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“Chavo, acá estás en el Iname”.

Cuando Gustavo Díaz asumió la dirección técnica de Cuarta de Defensor Sporting, los jugadores le dieron la bienvenida con esa frase. Uno de los integrantes de ese equipo era Federico Pintos, el enganche del equipo. De entrada chocó con el entrenador: “Yo no juego con enganche”, le dijo. Sin embargo, de la mano del mismo técnico pero en otra posición –doble cinco–, Pintos se convirtió, por amplia diferencia, en la revelación de la temporada 2011-2012.

“Lo conocí en la Sexta cuando el equipo fue a jugar varios partidos contra selecciones sub 15 de OFI”, contó Jorge Blanco, integrante de la comisión de fútbol violeta.

“Ya tenía pasta de gran jugador y se movía como un 9 atrasado”, agregó.

Esa división la dirige Rosmán Silva, uno de los moldeadores de su talento: “Era un armador de fútbol brillante, con mucha visión de juego”.

Pintos, primo por parte de padre de Pa-blo Pintos y de Diego Rolan por parte de madre, llegó a los violetas con 10 años y se formó en la escuelita del Profe Santos.

Nació en Colón en un entorno social y familiar complicado. Pero llegó al club indicado: “En Defensor, al que no tiene para comer se le da comida, al que no tiene para el boleto se le ofrece un viático; se entrena de tarde para que el jugador estudie de mañana y además hay una persona que realiza un seguimiento de los estudios”, contó Silva.

“Fede es uno de esos chicos que el fútbol rescató porque tuvo que sobreponerse a un entorno complicado. Su padre tuvo una vida muy dura y falleció joven”, explicó.

“Tuve la desgracia de perderlo hace un par de años”, contó el futbolista. Se llamaba Julio Pintos. Jugó en River Plate, Uruguay Montevideo y en el fútbol brasileño.

Pintos, de 19 años, siempre quiso ser futbolista. Siguió a su hermano mayor en el baby de Cádiz Real y agradece todo lo que su tío, Ney Álvarez, hizo para hacer su sueño realidad. “Quería llegar para ayudar a mi madre que siempre la luchó para que esté bien”, dijo. A corazón abierto.

Fanático de las Llamadas, le pega al chico, y de la plena (“aunque también en la concentración escuchamos NBA y Bola 8, porque sino el Bocha se enoja”), Pintos se ganó su lugar en Primera. De la mano del Chavo. Al que se la hicieron difícil en la

Cuarta que terminó campeona. “En aquel momento no estaba tan maduro, no entrenaba tanto y choqué varias veces con el técnico, pero después se dio una linda relación”, confesó. Tanto que el DT se la jugó por él y el chiquilín la terminó rompiendo.