Dejando de lado la poesía, la literatura fluvial, sea narrativa o ensayística, ha tenido a lo largo de la historia una venerable tradición. Si nos concentramos en los últimos siglos, podemos leer hermosos libros sobre el Rin, del alemán Heinrich Heine, sobre el Danubio, del italiano Claudio Magris, o sobre el Támesis, del inglés Peter Ackroyd. El Sena ha aparecido de forma recurrente en la literatura francesa, desde Víctor Hugo a Georges Simenon, de Sartre a André Gide. Basta cruzar el océano y encontrar en la biblioteca fluvial el Mississippi de Mark Twain o el Hudson de Isaac Bashevis Singer.
Obsesión de río
El zambullidor, de Luis Do Santos, abreva con buena nota en la venerable tradición fluvial que ha tenido la literatura a lo largo de los siglos