Con un escenario cargado de tantas contradicciones aparecen los trastornos alimenticios y sus principales víctimas son las personas con baja autoestima. Si bien desde hace tiempo se habla y advierte sobre la bulimia y la anorexia, en los últimos años se identificaron nuevas patologías, como la vigorexia y la ortorexia, que están estrechamente ligadas al estilo de vida actual mediado por las redes sociales.
La ortorexia quizá sea uno de los trastornos más complejos de identificar y probablemente el que genere mayores discusiones, porque se manifiesta en personas que son aparentemente sanas. Viviana Cotelo, psicóloga de la clínica de trastornos alimentarios Vitalis, explicó que este trastorno se manifiesta a través del extremo cuidado en la alimentación –que va desde la minuciosa atención a la calidad de los productos consumidos hasta la forma de prepararlos o ingerirlos–. “Generalmente estas personas desarrollan una forma de comer autoindicada, sin fundamentos científicos, que por su rigidez pone en riesgo su salud”, agregó la especialista.
La nutricionista e instructora en fitness Any Rodríguez explicó que las personas con ortorexia optan por dietas monótonas en las que dejan de consumir ciertos alimentos por considerarlos nocivos –cuando en realidad no lo son– y eso puede llevarlas a un déficit nutricional de vitaminas y minerales.
Por otro lado, la vigorexia, también conocida como dismorfia muscular, es un trastorno que se caracteriza por la obsesión hacia la ganancia de masa muscular, sumada a una distorsión del esquema corporal. Quienes padecen esta patología –que principalmente son hombres– se sienten insatisfechos con su cuerpo porque se perciben muy delgados y sienten que su cuerpo está poco desarrollado. A raíz de eso, estas personas van reiteradamente al gimnasio a entrenar, se observan en el espejo una y otra vez, pueden llegar a obsesionarse con el extremo cuidado de la alimentación y llevan el control de las medidas de algunos de sus músculos.
Cotelo agregó que quienes padecen vigorexia pueden llegar a utilizar, sin receta médica, complementos dietéticos o drogas con un importante potencial de riesgo. Muchas de estas personas consumen hormonas de crecimiento, esteroides y anabólicos, además de recurrir a dietas altas en proteínas y carbohidratos y carentes de grasas.
“Circula información en forma de consejos de salud pero sin ningún sustento científico”, indicó la psicóloga de Vitalis y advirtió que hay muchas personas que promueven estilos de vida que tienen que ver con estos trastornos en las redes sociales, de tal forma que los normalizan.
En ese sentido, Julia Alderette, psicóloga de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), subrayó que se trata de enfermedades multicausales en las que las redes sociales influyen mucho, además del culto a la delgadez como garante del éxito social y profesional que está inserto en la cultura.
“La sociedad impone que el hombre debe ser alto y musculoso; la mujer delgada, sin panza y con un cuerpo fit. Esta presión junto con componentes emocionales hace que recaigan en trastornos”, asoció la nutricionista.
¿Cómo identificarlos?
Uno de los principales obstáculos a la hora de trabajar sobre estos trastornos es la dificultad para detectarlos, porque se trata de personas que en apariencia son sanas. Además, es muy difícil que alguien que los padezca lo reconozca y busque ayuda. Cotelo dijo que las personas con dismorfia muscular no suelen consultar a un psicólogo, a menos que sean derivados por un médico que haya evidenciado los daños. Por eso alertó: “Es muy importante el conocimiento de estos trastornos en personas a cargo de los gimnasios, que es el ámbito específico donde se dan casos de vigorexia”.
Las personas que sufren estos trastornos suelen aislarse de sus vínculos. Además, están frecuentemente irritables porque siempre hay algún malestar relacionado con la comida o con la actividad física y su cuerpo que los aqueja.
Alderette dijo que si bien en Aluba no reciben casos que sean exclusivamente de vigorexia u ortorexia, se identifican cada vez más pacientes con anorexia que están obsesionados por la comida sana o la actividad física. En ese sentido, Cotelo explicó que la ortorexia muchas veces está incluida en la anorexia nerviosa –que suma la distorsión del esquema corporal y el miedo a engordar–. Comer "saludable" supondría para estas personas un apoyo para comer menos o ingerir pocas calorías.
Como nutricionista e instructora en fitness, Rodríguez se mueve en un ámbito donde se podrían identificar casos de personas obsesionadas por el ejercicio o la alimentación saludable. Pero no es tan sencillo. La profesional indicó que es necesario el trabajo interdisciplinario para trabajar estos casos, que deben ser diagnosticados por un profesional abocado al tema de trastornos. Además, dijo que son patologías que pueden llevar cierto tiempo en su detección.
“En ocasiones puedo tener un paciente que en una primera instancia me cuente que su alimentación es saludable y que busca cuidadosamente qué es lo que va a ingerir. En un segundo encuentro, busco indagar un poco más y ver si se alimenta como lo relata. Si realmente hay una preocupación por lo que ingiere, se debe profundizar consulta a consulta para detectar a tiempo si se trata de un trastorno”, dijo Rodríguez.
En tanto, los casos de vigorexia pueden ser más notorios si se observa que lo que dice la persona sobre su cuerpo no coincide con su apariencia física.
Lo saludable malentendido
Decir que una persona con ortorexia es alguien que se alimenta de forma extremadamente sana sería un error. El problema no está en personas “demasiado” saludables, según aclaró la psicóloga de Vitalis, porque justamente lo saludable no supone un riesgo. Lo que sucede es que personas que responden a ciertas ideas filosóficas, modas alimentarias, estereotipos de belleza o conductas religiosas defienden sus hábitos como saludables cuando en realidad no lo son.
La nutricionista dijo que ciertos hábitos pueden tornarse conductas obsesivas que deriven en la ortorexia cuando la persona modifica su rutina de vida en función de su alimentación, dedica largas horas del día planificando qué comerá, deja de tener vida social y se excluye por su forma de alimentarse. Rodríguez alertó que este trastorno puede derivar en problemas físicos, como anemia, hipotensión e híper o hipo vitaminosis, además de generar ansiedad, depresión e hipocondriasis.
¿Qué se esconde detrás de un trastorno alimenticio?
Las psicólogas especializadas en la temática fundamentaron que los trastornos alimenticios suelen tener fuerte incidencia de factores emocionales. “Puede ser por cosas que no se dijeron en su momento y se canalizan a través de esa obsesión en la que sienten que tienen el control de qué comer y qué no, sobre su cuidado y las horas de gimnasio”, dijo Alderette.
Cotelo subrayó que quienes sufren de ortorexia o vigorexia suelen ser personas con baja autoestima, emocionalmente frágiles, de pensamiento rígido y con una importante necesidad de aprobación de los demás. “Muchas veces estas conductas están al servicio de una búsqueda de identidad propia”, agregó.
Estar atentos
La psicóloga de Aluba dijo que, generalmente, la ortorexia se manifiesta más en mujeres y la vigorexia, en hombres. La adolescencia es la etapa más vulnerable para que se manifiesten este tipo de patologías. De todas formas, la especialista identificó que estos trastornos se están dando a edades tempranas cada vez más y contó que, incluso, hay madres que consultan por niños que rondan los 10 años y ya tienen preocupaciones en torno a su imagen y quieren hacer dietas.
La mayoría de la gente no suele hablar de este tipo de trastornos. Aunque entre los amigos o familiares se le pueda comentar a alguien cosas como “¿no estarás exagerando un poco?”, difícilmente se problematice que esa persona se está excediendo. Además, quienes sufren de vigorexia retroalimentan sus obsesiones si el único espacio que habitan con fuerza es un gimnasio. Sucede lo mismo a quienes tienen ortorexia, si lo único que hacen es scrollear durante horas en Instagram mirando perfiles de fit influencers o hablando con gente que piensa igual que ellos en blogs, difícilmente puedan romper la cadena.
Y tampoco existe una ecuación perfecta que permita a los familiares o amigos de estas personas detectar de forma temprana si están transitando por un rumbo riesgoso para su salud. “Hay que estar atentos. Estos trastornos empiezan a manifestarse a través de pequeños cambios, que se van dando lentamente, y muchas veces pasan inadvertidos porque ellos se encargan de ocultarlo”, enseña Alderette.
Cotelo indicó que si se piensa que un ser querido tiene alguna de las patologías, lo principal es aproximarse pero con una postura de comprensión, no de acusación –que puede “generar distancia, rechazo e intensificar el aislamiento”–, advirtió.
La psicóloga de Vitalis recomendó ofrecerle a la persona con el trastorno ir a una consulta con un profesional. Si no lo acepta, se puede volver a insistir. Pero si el rechazo sigue y no acepta ir por voluntad propia, “que vaya por condescendencia hacia la persona que lo quiere e intenta ayudar. En última instancia, los familiares o allegados pueden realizar una consulta y desarrollar con el profesional una estrategia de acercamiento”, concluyó Cotelo.