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José Mujica, en su discurso en la Rural del Prado, valoró especialmente la convivencia allí de representantes de distintos sectores de la sociedad y del ámbito político, destacando que eso es una fortaleza del país, que por ello se distingue en la región.

En su discurso, tras señalar que “somos cuatro gatos locos”, expresó que “las afirmaciones calurosas e inevitables de la campaña electoral son cuestiones humanas, sepamos sacarle el IVA, porque pasadas las elecciones el país espera de todos nosotros y hay que seguir marchando”.

Comentó que el país “ha ido, con sus dolores, construyendo ciertos tácitos acuerdos nacionales que no los escribe en ningún papel y nunca los pone como acordados, pero esta tribuna (la del Palco de la Rural) sería imposible en el resto de los países de América Latina y es posible en Uruguay, y acá hay de todos los pelos y este es el mayor capital que tiene el Uruguay, que nunca lo olvidemos”. Fue uno de los momentos en los que fue aplaudido.

“No se asusten…”

Tras un discurso de Rubén Echeverría de 23’33” y otro de Tabaré Aguerre de 36’31”, Mujica arrancó el suyo generando risas, y hasta algunos aplausos, cuando le dijo a la gente que no se asuste; “no voy a hablar muy largo”, adelantó y luego expuso durante apenas 7’35”.

No bien comenzó, afirmó que “las clases sociales existen”. Indicó que aunque se quiera negar, existen las diferencias a consecuencia de esa realidad, con contradicciones y concordancias, destacando que “hay que aprender a convivir con eso”.

Dijo no tener empacho en reconocer que su “corazón de paisano” pertenece a la agricultura familiar, a los peones rurales, no obstante al tener la responsabilidad de gobernar objetivamente debe darse cuenta de que el país tiene una onda dependencia de la capacidad de exportar, por lo que la aguja de la economía y la marcha de la sociedad está pautada por ese fenómeno, resaltando el valor de toda la gama de la agricultura empresarial, reconociendo luego que no podíamos mover la aguda con el mundo familiar”.

Por qué eligió al ministro

Considerando eso, indicó, fue que eligió al ministro que eligió (Tabaré Aguerre), algo que “me costó dolores de cabeza desde el punto de vista interno”, pero lo hizo porque el ministro procedía de ese sector empresarial “y necesitaba sintonía con ese mundo, le quería dar seguridad, no simpatía, porque no espero reconocimientos jamás, porque por encima de esta tribuna (mirando al Palco de la Rural) están los intereses del país y hay que subordinarlo todo a los intereses de la mayoría del país”.

“Soy hombre de combate, no doy ni pido tregua, ni espero reconocimiento, pero me batí por el mundo de la deuda y vaya que me costó dolores de cabeza y desentendimiento, hasta hoy, porque se el valor que tiene el país agroexportador”, aclaró, lamentando que el conjunto del país no perciba ese valor.

Recordó que estando preso llegó a la conclusión sobre una pregunta política, ¿qué es este país?: “Históricamente (Uruguay) es un vendedor de pasto transformado”.

Dijo que a partir de allí se dedicó a leer todo lo que pudo sobre la historia de la ganadería en el mundo, aludiendo a entender “la batalla del pasto” para poder entender políticamente a este país, “por eso no llegue a ministro de Agricultura improvisado, aunque no había pasado por la Facultad, esa interpretación política la sigo manteniendo hoy: industrializar un país no es necesariamente llenarlo de chimeneas, es generar más valor en menos tiempo”.

Dijo que del maíz de su abuelo que eran 700 kilos por año al de hoy que son 8.000 o 10.000 hay una cantidad de valor agregado, ciencia, conocimiento, multiplicación y eso es multiplicación de valor.

Producir alimentos: un orgullo

Enfatizó, de inmediato, que no hay que tener vergüenza por ser productor de alimentos, que hay que tener orgullo y que la industrialización del país va en vías de profundizar y desarrollar el campo, ganándose allí una vez más los aplausos del auditorio.
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