Rehenes de Israel y de Hamas
Los civiles quedaron involucrados en el conflicto sin posibilidad de escapar o de protegerse
Interrumpir una conversación telefónica para escuchar el ruido de aviones F-16 y el zumbido de drones no es normal. Tampoco lo es que el entrevistado diga que está dispuesto a retomar el diálogo en el futuro si sobrevive, y mucho menos es saber que esa amenaza es real. El hombre del otro lado de la línea se llama Ahmad Yacoub y vive en Gaza.
Padre de tres hijos y poeta, es un buen canal para conocer a la lejanía la vida que por estos días tienen los que habitan en esa zona de los territorios palestinos, desde el 8 de junio involucrados en una ofensiva del Ejército de Israel contra los extremistas de Hamas que viven en esa zona.
Yacoub vive en un edificio de 12 pisos y hace unos días uno de sus vecinos recibió una llamada de un general del Ejército que le pidió que evacuaran el local. Bajaron a la puerta y después de una o dos horas recibieron otra llamada que anunciaba el fin del peligro y volvieron a su casa.
“Entendimos que es un juego de nervios, una guerra psíquica. Sin embargo, tenemos miedo y desconfianza y tememos que bombardeen el edificio. Pero no tenemos adónde ir: las escuelas están llenas, las iglesias también y las mezquitas están siendo bombardeadas”.
Aunque la escena se repite desde hace días también en Israel, de ese otro lado de la frontera al menos suelen tener un lugar donde refugiarse o la posibilidad de escapar hacia otro lado. En Gaza esas chances no existen. En Gaza son todos rehenes.
Renehes de Hamas, porque si bien ese grupo ganó las elecciones de 2007 de modo justo y democrático, en su ejercicio de gobierno no cumplió con las promesas y, por el contrario, adoptó prácticas antidemocráticas. Cuando la gente se rebeló en su contra en 2007 y 2008, la represión fue tan grande que nunca más hubo oposición.
“Yo no los voté ni los defiendo, pero ahora la causa es diferente. La gente no siente que la guerra sea en contra de Hamas sino en contra de toda la población en Gaza, porque la mayoría de los muertos son civiles”, comenta Yacoub, que es secretario de la Unión de Escritores Palestinos. “En mi barrio y entre mis amigos no veo gran apoyo a Hamas, sino repudio, furia y rabia contra Israel porque lanza esta agresión contra todos nosotros”, agrega.
Gaza tiene frontera con Israel y con Egipto y ambas están cerradas. Solo cruzan por Egipto los extranjeros y los heridos.
“Según las leyes internacionales, en situación de guerra la gente tiene derecho a refugiarse en países vecinos, pero aquí el pueblo no tiene salida, no tiene adónde ir. Yo estoy en casa, no sé cuándo la van a bombardear, no puedo poner fin al bombardeo israelí ni decirle a Hamas que no lance cohetes”.
Pero también se sienten rehenes de Israel.
“La gente siente que Israel está manejando un castigo masivo para que la gente se rebele contra Hamas. Es como en la escuela, cuando los maestros castigan a toda la clase porque uno es malcriado: eso no resuelve los problemas”, contesta Yacoub ante la pregunta de si considera que Hamas es responsable por lo que sucede a los gazatíes.
¿Escudos humanos?
Yacoub niega esa acusación que Israel hace de Hamas. “Al principio de la agresión, Israel avisó a una casa que iba a ser bombardeada y la gente subió al techo. Un canal de TV entrevistó a un portavoz de Hamas y este dijo que la población se solidarizaba con ellos y que él estaba de acuerdo. Eso fue el pretexto para Israel, pero nosotros no sentimos que somos escudos, sino que somos rehenes de la muerte de Israel. A mí nadie me dijo que no saliera de mi casa o que fuera un escudo. Pero la gente se solidariza, sobre todo por nobleza”.
Y agrega que la población se siente desprotegida y con la incertidumbre de no saber qué zona puede ser atacada ni por qué motivo. “Nadie sabe dónde hay nada porque esas cosas (los arsenales de Hamas) están bajo tierra. Los barrios civiles no tienen manera de informarse o saber”, agregó.
Yacoub explica que ese zumbido que se oye de fondo es de los drones, aviones no tripulados de Israel que sobrevuelan constantemente Gaza para sacar fotos y filmar todos los movimientos de la gente. Detalla, además, que durante 40 años hubo en todas las zonas de la franja oficiales de la ocupación israelí y “directores civiles” en cada cuadra. Al día de hoy tienen colaboradores o soplones y, por lo tanto, “saben muy bien que nadie es escudo”.
Como buen hombre de letras, Yacoub pide exponer su punto con una analogía y menciona al comando de EEUU que cruzó los mares y fue a buscar a Osama bin Laden.
“Lo mataron, pero no así a sus niños o esposas, que tiene más de una. No bombardearon la casa donde él estaba. Vamos a suponer que hay terroristas de Hamas en Gaza con la peligrosidad de Bin Laden. ¿Qué culpa tienen sus hijos, sus mujeres, sus vecinos? EEUU tampoco castigó a Arabia Saudita, su país de origen. Esta política de castigo general es de mentalidad colonial que reina en la política militar israelí. El castigo colectivo no da soluciones a nada”, apunta.
Y así como incomoda escuchar los zumbidos de los drones de fondo durante toda la conversación, duele despedirse de alguien que asegura que vive de casualidad y teme por su futuro. Alguien que repudia la violencia de ambas partes y que no tiene un lugar donde protegerse cuando los bombardeos arrecian.
“Le confieso de todo corazón y quiero que lo apunte como testimonio histórico: tengo el presentimiento de que va a haber una masacre colectiva y que va a haber un genocidio y no voy a sobrevivir. Tengo fe y amo a la vida, pero hasta el momento vivo por casualidad. Viví el 2008, 2009, 2012 y ahora. No sé cómo estamos vivos. Pero siento que el corazón se me va partiendo cuando veo niños carbonizados, hechos pedazos y en seguida imagino a mis tres hijos que enfrentan este destino. No quiero que ellos sigan así. Pero no tengo alternativas. Quiero vivir con dignidad, no quiero morir”.