Papa motiva a no perder la fe
Dijo que Jesús se une a los jóvenes desencantados con la política y la Iglesia
El papa Francisco, que enfrenta el desafío de revitalizar la Iglesia, pidió ayer a cientos de miles de jóvenes católicos que lo aclamaron en la playa de Copacabana conservar la fe pese al egoísmo y la corrupción.
Francisco cumplió al pie de la letra su prédica de sacar la Iglesia a la calle, paseándose también en la mañana por el centro de Río en la primera mañana sin lluvia desde hace varios días.
En la noche, el papa presidió el Vía Crucis, el camino de la Cruz, que representa los diferentes momentos vividos por Jesús desde que fue detenido hasta su crucifixión, y en la cual participaron 280 actores y voluntarios, un clásico.
En el Vía Crucis el Sumo Pontífice también invitó a los muchachos a ser valientes y a ir contracorriente y recordó que al contrario que Pilato, que se lavó las manos, la Cruz de Cristo enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura.
“Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María?”, preguntó el papa.
Fiel a su estilo, Francisco invitó a 35 cartoneros argentinos a acompañarlo en el Vía Crucis.
El portavoz vaticano, Federico Lombardi, dijo ayer que Francisco pidió que buscaran recolectores de cartones argentinos, conocidos como cartoneros, y fueran invitados a subir al palco, desde donde el papa presidió el rito. Al llegar al palco, los cartoneros fueron saludados por el Pontífice.
Esta no es la primera vez que el papa tiene a su lado cartoneros argentinos.
El 19 de marzo, otro cartonero, Sergio Sánchez, junto a dos trabajadores argentinos vestidos con ropas de trabajo, asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano a la misa de inicio de pontificado de Francisco.
En esa oportunidad, los tres se sentaron junto a los altos delegados de todo el mundo
Camping en Copacabana
La anulación de dos grandes eventos en un gran “Campus Fidei” (campo de fe) en Guaratiba, a 60 km al oeste de Río, a causa de las lluvias torrenciales de los últimos días, ha provocado cuestionamientos a la organización de la JMJ.
El propio alcalde de Río, Eduardo Paes, atribuyó una “nota cerca de cero” a la organización, considerada como el gran test para la ciudad que acogerá partidos de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016.
En vez de peregrinar hacia Guaratiba a lo largo de 13 km, finalmente los jóvenes peregrinarán 9,5 km del centro de la ciudad hasta Copacabana el sábado. Luego dormirán en la playa de Copacabana, y no en el Campus Fidei, en una vigilia en la que el papa rezará una oración.
El domingo, la misa de clausura de la JMJ también fue trasladada a Copacabana, mientras en Guaratiba, el enorme y costoso altar circular que se construía desde enero para la ocasión ha quedado convertido en un enorme elefante blanco.
Otras fallas de organización marcaron la primera visita del papa Francisco al extranjero.
El lunes, el automóvil del papa quedó bloqueado entre autobuses y una protesta, cerca de donde Francisco se reunió con la presidenta brasileña, terminó en violencia. El martes, el metro paró durante más de dos horas antes de una misa masiva en la playa de Copacabana.
Nunca más
“Candelaria nunca más”, pidió el papa Francisco tras reunirse con ocho presos menores de edad, en referencia al asesinato en 1993 de ocho niños y adolescentes de la calle por parte de la Policía delante de la Iglesia de la Candelaria, en pleno centro de Río, que estremeció al país.
Los jóvenes infractores le ofrecieron como regalo un rosario artesanal. Sobre la cruz figura la inscripción “Candelaria nunca más”. En las cuentas están inscriptos los nombres de los niños asesinados.
El papa repitió entonces: “Candelaria nunca más” y pidió “rezar por todos los menores víctimas de violencia” que están en prisión o viven en las calles.
Más temprano, el papa confesó a cinco jóvenes –tres brasileños, una venezolana y una italiana– escogidos al azar entre más de 300.000 peregrinos, y almorzó con 12 jóvenes de la JMJ. La venezolana Estefani Lescano, una estudiante de 21 años, se enteró en mayo de que era la elegida. Y al verlo: “Claro que lloré, pensé que iba a llorar más, me quedé como en estado de ‘shock’ y después me puse a llorar, el papa se quedó (observando), fue cariñoso, lo abracé, tenía que abrazarlo”, contó a la AFP la joven. (AFP y EFE)