El final del compromiso dejó en evidencia que con un poco más, el equipo carbonero se podía haber traído al menos un empate desde La Paz, ese lugar inexpugnable.
El final del compromiso dejó en evidencia que con un poco más, el equipo carbonero se podía haber traído al menos un empate desde La Paz, ese lugar inexpugnable.
Peñarol le cedió todo el terreno y la iniciativa a su rival. Fue demasiado cuidadoso, al extremo, quizás exagerado.
Tal como estaba estipulado antes del encuentro, el equipo de Ramos jugó con cuatro hombres atrás y por delante de ellos, como volante tapón, Fabricio Formiliano.
El tema es que The Strongest abrió muy bien la cancha, hizo circular la pelota y obligó a los futbolistas de Peñarol a moverse más de la cuenta. Eso en la altura se siente mucho.
Pero más se siente el hecho de regalarle la pelota al rival como hizo el conjunto mirasol. Siguiendo las órdenes de su entrenador, no profundizó absolutamente nada, dejó muy solo a Cristian Palacios quien, obviamente, no inquietó a nadie.
Peñarol jugó muy lejos del área rival, metido en su campo, jugando en zona y saliendo a presionar una vez que su advesario cruzaba la mitad de la cancha.
Para peor, una vez que se hacía de la pelota –que no fueron muchas veces en ese primer tiempo– sus futbolistas se equivocaban de continuo. Así, jugando en cualquier lugar es difícil, pero en la altura, resulta imposible.
Sobre los 19 minutos llegó una jugada bastante insólita. Fue un centro pasado que se iba afuera claramente por el fondo, pero Guillermo Varela le puso la cabeza y fue córner. Ese fue el primer aviso de un error.
El segundo llegó en el propio tiro de esquina. Edison Carcelén, el zaguero de The Strongest, le ganó claramente en el salto a Luis Maldonado –quien jugó por primera vez con Cachila Arias en la zaga central– y su cabezazo no pudo ser contenido por Kevin Dawson para el 1-0.
Antes de eso, Veizaga había probado desde afuera y la pelota se fue muy cerca y un gran tiro libre de los locales hizo que Dawson se luciera.
Peñarol siguió abroquelado atrás aunque luego de estar en desventaja, se soltó un poco, al menos por unos minutos y trató de llegar con criterio.
La única llegada fue un tiro libre que el Cebolla cabeceó mal afuera. Nada más en esos primeros 45 minutos.
Sobre el final del primer tiempo, Palacios –quien estaba amonestado– se salvó de la roja ya que le pegó con su pie derecho en la cara al arquero Peñarrieta, quien no tuvo trabajo alguno.
En la hora, llegó un tiro libre de Jhasmany Campos que pasó zumbando el palo.
Hubo un solo equipo en la cancha. En la altura siempre se hace difícil, pero se esperaba un poco más de Peñarol.
En la segunda parte, The Strongest volvió a ser dominante durante los primeros minutos.
Dawson le tapó el segundo a Escobar a los 58 minutos. Tres minutos después, hubo un penal por mano de Palacios en un tiro libre –estaba en la barrera– que el árbitro desestimó.
La última jugada de peligro de los locales fue un enorme regate de Raúl Castro que luego remató y el balón se fue apenas afuera.
El corazón del Cebolla y el fútbol de Gargano aparecieron sobre los últimos 20 minutos cuando Peñarol cambió la cara.
Formiliano cada vez se erigía más en figura –el mejor de la cancha jugando en la mitad del campo de juego y también atrás– y daba una mano importante en la contención.
Ramos le dio ingreso a Franco Martínez a los 69 minutos y allí Formiliano bajó a la zaga.
Peñarol comenzó a crecer con la pelota y su rival solamente se dedicaba a contragolpear.
El técnico mirasol le había dado ingreso a Gabriel Fernández por un Palacios que no solo hizo muy poco –mal habilitado justo es decirlo– que se salvó dos veces de la roja. El cambio no varió demasiado lo que se había visto.
Pero como se explicaba líneas arriba, el Cebolla Rodríguez comenzó a manejar los hilos en una cancha complicada y resbaladiza y en una de esas jugadas, se la dejó a Giovanni González quien lo tuvo dos veces y lo marró. Fue la única llegada de riesgo de los carboneros en todo el compromiso.
El ingreso de Fabián Estoyanoff en los últimos 7 minutos intentó dar un poco más de aire arriba, pero no se consiguió.
Peñarol utilizó la estrategia de administrar energías y cuando decidió despertar del letargo y atacar, en los últimos 20 minutos, mostró otra cara. Pero la derrota se la llevó igual.