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Lo peor de Nacional no es que pierda, lo peor es que no juega. Ya fue escrito. Y a medida que pasan los partidos el concepto cobra vida. Marcelo Gallardo lo admitió varias veces (ver Crítica y autocrítica…), pero en otras resaltó la “hidalguía” de sus jugadores pese a no jugar bien. Es loable el discurso del entrenador, siempre y cuando lo haga pour la galerie. En la intimidad debería actuar de otra manera y buscar las explicaciones de por qué el equipo no encuentra un rendimiento acorde a la categoría de futbolistas que posee.

Gallardo se molestó en ocasiones con la prensa (aunque él dice que no) frente a la insistencia de la “rotación” de jugadores o ante la opinión de que tiene un rico grupo de jugadores como para conseguir mejores resultados. “Le hacen creer a la gente que tenemos un plantel extenso y no es así. Reforzamos algunos puestos y estamos potenciando juveniles que recién en el semestre anterior hicieron sus primeras armas en Primera”, dijo en una oportunidad.


"Fue un gran triunfo de los jugadores que entendieron a la perfección lo que pretendíamos para este partido y lo aplicaron de manera increíble. Esta es la manera en la que tenemos que aferrarnos al futuro"

Después del 2-1 a Vasco da Gama

Es verdad. Pero también es cierto que en individualidades el plantel de Nacional es superior a casi todos sus rivales del Campeonato Uruguayo. Cerro Largo, por ejemplo, cuenta con tres futbolistas nacidos en la cantera tricolor y desechados después, por un motivo u otro: Daniel Leites, Mauricio Ruiz y Rino Lucas. Y excepto Rodrigo Vázquez, ninguno tiene la experiencia europea de Pablo Álvarez, Placente, Viudez, Sánchez y hasta Porta, por nombrar a los que alineó Nacional el sábado en la derrota 4-2 ante los arachanes en Melo. Sin embargo apabulló a Nacional con su fútbol colectivo y con algunos jugadores que jugaron a gran altura.

Es apenas un ejemplo, pero que demuestra que aún sin grandes luces, el camino se puede iluminar con el juego en conjunto. Como lo tuvo Nacional frente a Vasco y Cerro. Es verdad que para el partido en Melo había cuatro jugadores lesionados (porque Jadson Viera ya está recuperado y Damonte podría haber jugado, según opinión de la sanidad), y que la defensa fue zurcida, pero en buena medida porque Gallardo optó por esos jugadores. Está dicho, Viera estaba para jugar e insiste con Placente, un claro ejemplo de un futbolista que pasan los partidos y cada vez juega menos.


"Si la pelota que pegó en el palo entraba hubiera sido el 2-0 y estaríamos hablando de otra cosa. El análisis que puedo hacer de los últimos 25 minutos, es que entramos en una desesperación y por ahí no tuvimos claridad”

Después del 1-2 frente a Libertad

La sensación es que el técnico está perdiendo el rumbo y con él, el equipo se desmorona. De acuerdo a los números objetivos, los de ahora son mejores que los del inicio del semestre anterior. En los primeros 10 partidos dirigidos por Gallardo, Nacional había ganado tres (Racing, Cerro Largo y Cerrito), empatado cuatro (River Plate, Defensor, Cerro y Danubio) y perdido tres (Bella Vista y dos con Universidad de Chile). Ahora, disputados 10 encuentros, ganó cinco (Vasco Da Gama, River Plate, Cerro, Danubio y Alianza Lima), empató uno (Defensor) y perdió cuatro (Libertad, Racing, Alianza Lima y Cerro Largo). Tiene tres puntos más que en aquella oportunidad.

Pero el año pasado, después del noveno partido, cuando perdió con Bella Vista jugando tan mal como el último sábado, el equipo tuvo un quiebre positivo y comenzó una racha ganadora que le permitió recuperar varios puntos y terminar ganando el Apertura. Ahora, ya pasó ese límite y no se vislumbra el sol.

Gallardo tiene razón cuando dice que el Clausura no está perdido. Se aferra a sus convicciones y a los datos del pasado. Además, aún tiene aire en la Tabla Anual. Pero está atravesando ese límite de indecisiones que genera apostar al campeonato local o a la Copa Santander Libertadores. Para los equipos uruguayos parece una utopía competir en los dos con iguales posibilidades. El jueves tiene un partido clave frente a Libertad en Asunción y por eso reservó a algunos jugadores el sábado: así le fue. Le pasó lo mismo cuando cambió equipo para enfrentar a Racing porque unos días después enfrentaba a Alianza Lima: perdió ambos encuentros.

Las vacilaciones se notan incluso en las determinaciones para elegir una cancha donde jugar. Primero estaba bien hacerlo en el Parque Central, pero luego, con los resultados adversos a cuestas, se apostó al Centenario.

No todas las culpas son del entrenador, por más que él es el que elige a los jugadores, arma la oncena y les da las pautas para jugar. Hay futbolistas que no rinden nada. Facundo Píriz dejó de ser aquel que brilló en la temporada pasada, Vicente Sánchez ya no desborda y generalmente es desbordado por sus marcadores, los goles de Boghossian no aparecen, Vecino genera poco, los buenos momentos de Recoba son más esporádicos que antes y así es complicado encontrarle la vuelta al rompecabezas. Las lesiones también juegan en contra.

"No jugamos bien, pero ganamos y si no lo hacíamos quedábamos afuera de la Copa, lo que hubiese sido una catástrofe faltando dos partidos. No podemos depender tanto de Viudez porque si un día no está bien vamos a tener problemas”

Después del 1-0 a Alianza Lima

"Perdimos en casi toda la cancha los duelos personales y en esas circunstancias hacer pie se hace complicado. No es común que un equipo reciba tres goles en 15 minutos. No hay excusas, vinimos a jugar con lo mejor que teníamos"

El sábado, tras el 2-4 en Cerro Largo

Lo peor es que hay jugadores que estaban rindiendo bien y que cayeron en las indecisiones del resto: Rolín y Torres son dos muestras de esto. El único que mantiene el ritmo es Viudez, pero no le da para todo y muchas veces se debate entre la impotencia y la bronca.

“Este es un equipo sólido, con personalidad y con variantes. Está jugando en un buen nivel. Esto te incentiva a seguir para adelante”, dijo el gerente deportivo del club Daniel Enríquez después del triunfo frente a Vasco Da Gama. Una arriesgada opinión después de haberse jugado apenas un partido oficial. Enríquez está muy cerca de Gallardo y participa muchas veces de las decisiones. El año pasado fue clave una charla que mantuvo con los futbolistas para enderezar el rumbo. Tal vez sea hora de apostar nuevamente a esa fórmula mágica.