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Disculpá, es para comer”, le dijo el asaltante encapuchado a Fabián, uno de los encargados del Ponte Vecchio. Empuñaba un revólver 357 Magnum, según Eduardo Alcaín, aficionado a las armas y dueño del restaurante. Un segundo delincuente, también encapuchado, apuntaba a un niño de cinco años mientras robaba a sus padres, relató Fabián a El Observador. “Quedate quieto o te quemo”, le decía el tercero a un mozo.

El asalto a Ponte Vecchio en la noche del miércoles, es el cuarto que se produce en menos de una semana a restaurantes y boliches del este de Montevideo. La semana pasada fue el turno del Rodelú, ubicado en la Avenida José Requena y García, en Parque Rodó. En la noche del sábado dos hombres encapuchados asaltaron a mano armada el restaurante Canabara, en la equina de Lorenzo Pérez y Francisco Muñoz, en Pocitos. Tres noches después, dos hombres encapuchados asaltaron a mano armada Tranquilo Bar, en 21 de Setiembre y Roque Graseras, en Punta Carretas. En la noche del miércoles, tres hombres encapuchados asaltaron a mano armada el Ponte Vecchio, ubicado en la calle Rivera, a metros de Simón Bolívar, en la zona del Pocitos Nuevo.

La Policía reconoce que si bien son casos similares, aún no hay suficientes datos para asegurar que los delincuentes fueron los mismos. “Todavía no se puede hablar de una banda”, advirtió uno de los encargados de la investigación a El Observador. Sobre el asalto al Rodelú, que no fue denunciado a la Policía, no hay datos.
De todas maneras, las coincidencias entre los últimos tres asaltos son múltiples. Las rapiñas se produjeron entre la hora 21 y la 23 y duraron entre tres y cinco minutos. Los asaltantes –dos en Canabara y Tranquilo Bar, tres en Ponte Vecchio- entraron encapuchados y con armas de fuego, robaron la caja y huyeron en auto. En Canabara y Ponte Vecchio también robaron a los clientes.

Un vecino de este último aseguró que se fueron en un Chevrolet Corsa gris con la matrícula tapada por un banderín de Uruguay. José Manuel, un vecino de Canabara que presenció la entrada y salida de los asaltantes, dijo que el auto en el que huyeron era azul oscuro. Ignacio, cliente de Tranquilo Bar, contó que vio cómo los asaltantes huyeron en un auto marca BYD de color negro con vidrios polarizados.

Por otra parte, mientras en Canabara efectuaron dos disparos al piso dentro del restaurante antes de marcharse con el botín, en Tranquilo Bar dispararon dos veces al aire luego de salir. En Ponte Vecchio no hubo disparos.
Canabara, Tranquilo Bar y Ponte Vecchio fueron asaltados por primera vez en estos días. Dos marcas en las baldosas del Canabara quedaron como registro de la rapiña. “Ahora tienen que cambiar de nombre”, dijo ayer una señora a uno de los mozos de Tranquilo Bar. “Se cerró un ciclo, comienza otro”, expresó el mozo a El Observador.
Hay una coincidencia más. Dueños, empleados y clientes de Tranquilo Bar y Ponte Vecchio llamaron al 911 para denunciar la rapiña. La respuesta del otro lado del tubo fue idéntica: “Está en comunicación con el 911 emergencia. Nuestros operadores se encuentran ocupados. Aguarde en línea”. El Observador llamó anoche una vez para verificarlo y escuchó el mismo mensaje.
Policías versus bolicheros
Los dueños de Ponte Vecchio y Carbonara se reunieron ayer con el subcomisario de la seccional 10a. “Casi se agarran a las piñas”, relató Maribel Machado, esposa del dueño de Ponte Vecchio y participante de la reunión. Machado relató a El Observador que la tensión aumentó cuando, ante los reclamos de los empresarios, uno de los agentes que participaba de la reunión les gritó: “Tenemos un coche solo (en la seccional)”. Luego, el mismo agente les recomendó a los dueños de los restaurantes asaltados que no miraran “la fantasía de los noticieros”. “Hubo que apartarlos”, comentó Machado.