáveres es algo muy delicado y riesgoso, explicó Luis Encinas, coordinador para África Occidental de Médicos Sin Fronteras (MSF), en un video al que accedió El Observador. Sucede que en el momento perimortem –en torno a la muerte- el nivel del virus en sangre es más alto y expone a un mayor riesgo de contagio, que puede ser por contacto con cualquier fluido corporal o con cualquier cosa que haya estado expuesta a él.
El otro gran grupo vulnerable es el del personal sanitario. Aquí las precauciones también son extremas: traje de aislamiento, dos mascarillas, dos pares de guantes, botas y lentes. Los médicos y enfermeros deben lavarse las manos antes y después de estar con un paciente, así como enjuagar cada una de las partes de su equipo con agua clorada una vez que se lo quitan.
“El del personal sanitario es uno de los grupos más vulnerables, más expuestos. Por eso se requiere protección máxima: que tengan formación adecuada para saber reaccionar y que posean el material adecuado para protegerse. También deben tener reflejos ante dudas de casos sospechosos, para aislar a esos pacientes y no tocarlos”, indicó en el mismo video el experto de MSF, que estuvo trabajando en Guinea durante dos semanas en abril, cuando comenzó el brote.
El sacerdote Pallares, ayer honrado con condolencias desde la Casa Real y el gobierno hasta todo tipo de organizaciones sociales, justamente enfermó y murió por no haberse alejado de los enfermos a los que atendía. Ayer en el diario español El Mundo se conocieron algunas cartas que escribía a su familia donde expresaba justamente eso: “Hoy hemos tenido la primera muerte por ébola en el hospital. Gran número de los que trabajamos aquí, incluido yo, hemos estado en contacto con el fallecido, aunque no tuviéramos guantes con que protegernos”, contó el 9 de julio. Cinco días más tarde: “Os parecerá mentira, pero nos falta lo más elemental para prevención: guantes, vestidos aislantes, máscaras, desinfectantes, etc”.
Mercado deficiente
La familia del religioso tomó la muerte con dolor pero con un cierto sentido positivo y pidió que su testimonio sirva para promover la ayuda a los países más necesitados de África. Begoña Martín, una de sus primas, hizo el pedido explícito ante la prensa: “Lo único que pido es que todo esto que se ha organizado sea para que los países ricos ayudemos a los que lo necesitan”, suplicó.
“Lo importante es que la noticia ha servido para saber lo que ocurre en África y lo importante es que el mensaje de Miguel permanezca, que quede constancia de la misión que hacía”, dijo por su parte Javier Pallares, sobrino del sacerdote.
Los recursos son en efecto necesarios, pues la situación está lejos de estar bajo control. “Cada día hay nuevos casos y focos, es como si estuviéramos corriendo detrás de un tren en marcha”, comentó el experto de MSF.
Aunque surgió a fines de la década del 70, la enfermedad siempre ha afectado a países pobres y esto incide de modo directo y negativo en la falta de tratamiento desarrollado. En términos más precisos, la subdirectora general de la Organización Mundial para la Salud, Marie-Paule Kieny, se refirió a una “deficiencia del mercado”: afecta típicamente a poblaciones sumergidas de países deprimidos que no justifican tanta inversión. A nivel académico se ha avanzado en teorías sobre posibles terapias pero que todas ellas se quedaron en la fase previa a los ensayos clínicos, la más costosa de todas.
Ante la emergencia, la OMS aprobó ayer el suministro de medicamentos o vacunas sin testear a los más afectados, algo que se había realizado en el caso del español y de dos estadounidenses pero para lo que no se contaba con completas garantías éticas.
La respuesta que no dio la organización internacional, empero, es quiénes serán ahora los que recibirán las escasísimas dosis disponibles de tratamiento o de vacunas. En África no han visto nada de lo que se dispuso en Europa o EEUU.
Por un lado varios opinan que la prioridad debería darse al personal sanitario, como una cuestión de reciprocidad al haber puesto sus vidas en peligro para atender a los enfermos. Sin embargo, otros creen que las familias -incluso las comunidades- tienen tanto derecho como los sanitarios porque ellas también se expusieron a la enfermedad para brindar a los enfermos los cuidados que necesitaban. La OMS volverá a convocar a su Comité de Ética antes de fin de mes para evaluar estos puntos, aunque la organización no tendrá responsabilidad en las decisiones que se tomen.
Ayer el ministro liberiano de Salud, Walter Gwenigale, confirmó que EEUU enviará a su país algunas dosis del tratamiento experimental ZMapp y que se lo suministrarán a dos médicos que se contagiaron mientras trabajaban.
Aunque no existe ninguna cura probada para la enfermedad, algunas personas logran recuperarse luego de días de rehidratación y control de síntomas.