ver más

En tiempos en que, como dice una publicidad, el diferente es el nuevo normal y en los que casi hay más riesgo de morir asfixiado en la cola de un shopping para adquirir un plasma con descuento que esbozando consignas revolucionarias, cuatro estudiantes de Humanidades planean una rebelión disparatada. El porqué de su plan no lo tienen muy claro, salvo que buscan probar un Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur, nombre del nuevo trabajo del joven dramaturgo Santiago Sanguinetti. La obra, ganadora de la Convocatoria Abierta a Espectáculos Teatrales 2013, está en cartel los fines de semana en la sala Zavala Muniz del Teatro Solís.

Mientras de fondo suena insistentemente la música de Calle 13, los estudiantes se juntan en un apartamento en el que cuelgan pósteres de inspiración socialista, para planear una masacre en la Facultad de Humanidades. Como justificación a su procedimiento mezclan el pensamiento de José Carlos Mariátegui, Carlos Quijano y el dadaísmo, pero con la resignificación propia de un pastiche posmoderno. “Ellos se quedaron con la cáscara de esas ideas de izquierda”, explica Sanguinetti.

Se trata de una comedia negra con frescas actuaciones, diálogos que alternan el lenguaje coloquial con un cinismo al ritmo de sitcom y que bebe, como fuentes de inspiración, de las matanzas en centros educativos y de las reflexiones de Sandino Nuñez sobre el “nuevo uruguayo” (quien para Sanguinetti es “una de las mentes más brillantes” del país, aunque en la obra un personaje insista con asesinarlo). La reflexión de los jóvenes es que si Uruguay está en el primer mundo, entonces hay que cometer una locura semejante a las que se desarrollan en los países desarrollados.

La obra acierta en la forma en que retrata a esa generación que nació después del abandono de las ideas-fuerza que movilizaron a sus padres, en un contexto social de hiperconsumo y de masificación del síndrome de Peter Pan. “¿Qué nos quedó después de que se abandonaron esos grandes relatos?”, se pregunta Sanguinetti, de 27 años, y responde: “Nos quedó pura estupidez”.

Este conflicto generacional, que transparenta una situación de casi desamparo en los personajes, queda de manifiesto en la escena en la que juegan al juego de la copa para invocar el espíritu del Che Guevara y uno de ellos le narra cómo el mundo se transformó en la antítesis de lo que el guerrillero argentino había soñado. A la imagen se le agrega la siempre oculta figura de los bebés, hijos de los protagonistas, de los que nunca se sabe si están vivos, si lloran o si duermen, como si la estupidez de sus padres hubiera mutado en ellos en simple apatía.

No obstante el talante crítico de la obra, el autor se defiende contra aquellos que casi lo acusaron de “fascista”. “Quiero que quede claro que creo que la única alternativa en términos políticos es la izquierda. Pero hubo cosas que han cambiado y que lo han hecho tergiversando esos ideales. La pérdida de esos ideales es lo que me causa dolor”, señala Sanguinetti.

La trilogía

La obra es el primer volumen del proyecto Trilogía de la Revolución, cuyo germen se originó durante la estadía del dramaturgo en la Sala Beckett en Barcelona durante 2011. Mientras la primera parte transcurre en América del Sur, la segunda, titulada Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, se estrenará entre finales de este año y principios del próximo. La tercera estará ambientada en América del Norte y Sanguinetti la escribirá este año.

La trilogía representa un quiebre en la obra del autor, ya que se aleja de su trabajo más poético. “En el prólogo de Ararat yo decía que el teatro no es político. Pero hay obras como las de Guillermo Calderón o Lola Arias que mezclan la ficción con la política y me movilizan mucho. Yo quise tomar algo de eso, reelaborándolo a mi manera”, reflexiona.

Afortunadamente, la primera incursión del dramaturgo por los terrenos farragosos de las revoluciones posmodernas dejan, en contraposición al título de la obra, un trabajo que verifica la existencia de vida inteligente en el Cono Sur.

Seguí leyendo