Rectificación: Ishaq se salvó de la horca pero volvió a ser detenida
Información de último momento indica que la joven médica volvió a ser detenida por el régimen
El Tribunal de Apelación de Jartum canceló la condena a pena de muerte que había dictado contra una mujer de 27 años por convertirse al cristianismo, sentencia que fue criticada por los máximos líderes de Occidente. Aunque la mujer se haya salvado, la persecución religiosa está más que vigente, al punto que el papa Francisco dijo días atrás que hoy “hay más cristianos mártires que en los primeros siglos”.
Cuando todo parecía que había pasado, las autoridades sudanesas han vuelto a arrestar a la joven doctora sólo 24 horas después de que se anulara su condena de muerte. Se desconoce ahora su paradero.
Mariam Ibrahim Ishaq, de 27 años, fue sentenciada a la horca el pasado 15 de mayo, aunque la Justicia sudanesa le ofreció dos años hasta cumplir la pena para que pudiera amamantar al bebé del que en ese momento estaba embarazada y que nació el 27 de ese mes en la cárcel. Su delito supuestamente fue la apostasía, por convertirse del islam al cristianismo.
Pero la joven lo rechazó desde un primer momento, argumentando que, de padre musulmán y madre cristiana, nunca había profesado el islam porque había sido educada por su madre, ya que el padre estuvo ausente del hogar.
El argumento no convenció en primera instancia a los jueces, que además la condenaron a 100 latigazos por adulterio debido a que, según la interpretación sudanesa de la sharia, así se consideran las uniones entre una musulmana y un hombre no musulmán. En efecto, el marido de la joven es Daniel Wani, un estadounidense que nació en Sudán del Sur y que profesa el cristianismo.
Desde su condena, Ishaq fue encarcelada y después de dar a luz fue trasladada de la celda que compartía con su otro hijo de 20 meses y otras mujeres a una zona de clínica dentro de la prisión. De allí fue liberada ayer, según informó su abogado Mohamad Mustafa, que junto con otros cuatro especialistas en derechos humanos se estaba encargando de la defensa de la joven gratuitamente.
Según indicaron, el nuevo veredicto considera que el anterior estaba basado en “pruebas débiles y contradictorias” y que hubo un error de procedimiento al anular el matrimonio entre Ishaq y su marido cristiano.
Un drama más que actual
Si bien Ishaq en este caso se salvó, el suyo ilustra una realidad que por momentos es desconocida: la de los cristianos que mueren a causa de su fe, una parca que llega a una personas cada cinco minutos, según una estimación del sociólogo italiano Massimo Introvigne a base de los datos de David Barret, considerado uno de los mayores especialistas de estadísticas religiosas.
Recientemente Introvigne, fundador y director del Centro de Estudios de las Nuevas Religiones, declaró que el tiempo de los mártires en realidad “es este”. “Desde la muerte de Jesús hasta nuestros días han sido unos 70 millones, pero de estos, 45 millones (más de la mitad) se concentran en el siglo XX y en lo que va del siglo XXI”, estimó.
Esta discriminación que lleva a la muerte proviene en la mayoría de los casos del fundamentalismo islámico, luego de los países influenciados por la ideología comunista y en seguida, por aquellas zonas de nacionalismos con fondo religioso, principalmente en áreas de África y de Asia.
El viernes pasado el papa Francisco recibió a los participantes de un congreso internacional sobre libertad religiosa según el derecho internacional y el conflicto global de los valores y recalcó justamente este tema. Denunció que es “incomprensible y preocupante que, aun hoy, en el mundo permanezcan discriminaciones y restricciones de derecho por el solo hecho de pertenecer y profesar públicamente una determinada fe”.
“Las persecuciones contra los cristianos hoy son aun más fuertes que en los primeros siglos de la Iglesia, y hay más cristianos mártires que en esa época”, sentenció Francisco. Sus declaraciones, aunque fuertes, no son nuevas. Se trata de un tema al que recurre con cierta frecuencia y en el que también insistían sus antecesores, Benedicto XVI y Juan Pablo II.