Nacional endulzó una noche amarga
El funcionamiento futbolístico del tricolor volvió a mostrar falencias de todo tipo, pese a ello consiguió una victoria que lo mantiene con chance de clasificar
El gol de taco de Tabaré Viudez cuando pasaba la tercera parte del partido fue apenas un edulcorante para el amargo rendimiento de Nacional. Sirvió para sumar tres puntos y depender de sí mismo en la carrera hacia octavos de final. Observándolo fríamente es mucho, ahora, analizando el inhóspito funcionamiento del equipo, las dudas no desaparecen.
Alianza Lima es un modesto rival que perdió a su mejor futbolista, el colombiano Johnnier Montaño, porque no le pagaba el sueldo y, aun así, le creó serios inconvenientes a la defensa tricolor. En el primer tiempo, las ocasiones más claras ocurrieron en el arco de Leonardo Burián y en el segundo, antes del taco salvador de Viudez, el conjunto peruano dispuso de otras dos que no fueron gol porque el viento sopló para el otro lado.
Las lesiones erosionaron el plantel y disminuyeron las opciones de Marcelo Gallardo para armar el cuadro, pero aun así hay fisuras que no tendrían que existir a esta altura de la competencia. Individuales y colectivas.
Las ideas para romper la protección que levantó Alianza delante de su golero Libman fueron tan frías como la noche. Cómo habrá sido el panorama que Recoba, con un minuto en la cancha, ya le había puesto un pase de gol a Bueno más punzante que lo que intentaron sus compañeros en 50 minutos.
La banda izquierda fue la que utilizó Nacional desde el principio del partido para desestabilizar la doble línea de cuatro planteada por Soto. A pesar de las desatenciones del juvenil (en seis minutos le cobraron dos posiciones adelantadas), su velocidad era la única vía para amenazar a los peruanos.
Pero no había en el área un futbolista con la penetración de un centrodelantero. Medina sigue recuperándose de una contractura y Boghossian calentaba al costado de la cancha. Ni Sánchez ni Viudez cuentan con las características necesarias como para meterse en el área, saltar, pechar, ganar y desequilibrar a los defensores.
Por ese lado la inoperancia ofensiva era total. Lo peor es que no encontraba otro camino porque el dínamo de Vecino, el supuesto generador de ideas, estaba apagado. Fue por eso que cuando ingresó Recoba el panorama cambió. A las limitaciones físicas que tiene, el Chino responde con pases milimétricos o, como anoche, con un enganche maquiavélico y posterior remate de zurda que rozó el ángulo.
Pero mientras Nacional buscaba y rebuscaba una idea en la mesa de saldos, luchaba contra la desorganización defensiva que a medida que corrían los minutos era peor.
De contragolpe, Alianza lo tuvo a maltraer. Varias veces encontraron mal parados a los defensores y si no marcaron fue porque Hurtado definió mal, porque Burián se quedó con un remate de Quinteros y porque el disparo esquinado de Arroe en el segundo tiempo pasó tan cerca del caño como estuvieron los hinchas de la Colombes de sufrir un infarto.
En el tramo final cayó del cielo el gol del triunfo, inesperado como el frío que azota Montevideo. En una jugada entreverada, Viudez prendió la luz. Sirvió para que Nacional volviera a ganar por la Copa, aunque lo haya conseguido con la angustia entre los dientes.