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Cambio, o mantenimiento de imagen. Eso es en lo que seguramente pensó Lacoste si, como se conjetura, le planteó como marca al grupo de cumbia Los Wachiturros que dejara de usar ropa de su marca, a cambio de una compensación económica. El hecho fue denunciado por algunos de los jóvenes integrantes del grupo que el año pasado se hizo muy conocido a nivel regional por la canción Tirate un paso. Entre confirmaciones y negaciones, la polémica se armó. Y el martes pasado, las redes sociales explotaron de comentarios a propósito de la supuesta petición de la marca, a cambio de una suma de dinero.

Pero el hecho no es nuevo. En verdad desde que las marcas son marcas se han corrido rumores sobre los inconvenientes de asociación entre una marca y una tribu urbana. Uno de los ejemplos más viejos es el de la marca Nike, a la que en su momento se acusó de no querer estar tan identificada con los basquetbolistas negros, cosa que de todas formas, como sucede en este caso, no pudo probarse. Pero hay un antecedente todavía mucho más claro e identificable, situado en Londres.

Sucedió a principios del año 2000. En ese entonces, una tribu urbana de Inglaterra conocida como Chavs –y de características muy parecidas a los Wachiturros y muchos de sus seguidores en cuanto a la vestimenta– se apropió de uno de los símbolos de distinción en moda más populares de la moda inglesa: el popular cuadrillé brit de Burberry.

Todo comenzó cuando comenzó a verse a un montón de hooligans yendo a partidos con ropa que imitaba ese estilo, una cosa que hasta entonces solo portaban estrellas como Emma Watson, en campañas selectas destinadas al grupo entonces conocido como ABC1, el siempre dispuesto a comprar en las casas de moda más exclusivas. Rápidamente, los Chavs se hicieron dueños del estilo, probablemente bajo una simbología de territorio conquistado.

“Para una compañía de productos de moda top como Burberry, esto es la pesadilla definitiva”, señaló en su momento un artículo en la BBC.

“El estilo comenzó a ser asociado con hinchas de fútbol que hacían cosas malas, que se volvían salvajes en las tribunas”, comentaba el artículo. Rápidamente, los tabloides se hicieron eco de la cuestión, y comenzaron a repartir comentarios alusivos al tema, desprestigiando a la marca. Inglaterra había descubierto a los Chavs, y la asociación corrió como un reguero de pólvora, propagándose a toda Inglaterra.

Al verano siguiente, las cosas se pusieron todavía peor para Burberry: los dueños de bares y pubs en Inglaterra reconocieron a esta vestimenta como el uniforme bajo el cual se vestían clientes propensos a cosas de hooligans: peleas, desmanes, rotura de cosas. Por ende, comenzó a prohibir el ingreso de cualquier persona vestida con el típico estilo Burberry en pubs y discotecas de todo el territorio. Los sitios que declaraban su odio a esta tribu urbana se propagaron también por internet.

Por supuesto, Burberry comenzó a desactivar los ítems más utilizados, como las gorras y otros ítems preferidos. Para el año 2004, el clásico a cuadros estaba en apenas el 5% de la producción total de Burberry. Para entonces, incluso un grupo de raperos preferido de esta tribu urbana,el galés Goldie Lookin’Chain, se movía en un coche Vauxhall pintado con el clásico motivo de Burberry. La fiebre estaba desperdigada, y ese cuadrillé era la bandera principal de la tribu.

En aquel entonces, en Burberry se confiaba que los Chavs no serían un fenómeno global. Y al menos la predilección por el motivo no lo fue. Sin embargo, este rumor, que fue negado por el mánager de Los Wachiturros, hace preguntarse si Lacoste no habrá temido lo mismo y por eso decidió hacerle ese supuesto ofrecimiento a Los Wachiturros.

Lo que queda pensar es si esto le serviría de algo, toda vez que lo de este grupo es un fenómeno que en cierta medida bien debe haber contribuido a aumentar las ventas de la marca.
Y que Los Wachiturros representan un código de vestimenta que ninguna tribu urbana abandonará fácilmente, menos aun por imposición.