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Paula Chaves mira a los ojos cuando responde. Gesticula y mueve las manos. Se expresa con calma y de repente su rostro se ilumina cuando algo toca una fibra interna: cuando algo la apasiona.

Todavía quedan algunas horas para que regrese a Buenos Aires y mira la lluvia caer sobre el río de la Plata desde la redacción de El Observador. Llegó a Uruguay para promocionar su última comedia teatral: Misterio en la Cabaña. Una comedia de enredos en la que interpreta a una periodista infiltrada que llega con un dato a la cabaña de un gurú espiritual para descubrir lo que pasa allí y entender por qué tantas personas van a ese lugar perdido a buscar su sanación. Sin embargo, todo se enreda de un momento a otro.

"Es muy divertida, nosotros nos reímos mucho haciéndola. Y hay un destiempo de las risas de los niños con los adultos, porque hay muchos chistes para los chicos que los agarran solo ellos y escuchás las carcajadas descolocadas en la platea. Y después todo el humor de los adultos en estas comedias que escribe Pedro, que están perfectamente diseñados para disfrutar en familia", dice y anticipa que podrían agregar una nueva función a las del 10 y 11 de Mayo en el Teatro Metro.

Habla de su familia, de sus hijos y de la dinámica laboral con su marido, el productor y director Pedro Alfonso, a quien conoció hace más de diez años en Bailando por un sueño. Habla también de sus inicios como modelo, de su ciudad natal y de cómo su familia la mantuvo en tierra. Habla del "poder de parir" y de cómo la transformó la maternidad. Habla de su rol como mánager. Habla de las redes y los programas de la farándula. Y hay cosas de las que prefiere no hablar.

Inés Guimaraens Paula Chaves

Empecemos 20 años atrás con SuperM, el concurso televisivo de modelaje que fue el inicio de tu carrera en 2003. ¿Cómo llegaste a esa experiencia?

Me anoté última. Fui la número 11.466 y gané. Ahí empecé a trabajar. Empecé a poder mantenerme por mis propios medios, a ayudar a mi familia, a llenar la heladera. Porque yo siempre quería abrir la heladera y que esté llena de cosas, y en mi casa no pasaba eso porque nuestra situación económica no era buena. La crisis del año 2000 a papá lo trató muy mal, porque era textil, entonces fue volver a nacer como familia y yo con 18 años pude hacerme cargo de mis hermanos, de mis papás, pude ayudar. Siempre con los pies muy sobre la tierra, entendiendo que esto era un trabajo y no mi vida. Nunca tomé el modelaje como mi vida, tenía amigas modelos que después de que terminaban de trabajar se van al boliche o el evento, siempre vinculándose, el show-off que una a veces les llama: estar todo el tiempo haciendo lobby. Yo terminaba el desfile, me sacaba el maquillaje y me iba al boliche de Lobos con mis amigas. Lobos es una ciudad de Buenos Aires que queda a 100 kilómetros, es un pueblo con muy pocos habitantes, hay un solo boliche y me quedaba ahí, y eso era lo que me conectaba. Siempre tuve los pies muy sobre la tierra y eso lo agradezco a mi familia, que siempre me cuidó la salud mental, porque es muy fácil marearse con 18 años en un medio que es muy exigente a nivel de parámetros de belleza. Hoy vamos evolucionando, pero en aquel momento era mucho más estricto, más allá de que siento que nos faltan años luz. Me cuidaron la cabeza y eso para mí es fundamental en una familia: que estén ahí, que escuchen, que pregunten, que acompañen.

Hoy venís a Uruguay en tu faceta actoral. ¿Entonces lo imaginabas? ¿Era un anhelo o fue algo que se te presentó en el camino?

Nunca anhelé grandes cosas. Nunca dije 'ahora de modelo quiero pasar a ser actriz'. Sí me divertía y moría por estar en las tiras de Cris Morena –Rebelde Way, Casi Ángeles, Floricienta–, pero nunca anhelé tanto algo. La vida me fue sorprendiendo. Estudié teatro toda mi vida porque me encantaba, pero también a modo de terapia. Iba a mis clases de teatro y cuando salía estaba liberada y feliz. Yo quería ser famosa. Me acuerdo que en el colegio tenía todos los cuadernos firmados con autógrafos míos y se los firmaba a mi hermano también: con amor, Paula. Pero todo lo que fui logrando y todos los proyectos que se me aparecieron siempre fueron sorprendiéndome. Tal vez lo soñaba mucho inconscientemente y después se me daban, pero no recuerdo decir 'ahora quiero esto mucho, mucho, mucho'. Siempre me parecieron cosas buenas.

El teatro también nos permite hacer esta comedia y poder incluir a nuestros hijos también. No en el escenario –si bien se terminan subiendo después al final de la obra–, sino que estén ahí dando vueltas. Se criaron en los camarines y les encanta. Para nosotros es importante que esta comedia, que es distinta a la del año pasado, sea una comedia familiar donde los chicos se ríen en un momento y los adultos se ríen en otro. Está muy bien pensada, para que nuestros hijos la puedan disfrutar y nosotros no nos incomodemos. Vos vas a estar en la platea con tu hijo y no te va a incomodar el chiste de Pachu, porque no lo van a entender. Nosotros corremos con una desventaja: que nuestros hijos ven la función 50 veces, entonces se les termina metiendo y nos preguntan por qué Pachu en un momento dice lo que dice. Pero nosotros lo disfrutamos un montón. A mí me encanta salir de escena corriendo, porque la veo a Filipa [ndr. la hija mejor de la pareja] ahí sentada, la agarro, le doy un beso y me siento en paz.

¿Cómo es la dinámica laboral con Pedro Alfonso?

Una vez que estrenamos ya está. Hasta el estreno corremos riesgo de separación y de divorcio tres veces por semana, mínimo. Pobre, su proceso creativo es en casa y en casa hay tres niños, hay actividades, hay colegios. Trato de sostener mucho para que él pueda estar tranquilo, pero en casa es bastante el bullicio y a él le baja un idea a las cuatro de la mañana y la escribe. Solamente tengo palabras de admiración para lo que hace, porque la verdad que es increíble.

¿Cómo es el vínculo actriz-director?

Me encanta que me dirija porque me enriquece mucho, pero él a veces está colapsado, dirigiendo a todos o bajo presión, y yo le conozco las formas. Aparecen los típicos roces, pero nada que ninguna pareja no tenga. Nosotros los tenemos trabajando, pero la verdad es que nos llevamos bárbaro. Sabemos trabajar juntos. Nos conocemos mucho arriba del escenario y nos disfrutamos mucho. Y muchas veces le tiro chistes que se me ocurren y cuando los empieza a hacer digo '¡ay ese chiste es mío, se me ocurrió a mí!'.

También sos quien se encarga del aspecto de las finanzas y de los aspectos económicos.

Sí, porque él no es bueno en eso. No le importa, él trabaja por su pasión y porque obviamente necesitamos la plata, pero no es bueno con el tema del dinero, no le divierte, no le gusta. Soy yo la que me encargo, la que va a pelear los presupuestos o la que trato de cerrarle cosas para las redes sociales y después lo tengo que estar persiguiendo para que me escriba una idea.

Lo has hecho desde tus 18 años.

Me gusta y me siento cómoda en eso. No es que es algo tedioso para mí. Me siento una mina muy para adelante, muy emprendedora y me encanta generar proyectos y cosas que se me vienen a la cabeza. A veces me cuesta parar un poco. Lo más difícil que hay es no pensar en nada. Pero nos complementamos bien: yo lo activo a él y él me baja a mí.

A veces es difícil hablar de mujeres y dinero; en el espectáculo el rol de la mujer no ha sido el de la negociación.

En casa es así, yo me encargo de todo. No tengo ningún problema de decirlo y él tampoco tiene ningún problema de decirlo. Todo es consensuado y consultado, pero si vos le preguntas a él cuánta plata hay en el banco no tiene ni idea. Siempre me dice 'ay, si algún día nos llegamos a separar vamos a estar como la Claudia y el Diego'. Y yo le digo 'quedate tranquilo que no va a pasar nada'.

Inés Guimaraens Paula Chaves

Además de actriz, conductora de televisión, modelo, te recibiste de doula, ¿por qué decidiste ir por ese camino?

Porque siempre tuve una pasión por las personas gestantes. Desde que tenía 17 años e iba al colegio y tenía compañeras que lamentablemente estaban embarazadas, yo las veía pasar al baño y pedía salir de clases, me iba corriendo atrás de ellas porque me atrapa. Me atrae acompañar los procesos de mujeres en búsqueda de bebés, de partos, de nacimientos. Investigando el tema, con mis vivencias y con mis experiencias, escuchando el relato de otras mujeres, me doy cuenta de que falta mucho recorrido y que las mujeres necesitamos que nos devuelvan ese poder que nos quitaron: el poder de parir fisiológicamente. Nos han impuesto cultural y socialmente que necesitamos de un médico con un ambo blanco para dar a luz cuando nuestras abuelas parían en sus casas. No estoy fomentando el parto en casa, pero si podemos llegar a lograr un acuerdo para que el proceso fisiológico se dé como se tiene que dar, para que el cóctel de hormonas se active de la forma que se tiene que activar para que una mujer pueda parir en un entorno amoroso con confianza y con una mano que te diga 'lo estás haciendo bien', va a cambiar la forma de nacer. Y cambiar la forma de nacer es cambiar el mundo. Se naturalizó tanto que el parto es una operación: 'te internás, te cortamos, chau, te lo sacamos'. Nos metieron eso en la cabeza. La cesárea es una re-opción sí, una recontra-mil-opción que antes no se usaba y hubiese salvado un montón de vidas, pero cuando es bien usada. Nos metieron en la cabeza que el parto es dolor, pañuelo blanco afuera del auto y una mujer gritando y sudando. Puede ser un parto súper amoroso, acompañado, siempre que tengas un entorno que te acompañe y que te cuide. También nos quitaron el protagonismo. Va de la mano de que la mujer perdió totalmente voz y voto, y nos fueron acallando durante tantos años. Nuestro mayor poder era poder gestar y dar a luz, y también nos lo sacaron. A mí me agarra pasión de querer contagiar porque me pasó por el cuerpo también: tuve una cesárea, un parto recontra-mil intervenido y un parto fisiológico. Y ahí dije 'claro chicos, es esto'. Si a los 28 años yo hubiese tenido un entorno que me acompañe, todo este amor, esta contención y esta información cuando la partera y el médico me dijeron 'ay no, tu bebé no se mueve, así que tenemos que hacer una cesárea', hubiese sido distinto. Pero también entiendo que tuve que pasar por eso para llegar a esto.

La maternidad es una de las cosas que compartís a diario en tus redes sociales, ¿qué significa para vos?

A mí me atravesó. Se me ancló acá en medio del pecho y me cambió mucho. Me hizo volver a mí y revolver todo lo que tenía dentro. La maternidad viene a sacarte todo a la luz, empezar a sacarte las capas de la cebolla para ir a lo más profundo y volver a nacer. Yo creo que con cada hijo nació una nueva Paula y se los agradezco. Son mis grandes maestros, me enseñan día a día. Yo no sé ser madre, voy aprendiendo en el camino con ellos, Pedro tampoco sabe ser padre pero las dos estamos súper comprometidos en acompañarlos y en entender que no somos nosotros los que les tenemos que decir lo que hacer. Este es el laburo: ir acompañándolos y poder ir marcándoles los bordes para que sean adultos libres y felices.

Hablamos de tu etapa de modelo, de conductora, de actriz, de doula. ¿Qué imaginás para la Paula del futuro?

No me imagino mucho. Trato de bajar y volver todo el tiempo, porque lo único que tenemos es el ahora. Estoy en una etapa muy movilizante de mi vida, criando tres criaturas que demandan mucho tiempo, trabajando, batallando un poco con esto de que tenemos que ser mujeres productivas y ocuparnos de nuestras casas y nuestros hijos. A veces digo 'basta, no pienses por demás'. ¿Qué tenemos ahora? Tengo esto, tengo una vista espectacular atrás tuyo, tengo un fin de semana en Montevideo y voy tratando de vivir así, minuto a minuto y día a día para anclarme en el presente.

Mencionaba al principio tu participación en el reality SuperM y parece que desde ese momento entraste al mundo del reality del espectáculo y los programas de farándula.

Me tocó conducir un programa así también.

¿Cómo describirías ese medio?

Es un trabajo. Es un medio que tiene muchas cosas buenas y muchas cosas malas también, como todo en la vida. Uno aprende a manejar eso. Trabajé mucho el amor propio y el que no me importe la mirada ajena. En ese aspecto tengo un gran paso a favor, porque no me afecta lo malo que me digan en las redes sociales ni las mentiras en los medios. Muchas veces igual han dicho mentiras y he salido a aclarar para que no se instalen ciertas cosas, pero no me enrosco mucho. Vivo mi vida y mi vida no tiene nada que ver a la vida de Paula famosa. Nunca me importó el que dirán, no tengo vergüenza, no tengo miedo de que opinen de mí, no tengo miedo de no ser querida, reconocida o aceptada. Obviamente fue un proceso, porque no soy la misma que a los 22 años. Hoy entiendo que tal vez del otro lado hay una historia que no está buena y yo sirvo de descarga para que me de un mensaje negativo en las redes sociales, pero tampoco me voy a enganchar con eso.

Cuando tenías 18 años tus amigas y tu familia en Lobos eran tu cable a tierra, ¿ahora cuál es?

Vuelvo a mi casa y me tengo que olvidar de todo, porque tengo tres chicos que se pelean y no se quieren bañar. Yo bañándolos, dándoles de comer y preparado la lunchera, no hay tiempo para pensar otra cosa que 'duérmase por favor', levantarse a las 7 de la mañana para ir al colegio y acompañarlos a ellos. Yo me desvivo por mis hijos y me encanta poder acompañarlos y criarlos. Me vuelven loca y los amo con todo mi alma. ¿Es un quilombo venir a Uruguay todos juntos? Sí, pero me encanta. Eso es mi cable a tierra: el lío que tenemos en casa.

En los últimos días diferentes personalidades de la cultura y el espectáculo argentino se pronunciaron en relación a algunas medidas del nuevo gobierno. ¿Cómo ves la situación de Argentina actualmente?

Siento que trabajando en el medio no tenemos la responsabilidad de tener que opinar de todos los temas. Muchas veces se me preguntó por un montón de cosas con las que no me inclino ni a favor ni en contra, siento que no tengo la responsabilidad ni la obligación de hablar de ciertos temas que prefiero tal vez no exponer.

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