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Visto desde afuera, el jazz se puede considerar una música elegante, incomprensible, snob o incluso aburrida. Aquellos que saben disfrutarla son conscientes que no hay nada más alejado de la realidad, y que si bien los distintos géneros dentro de este estilo de música pueden llegar a ser abismalmente diferentes, muchas veces la grandeza reside en una cuestión de matiz.

En los últimos meses están pasando por Montevideo algunos de los mayores astros del panorama internacional del jazz, y el pasado lunes le tocó la posta a Ron Carter, uno de los contrabajistas más notables de ayer y hoy. De avanzada edad, y larguísima carrera, su biografía ya es parte de la historia del jazz. Carter se graduó de la escuela de música en 1959, y solo cuatro años después ya alcanzaba la fama cuando Miles Davis lo invita a tocar con su banda junto al piano de Herbie Hancock y la batería de Tony Williams.

A partir de ahí sus colaboraciones no han cesado: Chet Baker, Eric Dolphy, Bill Evans, John Coltrane, Cick Corea, Thelonious Monk o Sonny Rollins son algunas de las figuras que han compartido escenario o estudio con él. Carter es fecundo, tanto que se le considera el contrabajista más grabado, habiendo colaborado en más de 2.500 grabaciones, y habiendo compuesto más de 130 temas originales.

Es así que el auditorio Nacional Adela Reta estaba expectante para ver a una leyenda viva que apareció emanando tranquilidad, con esa sonrisa canchera que tantos jazzmans dibujan en sus caras, espigado, envidiablemente elegante y apoyado en un bastón.

La leyenda del contrabajo
Ron Carter saludó con voz de locutor de radio de programa de medianoche, y la música no se hizo esperar. Se sentó en un taburete alto y tomó su contrabajo que, en la forma en la que estaba iluminado parecía forjado en oro. Al piano estaba el nicaragüense Donal Vega, y a la guitarra Rusell Malone, un reconocido valor que junto a su Gibson ha acompañado a músicos de la talla de BB King, Sonny Rollins o la cantante Diana Krall.

En la intro, la tríada ajustó los motores no sin algún pequeño desencuentro musical, para arrancar con Candelight, tema que Carter había interpretado con Jim Hall en su disco Telephone, y que en esta ocasión culminó con la guitarra de Malone cantando un largo, dulce y sinuoso solo.

La sensación de ver al contrabajo, un instrumento rítmico y tradicionalmente orientado al acompañamiento, dirigir el rumbo de la composición, resultaba en ocasiones un desafío para el oído, ya que debía competir con el piano y una guitarra con gran peso melódico. Sin embargo, esta sensación se diluyó a medida que la música iba llenando todos los espacios del auditorio, arrastrando con suavidad a la audiencia.

En el segundo tema Carter continuó en un registro tranquilo, explicó que venía de Brasil. Aprovechó para saludar a sus amigos brasileños, entre los que seguro que está el enorme Milton Nascimento, con quien ha tocado algunas veces.

My Funny Valentine fue el estándar que vino en tercer lugar, y el primero de varios ecos de Chet Baker y Frank Sinatra. En este punto, Carter ya hacía un buen rato que con los ojos cerrados vibraba tocando su contrabajo como si fuera un cello, y como si en lugar de manos tuviera un arco. Este crucero de más de 10 minutos culminó guiado por el solo del piano, para terminar en territorio brasileño.

La samba de Orfeo fue la puerta por la que Carter entró de lleno al mundo de la bossa, y donde se mostró con más claridad como instrumento principal y melódico. Pero su paseo por sonidos más cercanos a la geografía uruguaya fue de vuelo rasante, porque en el último tema regresó a estándares más clásicos con Soft Winds, una pieza mucho más rítmica, que en la parte del final se aceleró y trajo aromas de Django Reinhardt, haciendo que más de uno se agitara en su asiento con ganas de levantarse a bailar charlestón.

El Auditorio del Sodre se levantó al completo para pedir el bis, y los músicos volvieron para terminar con Time After Time.

Tras retirarse, dejaron al contrabajo tumbado en el piso, que iluminado con una tenue luz blanca, quedaba como la materialización de la fina magia de Carter.
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