Pequeño mundo hipster
En entrevista con El Observador, la escritora Natalia Mardero, habló sobre Cordón Soho, una novela que refleja parte de la vida nocturna y la juventud montevideana que hasta ahora no había sido mostrada en la literatura
Hay cuatro cuadras de Cordón que despiertan de noche. Que como faros guían y reúnen a cientos de jovenes montevideanos cada fin de semana. Esta es la escena que inspiró a la escritora Natalia Mardero a realizar su nueva novela, Cordón Soho. Allí se ubica a Valentina, una chica en sus veintitantos en idas y vueltas amorosas con dos personas: Carolina y Pablo.
Mardero, cuya última edición fue Gato en el ropero y otros haikus (2012), vuelve a la narrativa con este libro, que además de dar un pequeño vistazo a ese pequeño mundo hipster, con personajes que todos pueden reconocer, Facebook, drogas y rock, ofrece una historia de amor con final no feliz.
“Me parecía que está pasando algo específico ahí, que nadie hacía referencia”, contó en entrevista a El Observador. “Yo que tengo casi 40, cuando tenía 20 el lugar para salir no era ese. Era la Ciudad Vieja o lugares más aislados. No en una zona reducida a cuatro manzanas. Siempre me llamó la atención ese fenómeno. Así surgió”.
Cordón Soho es una novela fragmentada. Los capítulos son como pequeñas escenas en la rutina de Valentina.
La palabra clave es esa. Me estaba dando cuenta a medida que iba escribiendo que la pensaba como una película. Los capítulos funcionan como escenas. De hecho quiero escribir el guión ahora. No hay introspección en los personajes. Es más lo que hacen que lo que sienten o piensan, lo cual es más literario. Los recursos son más cinematográficos: acción, diálogo y cosas bien fragmentadas. Ir al meollo del asunto.
Es muy sintético el libro, con pocas palabras ya se pinta la escena.
Es porque yo escribo así. Soy super sintética. Estoy acostumbrada al cuento corto (su trabajo, Posmonauta de 2001 recibió el Premio Municipal de Narrativa y el Premio Revelación en la Feria del Libro). Para mí escribir 100 páginas fue una odisea. Ahora lo veo así todo chiquitito y digo “pucha, todo lo que me costaste”.
¿Cómo nace el personaje de Valentina?
No sé, me parecía que la gente de esa edad tiene otra libertad. No solo pensando en Valentina sino en todos los personajes. Viven más el día a día y sin estresarse mucho. Bueno, sí pagar la garrafa y esas cosas. No tienen proyecciones a largo plazo. Buscan satisfacer necesidades muy básicas en todo sentido: cosas prácticas del hogar o cuestiones amorosas. En un sentido es egoísta o hedonista. Pasa todo por el yo. Me gustaba que Valentina, si bien forma parte de ese mundo, fuera el personaje que chocara con eso. Porque ella es súper romántica, cree en el amor y todo eso. Me gustaba que el conflicto fuera por ese lado, que ella buscara otra cosa.
¿Mentalmente podría ser una generación más grande?
Sí, capaz que Valentina se parece más a la generación mía que a la suya propia. Tampoco me basé en ninguna persona en particular. Fue una mezcla de gente que ves en la vuelta, en la noche. Cordón es mi ámbito habitual. Cuando salgo a tomar una cerveza o algo termino ahí o en la Ciudad Vieja. Son lugares que conozco. Es mi lugar, salvo que a veces me siento como más grande. Si bien hay gente de mi edad noto que hay una camada nueva que se apodera y le da la identidad a esos lugares. Y está buenísimo. Me siento más una observadora estando ahí.
¿Tal vez por eso refleja también la llamada “cultura hipster”? El libro está repleto de referencias musicales, descripciones de vestuario.
En ningún momento pensé en eso. No me di cuenta que por ahí estaba hablando de ese tipo de jóvenes. Sí cuando estaba describiendo a Pablo. Pero no con el resto. Cuando la gente empezó a leerla me comentaban que era re hipster. Y no me gustaba mucho eso, porque me lo estaban encasillando. Pero sí, tiene algo. Desde la música que escuchan a las referencias culturales.
Sin embargo, más allá del título no hay lugares ni calles detalladas.
No quería hacerla tan temporal. Podría haber puesto referencias de boliches de ahora y si la leen en diez años, la mitad no existen. Obviamente queda como registro de una época pero va a haber gente que no va a entender.
Más allá de las referencias temporales y espaciales, Cordón Soho es una historia de amor. ¿Cómo construiste esa historia?
Desde el principio sabía que la escena final era una charla entre Valentina y Gizmo (uno de sus amigos). Eso lo vi de entrada. Así que de pique sabía que la historia no iba a cuajar. Me divertía que la historia fuera entre Valentina y Carolina, y que no fuera un conflicto que fueran dos chicas. Por esa libertad en las relaciones. La gente más joven no se hace tanto problema si se siente atraído por una mujer o un loco. Me gustaba eso, romper con la idea. Y me parecía que acá no se había escrito desde ese lugar.
¿Desde la falta de prejuicios?
Sí, que sea una historia de amor vista de otro lado. En Argentina los escritores jóvenes son más jugados en ese sentido. Hablan más de la sexualidad ambigua, las drogas y demás. Es una movida sobre todo en las editoriales independientes. Pero acá no hay algo así. Los autores jóvenes son demasiado serios, o quieren parecerse a otros más grandes. Yo tampoco iba a inventar la polvora. Mi primer libro lo escribí chica, a los 23, y quería demostrar que crecí, que tengo otras experiencias y otras miradas. Pero no perder esa cosa honesta y cierta frescura. No sentirme acartonada por las palabras que uso. Siempre traté de hacerlo con tremenda honestidad y ser yo, no querer parecerme a otra cosa. Te podrá gustar o no, te parecerá muy lavado, no sé. No importa. Pero es honesto.
La crítica
Una semana después que fuera realizada esta entrevista, La Diaria publicó una crítica negativa sobre Cordón Soho. Mardero la compartió en su perfil en Facebook y generó una controversia que el diario luego continuó en su sección de cultura.
“La comenté en mi Facebook y a partir de ahí fue como una bola de nieve”, dijo a El Observador. “Mucha gente se puso a opinar del libro, de lo que debe ser una reseña, de la literatura contemporánea, el rol de la crítica, etc.Realmente no me interesaba que se generara eso. Yo opiné en mi muro porque creo que es un espacio personal, y que las leyes de la web no son las mismas que las de un medio de prensa. Mostré mi descontento porque la reseña es lapidaria, escrita con saña y argumentos dudosos, anquilosados. La literatura actual no es la misma que hace cuarenta años. Hay que estar empapado de muchas cosas. Hay que saber leer, no solo los libros, sino el mundo donde se crean. Por otro lado fue mi primera mala reseña en quince años; en el momento me sentí como Lisa Simpson cuando se sacó una B+. Ahora ya es una anécdota. No podés gustarle a todo el mundo y es parte del juego”.