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Don Rigoleto se vino desde Italia para escapar a la Segunda Guerra Mundial y cuando llegó a Uruguay, se fue a vivir a Rivera.

Con el paso de los años se mudó al Cerro de Montevideo y a partir de allí, su hijo Jacko conoció a Yudid. El primogénito de esta pareja –que tuvo cinco hijos más– es el protagonista de esta historia.

Matías Rigoleto tenía siete años y un día fue a la feria con sus padres. Había un hombre con un cartel y la mamá se paró a leerlo: "Se buscan aspirantes de las generaciones 1995, 1996 y 1997 para Rampla Juniors". A los pocos días fue a entrenar y a partir de allí, no se despegó más de esos colores.

Hoy tiene 22 años y viene de hacerle dos goles Juventud para un triunfo trascendente, el segundo de ellos, de alta factura técnica.

"Capaz que si no era por ese cartel que vio mi madre, hoy no estaría jugando al fútbol", explica Matías a Referí.

La única vez que se separó un ratito de Rampla fue a los 20 años. Jugaban un partido de Tercera ante Peñarol y había ojeadores de Inter de Porto Alegre que habían ido a ver a unos futbolistas aurinegros. Pero él y Camilo Cándido anduvieron tan bien que les pidieron que se fueran a probar suerte a Brasil. Se fueron en ómnibus hasta allá. El cuerpo técnico brasileño quedó conforme, pero finalmente no se llegó a un acuerdo. Entre otras cosas, porque allá se dieron cuenta de que iban para la filial de Inter y no al equipo principal.

"Los primeros días posteriores fue un poco un bajón porque es obvio que como todos, íbamos con ilusiones. Pero soy muy centrado y volví a Rampla, tuve continuidad y todo siguió sus carriles", explicó.

Su debut se produjo cuando apenas tenía 16 años. Entró en el segundo tiempo contra Deportivo Maldonado por la Segunda división.

A esa edad cobró su primer sueldo en Rampla, pocos días después de haber debutado con el plantel principal.

"Con ese primer sueldo me compré sábanas. En mi cama no tenía, pero era de relajado que era nomás. Me acostaba sobre el colchón y me tapaba con una frazada", recuerda.

Su padre trabaja en un molino y su mamá en una empresa de bolsas. Hace un tiempo, ahí mismo en el Cerro, compraron un terreno más grande y se dividieron en dos casas. Pero son muchos allí viviendo porque están sus cinco hermanos y además una de sus hermanas tiene familia, por lo que él también a veces colabora con parte de su sueldo.

"Siempre intento ayudar porque somos muchos. Trato de dar el ejemplo. Cuando puedo, aporto", explica.

El técnico que más lo marcó en su carrera fue Fernando Barboza, fallecido muy joven y exdelantero de varios equipos, entre ellos, Rampla, en dos ocasiones.

Según cuenta "me marcó mucho porque me enseñó bastante ya que jugaba en mi puesto. Lamentablemente, murió. Algunas mañas que tengo las aprendí de él y del Turbo Vargas que era mi compañero".

En la Escuela 95 del Cerro era buen alumno, pero ya el liceo no le gustaba mucho y se escapaba. "Mis viejos me amenazaban que si no seguía estudiando, no iba a ir más a las prácticas", sostiene.

Después de nueve años, en mayo pasado Rampla le ganó a Cerro con un golazo de Matías en el Tróccoli.

"Lo disfruté, pero tranquilo. No soy de los que me enloquezco porque las cosas me salgan bien. Aunque un partido así, se disfruta más. Tengo amigos de Cerro y me gastan. Me pidieron que tratara de no hacer goles, y después del partido, se querían matar", dice entre sonrisas.

Pero la vida también le sonríe desde otro punto de vista, porque en un mes se va a vivir solo en una casa que compró gracias al fútbol. ¿Dónde? En el Cerro, por supuesto. Es que Matías es un producto genuino de esa zona a la que ama con todo.

Pero también es papá desde hace un año y medio. Su hijo se llama Román –sí, por Juan Román Riquelme, el exnotable jugador de Boca Juniors– ya que le gustaba "mucho" y era "uno de mis ídolos".

"Me cambió la vida, soy más responsable. Cuando llego a casa me saluda, va a buscar una pelota y viene a jugar conmigo", cuenta orgulloso.

La única vez que lo sacó a la cancha como mascota fue ante Peñarol el día de los tiros en el baño de la Ámsterdam. "No me asusté porque cuando se suspendió el partido, fui al vestuario, me comuniqué con mi padre y ya se lo habían llevado al auto".

Pero Riquelme no es su único ídolo. "En 2007 mi ídolo era Omar Pérez y hoy lo tengo como ayudante técnico. Me gasta siempre: 'Pensar que antes salías conmigo como mascota y ahora te mandoneo', me dice", explica.

A Matías le gustó esta última convocatoria del Maestro Tabárez para la selección: "Me gustó porque me sorprendió que llamara a Federico Valverde a la mayor siendo tan joven. Es flor de jugador. A mí me encanta (Edinson) Cavani. Es un fuera de serie, porque no solo hace goles, ayuda a todo el equipo, es muy sacrificado, y en su club hace lo mismo".

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