Es dueño de una historia con ribetes increíbles. Su vida transcurrió lejos de los caminos tradicionales. Jamás jugó en divisiones juveniles: del baby fútbol, ADIC y la Liga Universitaria saltó al fútbol de Primera división. En su adolescencia se dedicó a estudiar y se recibió en artes gráficas en Talleres de Don Bosco. Trabajó en una imprenta y proyectó su futuro fuera de las canchas, antes de que el fútbol le reservara uno de los mejores lugares. A los 20 años su sueño era jugar en el fútbol profesional hasta los 30. En un mes cumplirá 38 años, es el capitán de Nacional y uno de los históricos de la selección nacional. Así como sorpresivamente un día llegó a Rusia, cuatro temporadas después, cuando su esposa estuvo a punto de perder la vida, luego de aprender a hablar ruso y de transformarse en capitán, se volvió a Montevideo. Es el mayor de cinco hermanos y el padre de cuatro hijos. Jugó al básquetbol, vóleibol, hándbol, tenis, fútbol y, desde hace algunos años, es un apasionado del golf. No sabe qué hará cuando se retire del fútbol. Quiere ser técnico, pero sabe que para seguir ese camino tendrá que emigrar y no quiere dejar Uruguay.
Scotti tiene una vida llena de historias
No pasó por las juveniles y debutó directamente en el fútbol de Primera división; su desafío era jugar hasta los 30 años en el profesionalismo y en diciembre cumple 38. Se recibió en artes gráficas en Talleres de Don Bosco y hoy es padre de cuatro niños