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La competencia es sana, para todo aquel chico que se está desarrollando. Pero, como todo, tiene una frontera, un límite que si se sobrepasa puede terminar siendo un problema; termina por volverse en contra del niño.

"Todos los chicos tienen cierto grado de competencia, especialmente cuando son pequeños y se están construyendo como personitas", explica la psicoanalista de niños María Teresa Vercesi al portal de noticias web Madres de Hoy. "En ese momento la subjetividad se forma a partir de la comparación", agrega. Todos sabemos que los niños cuando comienzan el jardín se miran unos a otros, se imitan y pelean por el mismo juguete. Pero una vez superada esa etapa se supone que la competencia entre los niños comienza a ser diferente, a cambiar de concepto.

La psicóloga asegura que, en cierto, modo la competencia los ayuda a crecer, a conocer el mundo y a ser más creativos. Claro que todo tiene un límite, que si se supera puede llegar a ser contraproducente. Esto se debe a que al estar tan concentrado en ganar, un niño no puede disfrutar del proceso. Es decir, solo está pensando en cumplir un objetivo. "Lo negativo es que si solo acepta ganar, puede terminar paralizándose, por no querer arriesgarse. Porque perder no es una posibilidad", asegura Vercesi.

Pero la duda es si estas ideas surgen realmente de la cabeza de un niño, o bien ¿son los padres los que terminan por inculcárselas? Es usual encontrar adultos que estimulan a sus hijos a la competencia. No sería un problema si la tomaran como parte de crecer, de conocer o de aprender. En ese caso sería un valor. Pero si competir es sinónimo de ganar, el chico tendrá que enfrentarse a una exigencia muy alta. "Suelen ser niños muy exigidos, que buscan como resultado ser siempre los mejores. Y, en el camino, se pierde de vista el placer de la acción, porque no tienen la capacidad para ver qué tal les va", acota la profesional.

Y atrás, como si estuvieran encadenados, vienen otros problemas. La soledad, por ejemplo. Porque todos los chicos están pasando por un proceso emocional similar y, si sienten que el otro es mejor en todo, terminan por alejarse. A nadie le gusta perder constantemente. "En definitiva, los competitivos son niños muy exitosos en lo que se proponen, pero muy aislados y, por lo general, poco felices. Porque se frustran en el resto de las cosas".

Saber perder a veces también resulta una buena experiencia para madurar. Porque en la vida no siempre tenemos la posibilidad de ganar.

Profundizamos acerca de este tema con la doctora y psiquiatra de niños y adolescentes Natalia Trenchi.

¿Cómo educar a los niños en este mundo tan competitivo?
Cuando hablamos de competitividad hablamos de motivación, el por qué uno hace lo que hace. Todos los padres deben de estar de acuerdo en querer que sus niños realicen las cosas por iniciativa propia, por el placer que les proporciona, porque piensan que es algo bueno o que tendrá buenas consecuencias, pero la realidad es que muchos niños pueden elegir hacer algo simplemente por el hecho de querer ganarle al otro. Decirle a un niño: "Saliste tercero, está bien, pero podrías haberle ganado a fulano, tan solo si...", puede motivar al niño a esforzarse más, entrenar o estudiar más, pero las razones detrás de ese esfuerzo son equivocadas. Cuando un niño siente que triunfa solo si le ganó a otro, corre, paradójicamente, una carrera que lo va a llevar a perder siempre en la vida, porque es imposible ir por ella ganándole a todos y todas. A pesar de vivir experiencias positivas o logros personales, una persona competitiva, que solo piensa en ganar, vivirá esos hechos como un fracaso si a alguien le fue mejor, y se sentirá frustrado.

¿Qué mensaje tienen que transmitir los padres?
A los padres, los docentes, e incluso a aquellos responsables de pensar las políticas escolares, les diría que hay que apuntar a educar y criar chicos competentes, algo bien diferente a "competitivos". Competentes son aquellos chicos que saben lo que tienen que hacer, saben plantearse objetivos, que confían en sus propios recursos, de avanzar en la vida. Son aquellos chicos que, cuando terminan algo, son capaces de decirse a sí mismos: "Lo hiciste bien, diste tu máximo esfuerzo". Ser una persona competente es útil tanto para la escuela, la carrera, para conseguir un trabajo e incluso para conseguir una pareja. Si como padres vemos que el niño siempre está midiéndose con el de al lado, hay que intervenir. El niño está desarrollando en ese caso una debilidad muy fuerte. Preocupémonos por criar chicos competentes y por desmantelar la competitividad. Todos los niños deberían tener experiencias de éxito, el logro les da autoestima y motivación para seguir. Pero, ¿cómo lograr que todos triunfen? Si en una clase hay 30 chiquilines y se organiza una competencia, solo uno va a resultar ganador y habrá 29 perdedores. Nosotros tenemos que conseguir que los 30 se sientan como ganadores. ¿Y cómo hacer eso? Solo van a poder ganar si se ganan a sí mismos y si entienden que la carrera, si es que hay alguna, es con uno mismo. La superación personal por motivos interno, no por ganarle al otro.