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¿Existen realmente las “panzas cerveceras”? ¿Es verdad que los tomadores sociales llevan un par de kilos extra? El alcohol posee un contenido calórico de siete calorías por gramo, una proporción mayor que la de proteínas y azúcares (cuatro calorías por gramo) y casi igual a la de grasas (nueve calorías por gramo).

Si bien ese dato es preocupante, lo cierto es que al momento de controlar el peso, importa más la cantidad total de calorías que contiene una bebida como la cerveza (150 calorías en una botella de 350 ml) o el vino (125 calorías por cada 150 ml). A modo de comparación, la cantidad de calorías que contiene una cerveza de 250 ml es la misma que la de un refresco cola con azúcar.

Y mientras que el conocimiento popular sobre la bebida y el aumento de peso es amplio, la ciencia es nebulosa. Por una parte, los estudios epidemiológicos realizados en poblaciones grandes muestran que los bebedores moderados tienden a ganar menos peso a lo largo del tiempo en contraste con un abstemio, según afirma David Hanson, experto en alcohol de la Universidad del Estado de Nueva York.

“Existen razones para creer que aquellos que toman alcohol van a engordar, pero no lo hacen”, manifestó el científico a The Washington Post.

Las mujeres que beben de forma moderada –definido por el Instituto Nacional de Abuso del Alcohol y Alcoholismo estadounidense (Niaaa, por sus siglas en inglés) como un trago por día para las mujeres y dos tragos para los hombres– han llevado mejor el temido aumento de peso que atraviesan las personas de mediana edad.

Guiándose por el índice de masa corporal (un medidor de la grasa guiándose por la altura y el peso de un individuo) un estudio realizado en 1997 determinó que mientras las mujeres promedio incrementaban su índice de masa corporal en 1.4 puntos en un período de 10 años, aquellas que bebían cerveza o vino lo reducían en 0.4 puntos. Para una mujer de 1,60 metros de altura, eso equivale a ganar 4 kilos o perder uno.

Rosalind Breslow, investigadora del Niaaa, estudió datos de 45.896 personas adultas para determinar si sus hábitos alcohólicos significaban una diferencia en la ganancia de peso a lo largo del tiempo. Su equipo no midió el consumo promedio de alcohol durante un determinado período de tiempo, sino que midió la cantidad de días que una persona bebía al mes, y que cantidades tomaba en esos días.

Breslow encontró mayores índices de masa corporal en las personas que consumen más en esos días determinados. Por ejemplo, los hombres que bebieron cuatro o más tragos tenían un punto más de índice de masa corporal que aquellos que generalmente se limitan a un único trago. Para un hombre de 1,75 metros de altura, representa casi cuatro kilos de más. De todas formas, el estudio indicó que quienes consumen alcohol varias veces a la semana tienen índices de masa corporal más bajos que aquellos bebedores ocasionales, es decir, menos de una vez al mes.

Esto se traduce como que aquellos que beben mucho los fines de semana tienen más riesgo de ganar peso que aquellos que toman un vaso de vino con la cena cada noche.

Un riesgo que puede conllevar el alochol para los que no quieren ganar peso es su efecto deshinibidor. Gary Foster, de la organización Weight Watchers, advierte que uno puede ir a una fiesta con la idea de no excederse con la comida, pero tras algunos tragos desechar ese plan y terminar comiendo lo que no se quería.

El consejo entonces es controlar los hábitos alimenticios los días que se bebe alcohol y reconocer si hay una tendencia a consumir comida chatarra, así como planificar o preveer las porciones antes de comer y tomar.

“En un vaso grande pueden entrar varios tragos, así que puedes terminar bebiendo más de lo que pensabas”, advierte Breslow.

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