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Después de haber decidido por el Centenario contra la comodidad del hogar que le proponía la seductora idea de ver por televisión el clásico Barcelona - Real Madrid, usted estaba jugado.

Pero mire como son las cosas. A los 22 minutos, cuando la temperatura ya había disminuido y Porta marcaba el segundo gol de Nacional, usted tenía la libre opción de poder retirarse a disfrutar de su familia el resto de la tarde en algún parque.

Se podía haber ido de ojos cerrados y sin la necesidad de prender una radio para escuchar el final del partido. Nacional vencía 2-0 a Rentistas y la historia estaba sentenciada.

Pero es tan extraño este Nacional de Gallardo que hace difícil lo sencillo y su producción futbolística es inexplicable.

Es que no tiene lógica que un equipo que empieza arrollando a su rival desde el primer minuto, con un lujo de Recoba que dejó de cara al gol de César, se desdibuje.

El tricolor tenía todo encaminado. A los 10 minutos Recoba, antes de retirarse lesionado, metió un pase de su sello para que Porta pusiera el 1 a 0. Y a los 22 el propio Porta decretó el segundo peinando la pelota a la salida de un tiro de esquina. Nacional jugaba ante un rival inexistente en cancha. Su primer remate al arco fue a la media hora. Entonces era de suponer que la historia estaba sentenciada.

Pero mire como son las cosas. En la última pelota del primer tiempo Rentistas cobró una falta frontal. Burián salió mal y Cóccaro, ¡de espaldas al arco! la peinó y metió al rojo en partido.

En el segundo tiempo Nacional hizo que lo explicable fuera inexplicable. Se empezó a equivocar y luego de perder dos situaciones, terminó metido en un problema: Rentistas le empató el encuentro. Fue todo de corrido. Se lesionó Damonte, remató Fernández, la pelota pegó en el palo y el rebote lo aprovechó Santiago López para igualar.

El partido quedó abierto. El bolso se metió en un huracán de nervios. El juego deambulaba con la sensación de que una contra del rojo podía ser letal. Pero en el instante preciso, sobre la media hora, el argentino Aguirre se acordó que estaba en Uruguay y metió el único pase desde que llegó al club para dejar a Bueno de cara al gol. El botija no perdonó. Rentistas tuvo una más que salvó el cuestionado Burián.

Otra sufrida victoria de un Nacional que, si bien se saca de arriba a los rivales del fondo de la tabla, no termina de brindar una imagen convincente y termina haciendo difícil lo sencillo.