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AFP

Ernesto Londoño

Para los profesores, el aumento súbito de la violencia en Río de Janeiro a menudo ha significado tomar una decisión imprevista de vida o muerte: cancelar las clases debido a las balaceras en las cercanías o no.

Para los oficiales de policía, ha significado sepultar a 119 de los suyos en lo que va del año y entregar cada vez más territorio a los grupos de narcotraficantes que han reiniciado las ventas al aire libre en las favelas, comunidades atestadas que fueron declaradas "pacificadas" hace apenas algunos años.
. Muchos residentes comunes de esta ciudad de unos 6.5 millones de habitantes planean sus viajes diarios revisando apps que divulgan reportes en vivo de balaceras.
A poco más de un año desde que Río de Janeiro montó unos Juegos Olímpicos de Verano en gran medida exitosos, está plagada de un aumento en la anarquía que evoca sus periodos más oscuros en los años 80 y 90. Durante los primeros nueve meses de este año fueron asesinadas 4.974 personas en el Estado de Río de Janeiro, un aumento del 11% comparado con el año pasado, de acuerdo con estadísticas del Gobierno estatal.

Ante un déficit presupuestario y cárteles de las drogas cada vez mejor armados y organizados, los funcionarios de Río de Janeiro han recurrido al Gobierno federal en busca de un rescate y al Ejército en busca de respaldo.
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"A medida que se reclamaban territorios en las favelas de los narcotraficantes, se necesitaba crear empleos", dijo Monica de Bolle, del Instituto Peterson de Economía Internacional. "Había la expectativa de que iba a haber una inversión masiva en proyectos sociales en las favelas, y entonces el dinero se acabó completamente".
Los fiscales federales afirman que funcionarios estatales, entre ellos el ex Gobernador del Estado Sérgio Cabral, convirtieron el gasto en los Juegos Olímpicos en un ejercicio de fraude, al desviar cientos de millones de dólares.
Una tarde reciente en Jacarezinho, en el norte de Río de Janeiro, hombres jóvenes armados con rifles se encontraban parados en los puntos de entrada de un sector controlado por narcotraficantes. Los escolares caminaban por calles atascadas y estrechas. Los puestos de frutas y verduras compartían espacio en las banquetas con mesas donde los vendedores ofrecían pequeñas bolsas de cocaína y mariguana.

Los residentes comunes en este lugar hablan con desánimo tanto de la Policía como de los grupos de narcotraficantes. Entre enero y septiembre, al menos 800 de las personas asesinadas en el Estado fueron muertas a tiros por oficiales de policía.
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"Vienen a nosotros con un discurso de que hay una guerra", expresó Ana Paula Oliveira, activista comunitaria cuyo hijo de 19 años fue abatido por la Policía en el 2014. "Pero esto no es una guerra. Es una masacre de personas pobres que viven en las favelas. Para asegurar que la élite disfrute de seguridad, es necesario matar a los pobres".

Pero las áreas exclusivas de Río de Janeiro no se han librado del todo. Dos turistas fueron baleadas este año, una de ellas una española que fue muerta por un policía en octubre. La Ciudad perdió unos 200 millones de dólares en ingresos del turismo entre enero y agosto.

Roberto Sá, Secretario de Seguridad del Estado de Río de Janeiro, dijo que para una mejor seguridad, "necesitamos recursos financieros que el Estado no tiene a su disposición".

Operación de 3.000 hombres captura al capo de la droga de la mayor favela de Rio

Uno de los narcotraficantes más buscados de Brasil fue detenido el miércoles 6 de diciembre en Rio de Janeiro, en el mayor golpe al crimen organizado desde la llegada de miles de militares a fines de julio, para enfrentar la violencia en este estado brasileño en bancarrota.

"El traficante Rogério Avelino da Silva, o Rogério 157, fue detenido en la comunidad de Arará, en la Zona Norte, en una operación integrada de las fuerzas de seguridad (...) con apoyo de las Fuerzas Armadas", informó la Secretaría de Seguridad del Estado de Rio (Seseg) en su cuenta de Twitter.

Unos 3.000 efectivos participaron en la operación, durante la cual los militares cercaron las comunidades de Mangueira, Tuiuti e Arará/Mandela, en tanto que la policía se adentraba en las intrincadas calles de esas aglomeraciones.

. 'Rogério 157', de 35 años (cumplirá 36 el 24 de diciembre), era considerado como el jefe del tráfico de drogas en La Rocinha, la mayor favela de la ciudad, que se extiende sobre un morro de la rica zona sur.

Medios brasileños publicaron 'selfies' de agentes sonrientes, ostentando sus armas, en torno al detenido sentado, por cuya captura se ofrecían 50.000 reales (unos 15.000 dólares).


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