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Peñarol tiene todo servido para conseguir algo que no alcanza desde hace 24 años: clasificar a una semifinal de la Copa Santander Libertadores.
El resultado del encuentro de ida lo ayuda, porque no solo sacó una ventaja de dos goles, sino que no recibió ninguno y eso, en estas definiciones en las que los goles de visitante tienen doble valor, puede ser decisivo.
No obstante, tanto el cuerpo técnico liderado por Diego Aguirre, como los propios jugadores, tienen muy claro que la clasificación tras el encuentro del jueves, no será sencilla. Y eso es bueno.
Es que los mejores resultados que cosechó Peñarol en esta edición del máximo torneo continental de clubes los consiguió cuando llegó de punto, cuando lo daban casi liquidado, como sucedió ante Godoy Cruz en Mendoza días después del lacerante 0-3 recibido en Avellaneda ante Independiente, y contra el vigente campeón, Internacional en la casi inexpugnable Porto Alegre.
El ambiente en Santiago de Chile es muy triunfalista. Los hinchas y los propios futbolistas de Universidad Católica, el rival de esta noche, se encuentran muy optimistas de poder superar el 0-2 del resultado de ida. Eso puede jugar a favor de los dirigidos por Diego Aguirre.
No obstante, en el plano futbolístico, las realidades no son tan similares. Peñarol llega casi a los tumbos, sin convencer con la pelota, cometiendo errores importantes, mientras que su rival, que perdió bien en Montevideo con errores determinantes del golero, este jueves contará con todo el andamiaje para hacer su mejor juego. Ese del fútbol atildado y moderno, de toque, rotación y llegada con criterio que mostró en los partidos anteriores del certamen y que logró plasmar por pasajes en Montevideo. El gran tema es que adoleció de peso ofensivo.
Esto no implica nada. No quiere decir que Peñarol está liquidado, que no se malinterprete. Simplemente, que en la noche de este jueves deberá extremar los cuidados y salir a proponer, no defender el 2-0 porque si lo hace le puede jugar muy en contra.
El hecho de anotar un gol sería decisivo para los mirasoles. Porque si anota un tanto obliga a la Católica a convertir al menos cuatro para clasificar.
Como contrapartida, los futbolistas locales manifestaron la importancia que tendría el hecho de poder anotar de entrada un gol para ir luego en busca de más.
En la noche de este jueves Peñarol se encontrará con una cancha espectacular, presentada como en el primer mundo, con un césped muy cortito y regado a full antes del compromiso, para que la pelota corra con velocidad. A ese atributo apuesta Juan Antonio Pizzi con sus futbolistas.
Según apuntan aquí en Santiago, Católica esta noche volará en la cancha. ¿Será tan así? Peñarol tiene una zaga que justamente no es veloz y que tendrá que adaptarse a las características del encuentro. También serán fundamentales los volantes internos como Luis Aguiar –quien sigue con los problemas de pubalgia, pero estará presente– y Nicolás Freitas.
El regreso de Carlos Valdez a la zaga es un arma de doble filo. Porque por un lado se gana en experiencia –que sirve y mucho en estos partidos–, pero también llega tras una inactividad importante que puede ser aprovechada por la doble punta que colocará esa noche el rival trasandino.
Una de las claves para los aurinegros será el nivel que muestre Alejandro Martinuccio con su velocidad, fútbol y sed de gol, y ni que hablar Juan Manuel Olivera, el gran verdugo de la Católica, al cual le convirtió seis goles, cinco cuando defendió a Universidad de Chile, y uno la semana pasada en el Centenario. Por eso, sería trascendente un tanto mirasol para desesperar aun más al rival y poder jugarle de contragolpe para abrir la cancha y llegar con mayor amplitud al arco cruzado.
Será sin dudas un partido atrapante. Peñarol ganó “el primer tiempo” 2-0 y hoy tendrá una oportunidad única: clasificar a las semifinales de la Copa. La historia lo espera a la vuelta de la esquina.