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Para bien o para mal, China tomó la delantera cuando hace dos semanas anunció que prohibirá a los menores de 18 años acceder a internet por la noche con sus teléfonos móviles y limitará su tiempo de conexión, según la legislación presentada.

Mientras en el mundo se debaten los efectos negativos que tiene en los menores una alta exposición a los videojuegos, plataformas y redes sociales, Beijing anunció que el nuevo marco legal entrará en vigor a partir del 2 de septiembre próximo.

Según lo anunciado, las agencias encargadas de regular el ciberespacio introducirán un sistema para limitar el tiempo diario de conexión en teléfonos inteligentes. Los jóvenes de 8 a 16 años podrán conectarse dos horas, y los menores de 8 años, sólo hasta 40 minutos.

Las nuevas reglas están entre las más estrictas del mundo en este campo, aunque los padres podrán desactivar las restricciones si lo desean. El objetivo es “crear un entorno de internet seguro y saludable para los menores”, según el organismo administrativo.

Pero, ¿qué significan las nuevas restricciones al uso infantil y juvenil de Internet? Ya en 2021, los padres de todo el mundo miraban a China con un poco de envidia, pues había instituido un estricto límite de tres horas a la semana para que los niños jugaran con videojuegos.

Desde entonces, también exigió que las plataformas de redes sociales similares a TikTok seleccionaran un conjunto de contenidos muy filtrados para los usuarios menores de 18 años, mientras limitaron su tiempo frente a pantallas y su gasto en las aplicaciones.

Ahora, Beijing decidió ir más lejos. Lo anunciado a principios de agosto intensifica el régimen actual para convertirlo en un amplio conjunto de restricciones y normativas sobre el uso de los menores para todas las aplicaciones.

El objetivo es limitar los contenidos apropiados para diferentes edades en los móviles, relojes inteligentes y altavoces, entre otros dispositivos. Los lineamientos figuran en el documento titulado “Directrices para la construcción de modelos de internet para menores”.

En esencia, es un sistema de control parental multiplataforma y multidispositivo, dirigido por el gobierno y planificado por las autoridades. Las normas anteriores reclamaban la cooperación de las empresas de aplicaciones.

Ahora, el gobierno exige que desarrolladores de aplicaciones, proveedores de tiendas de aplicaciones y fabricantes de smartphones y otros dispositivos inteligentes coordinen entre sí para desarrollar una “modalidad para menores” integral.

En principio, la regla se aplicaría a las empresas chinas, aunque se pediría a gigantes tecnológicos occidentales como Apple y Samsung que cooperen con el sistema. Las normas son muy específicas. Los menores de ocho años sólo podrían usar dispositivos inteligentes durante 40 minutos por día y acceder a contenidos sobre “educación elemental, aficiones e intereses, y educación en artes liberales”.

A partir de los ocho años, podrían pasar hasta 60 minutos frente a sus pantallas y acceder, en este caso, a “contenidos de entretenimiento con orientación positiva”.

La razón de que las directrices sean tan detalladas, al prescribir los productos que las empresas tecnológicas tienen que crear para los usuarios menores de edad, es que el gobierno aumente la aplicación de la ley y elimine lagunas, como las que los jóvenes exploran para sortear las restricciones.

En lo inmediato, las normas fueron bastante eficaces. Un año después de que se establecieron los límites de tres horas de juego a la semana, el 77% de los jugadores jóvenes había reducido el tiempo de juego semanal, según una encuesta realizada en 2022 por Niko Partners, una empresa de investigación centrada en el mercado asiático de videojuegos.

También los resultados de Tencent, una multinacional china cuyas subsidiarias proveen productos y servicios de internet, desarrollan inteligencia artificial y ofrecen servicios de publicidad, mostraron un “drástico descenso de la horas y gastos en juegos” del orden del 90% en el primer trimestre de 2023 con relación a tres años atrás, explica Xiaofeng Zeng, vicepresidente de Niko Partners.

No obstante, hecha la ley, hecha la trampa. De entre los jugadores encuestados en 2022, uno de cada tres declaró jugar más de tres horas a la semana, sobre todo con las cuentas de sus familiares adultos.

Aunque algunas empresas, como Tencent y NetEase, empezaron a utilizar el reconocimiento facial para verificar la identidad del jugador, la mayoría de los desarrolladores de videojuegos aún no pueden hacerlo. Además, niños y adolescentes también impulsan el crecimiento de las plataformas de alquiler de cuentas de juego, que tienen menos incentivos o conocimientos tecnológicos para filtrar a los usuarios menores de edad.

Para cerrar las filtraciones, Beijing decidió ahora avanzar hacia un sistema técnico estandarizado que permite a las instituciones, ya sea el gobierno o las empresas tecnológicas privadas, tener un gran control, casi de principio a fin, sobre los jóvenes en áreas que van más allá de los videojuegos.

Según los especialistas, uno de los principales obstáculos para estas normas es que son difíciles de aplicar de manera técnica. No obstante, añaden que la detallada planificación china del “modo para menores” podría ser instructiva para otros gobiernos interesados en traducir las preocupaciones por la seguridad infantil al lenguaje del desarrollo y la regulación de aplicaciones.

La iniciativa de Beijing, aunque se la pueda considerar adecuada, tiene un lado problemático. La privacidad de los usuarios. La razón es sencilla. En el caso de Tik Tok, por poner un ejemplo, la plataforma debería identificar a cada uno de ellos. ¿Estarán los padres de los menores de acuerdo con que una empresa privada o estatal guarde datos de sus hijos?

Si en el mundo occidental la posibilidad parece lejana, Beijing ya estaría en condiciones de hacerlo. El gobierno creó un completo sistema nacional de verificación de identidades que las empresas de juegos y redes sociales utilizan para descubrir las cuentas de los usuarios menores de edad.

Al fin y al cabo, subrayan los especialistas, se trata del mismo sistema técnico que protege a los niños de cualquier daño, censura las expresiones en línea y recopila enormes cantidades de datos personales. El tema, obviamente, no es menor y deja flotando una pregunta crucial: ¿hasta qué punto nos sentimos cómodos inclinando la balanza hacia el lado del control centralizado, en lugar de la toma de decisiones individual?

 

(Con información de agencias)

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