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No es el mejor momento para entrar a transitar en ese terreno tan delicado por el que circula Peñarol, sin rumbo futbolístico definido y en el que demuestra una clara falta de confianza. Está muy difícil para el aurinegro, que el lunes dejará la punta del Apertura –que pasará a manos de Danubio–, después de la derrota del domingo 2-1 ante Wanderers y los puntos que un tribunal le debe otorgar al franjeado. Además, para ahondar la crisis y la preocupación del hincha, el domingo próximo Peñarol jugará el clásico con la mochila cargada con dos derrotas en las últimas presentaciones y sin Zalayeta que se hizo expulsar tras recibir la segunda tarjeta amarilla en el final del partido.

Peñarol jugó mal otra vez, y ahí radica el gran problema en un momento decisivo del torneo, que se agudiza porque el clásico rival vive horas de esplendor, debido a que Nacional ganó cuatro de los últimos cinco partidos, en otro empató, y quedó a un punto de los aurinegros

En un partido con alto contenido de morbo, porque se registró la inédita situación de que Antonio Pacheco –ídolo de Peñarol– jugó por primera vez frente al club en el que vivió gran parte de su exitosa carrera deportiva, Wanderers encontró en los puntos débiles del rival el camino para llegar a la victoria. Mandó en el mediocampo, dañó por las bandas con Javier Cabrera, y fue letal en el área con el ecuatoriano Richard Mercado, que –pese a que no sabe aprovechar sus casi dos metros de altura para ganar en el juego aéreo– anotó los dos goles de los bohemios, uno de derecha y otro de izquierda, tras yerros defensivos mirasoles que dejaron planteados muchos interrogantes de cara a la recta final del torneo.

La crisis futbolística de Peñarol quedó patentada en los números: tras el primer tiempo los aurinegros se fueron al descanso apenas con una tímida chance de gol, cuando el partido ya estaba 2-0 a favor de los bohemios. En el complemento, con las salidas de Amodio –de mal partido– y de Albín –que no conformó– y el ingreso de Guichón, que se transformó en una pieza importante por el protagonismo que asumió en el juego de su equipo, los aurinegros llevaron peligro a través de los pies de Siles. Pero Wanderers le respondía con lo suyo, y Diogo, que saltó a la cancha a los 59 minutos, agrandaba los dramas en la defensa mirasol.

A los 70 minutos fue expulsado Santiago Martínez, pero Peñarol tampoco supo aprovechar la diferencia de un hombre de más.

El partido, que tuvo un pobre nivel, y que incluyó un repertorio de reclamos y amenazas de los hinchas hacia los jugadores, tuvo el agregado de que un parcial ingresó a la cancha ante la sorpresiva pasividad de la Policía, y Pacheco lo retiró, como si se tratara de un partido de barrio y no de lo que fue, un encuentro del Apertura.

Huele mal Peñarol. No va por buen camino, su juego no transmite confianza y las derrotas comienzan a inquietar, lo que no es una buena señal para el domingo y ni para llegar al título.