Sangra el alma flamenca
Murió ayer a los 66 años Paco de Lucía, genio y embajador del flamenco en el mundo. Será recordado por haber llevado esa música gitana a las salas más prestigiosas del planeta y de amigarla con otros ritmos
"De pronto los organismos oficiales están valorando una música que nunca fue a la escuela y que viene de la emoción”. Son palabras de Paco de Lucía, el máximo responsable de que sucediera ese cambio de paradigma con el flamenco. Lo dijo en 2004, cuando fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. A esa altura, De Lucía ya era reconocido como uno de los más grandes intérpretes y renovadores de esa música tan particular, tan celosa de sí misma y de su tradición oral, que hacía que esa magia se mantuviera en un ámbito étnico, el de los gitanos de Andalucía.
Destino
Francisco Sánchez Gomes, ese era su nombre, nació en un barrio gitano de Algeciras en 1947. El ser hijo y hermano de músicos lo familiarizaron con el flamenco desde muy niño.
Tanto su madre, Lucía Gomes “la Portuguesa”, como su padre, Antonio Sánchez, influyeron en su vocación. aprendió guitarra con su padre y su hermano, y su nombre artístico es, en realidad, la forma en que lo llamaban en su infancia. Había tantos “Pacos” en su barrio que para identificarlos se agregaba el nombre de la madre. Paco, “el de Lucía”, se empezó a destacar entre sus tocayos y también entre cualquiera de los demás, por la forma en que pellizcaba la guitarra.
Desde fines de la década de 1960 se reunió con quien había sido su amigo de infancia, Camarón de la Isla, y juntos llevaron al arte jondo a un nivel de virtuosismo extraordinario. Solo eso hubiera bastado para que su nombre estuviera escrito en la mejor historia del género.
Pero era solo el principio. En 1973 le sonríe el éxito masivo con su rumba Entre dos aguas. cuando se empezó a int3resar por el jazz, fue acusado de impuro, algo que todavía era considerado un pecado grave, aunque el propio ejemplo de Paco de Lucía contribuyó a cambiar esa concepción.
En la década de 1970 se formaría una banda que alcanzaría proporciones míticas, integrada por sus hermanos, Pepe de Lucía y Ramón de Algeciras y los jóvenes Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas. Allí apareció el cajón peruano en el universo flamenco.
Los discos Solo quiero caminar, de 1981, Live... One Summer Night, de 1984, dejan testimonio del sonido de esas banda legendaria.
Esa década, la de 1980, sería la de la consagración con el gran público alrededor del mundo, a través de su asociación con otros dos guitarristas que también sabían lo que era improvisar: Al di Meola y John McLaughlin.
Las giras de ese trío fueron memorables y gabaron un disco que vendio más de un millón de copias, algo totalmente inesperado para nada 1ue se pareciera a flamenco.
Un clásico
Además de cruzar flamenco con jazz, De Lucía lo hizo con el blues, la música hindú, la salsa, la bossa nova y la música árabe. También contribuyó a difuminar las frontera entre la música culta y la popular con recitales históricos registros en el Teatro Real, de Madrid.
Tocó el Concierto de Aranjuez, de Joquín Rodrigo, el comopositor clásico por excelencia de la España del siglo XX, y su autor llegó a decir: “Así es como yo he soñado esta obra”.
El jurado de los Premios Príncipe de Asturias le reconoció su “honradez interpretativa” y su capacidad de trascender “fronteras y estilos” que le convirtieron en “un músico de dimensión universal”. “Todo cuanto puede expresarse con las seis cuerdas de la guitarra está en sus manos”, dice el fallo.
Paco de Lucía se tomaba muy en serio su arte y trataba a su guitarra con una familiaridad no exenta de conflicto. Nunca quiso tocar por compromiso o por necesidad, y tampoco quería dejar de tocar, aunque estuviera saturado.
El guitarrista lo explica de esta manera: “Hay una relación ahí entre devoción y odio, porque es mucho el esfuerzo que tiene uno que hacer para tocar flamenco. La guitarra es un instrumento que nunca estás seguro cuando lo tocas. Depende de tantas cosas: del estado de ánimo, del equilibrio emocional en ese momento... Para tocar muy bien o como una mierda”.
Final
Aunque aseguró que no abandonaría su casa de Palma de Mallorca, en 2012 realizó una gira por Estados Unidos y el año pasado fue muy intenso en la vida del artista. Una gran gira le llevó a Estambul (Turquía) y a países como Marruecos, Bélgica, Alemania, Dinamarca, España, Suecia, Polonia, Italia o El Líbano.
Después atravesó de nuevo el océano para reunirse, quince años después, con su público de Latinoamerica, incluido el uruguayo, al que volvió a poner en pie con su interpretación de Entre dos aguas, una de las canciones más universales del flamenco, Mi Antonia, Soniquete, Moraíto Siempre, Tangos con cositas buenas, Lagartijo y Ziryab.
Su increíble capacidad para evolucionar y someter a su música a los dictados de su espíritu,y su pasión por componer y sorprender estuvo viva hasta el final, ya que, según aseguraba el artista, no tenía la intención de vivir de las rentas. “Si lo que compongo no es una sorpresa para los profesionales, entonces inmediatamente me retiro. Yo lo que no quiero es vivir de las rentas, eso siempre me pareció triste”, dijo.
Le quedaban décadas de carrera, que hubieran generado nuevas sopresas, cuando lo sorprendió la muerte, ayer el México. Aunque el aporte esencial de su obra fue devolverle el orgullo a la expresión máxima de la cultura de lso suyos. El flamenco ya no puede volver a refugiarse en el gueto donde nació. Ya es patrimonio de la humanidad.
(Con información de la agencia EFE y los diarios ABC y El País, de España)