Se fue la dueña del escenario
Los superlativos para describir a China Zorrilla fomaron un río de voces en el Palacio Legislativo, el teatro Solís y el Cementerio Central. Todo el ambiente cultural y político le rindió el último tributo
Banderas a media asta, alfombra roja, coronas de flores y un ataúd cubierto con la bandera uruguaya en el centro del imponente salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Dentro del féretro, el cuerpo de una de las personalidades más relevantes de la historia de la cultura uruguaya: China Zorrilla, actriz y directora, de teatro, cine y televisión.
Anécdotas similares, en cuanto a la chispa, la seguridad en sí misma, la luz que tenía China Zorrilla, se reproducían por todos los rincones marmolados del Salón de los Pasos Perdidos, desde que a las 9 de la mañana abrió las puertas que dan a la magnífica escalinata sobre la avenida Libertador.
Había personalidades de todos los partidos políticos, entre ellos el presidente de la República, José Mujica, el vice Danilo Astori, el ministro de Cultura, Ricardo Ehrlich, los expresidentes Tabaré Vázquez y Julio María Sanguinetti, el senador Luis Alberto Heber y el exvicepresidente Gonzalo Aguirre, entre muchos otros.
Mujica dijo que: “Es una vida que se va y es justo recordar que hay gente que vive porque ha nacido, pero que hay algunos privilegiados como China que le dan un contenido a la vida y la proyectan hacia el futuro”.
El presidente destacó que China tuvo “siempre un mensaje optimista, haciendo reír, dándole para adelante con ganas de vivir, sin el ceño fruncido, sin ofender a nadie, sin tirar la bronca con nadie. Yo creo que era admirable. Fue un cacho de nuestra mejor historia”.
Vázquez, Astori y Ehrlich se deshicieron en elogios sobre la figura de China Zorrilla, pero las anécdotas más emotivas y entrañables vinieron por parte de algunos artistas, que compartieron el trabajo con la actriz uruguaya.
Marcos Carnevale, director de cine argentino, que trabajó con China Zorrilla en su película de 2005, Elsa y Fred, dice que solo ella hubiera podido hacer el papel. “Yo lo sabía y de hecho la amenacé: cuando fui a ofrecerle la película, le dije, si me decís que no, no la hago. Y me dijo, ´no me pongas en ese aprieto´. ´No la hago, China. Sos la única actriz que puede hacer esto´. No me equivoqué. A veces me la ofrecen para llevarla al teatro y yo digo, ´¿pero y quién la va a hacer? Después de que ya la hizo China, la comparación va a ser terrible, no la van a encontrar´”.
Carnevale dice que China Zorrilla definió su estilo, y que le enseñó lecciones que él trata de transmitir a sus alumnos, en sus clases: “Una vez estábamos ensayando una escena con varios actores y algo no funcionaba. Yo no sabía bien qué. Ella se dio cuenta y me dijo: ´Tenés que aprender a escuchar a toda la orquesta. La comedia es así. Hay dos violines que están tocando la misma nota. Bajá uno y vas a ver que funciona´. Bajé a uno de los actores que estaba haciendo lo mismo que el otro y salió todo de maravilla”.
En una conferencia de prensa en Barcelona, estábamos los dos juntos promocionando la película, y un periodista me dice, delante de ella, ´¿cómo la definirías?´ Era una pregunta difícil, teniéndola en frente. Y entonces la miré bien, y ella me miró fijo, como diciendo ´a ver qué vas a decir´ y dije: ´Y China es rara. Es como una mujer de 25 años en el cuerpo de una mujer de 80. Es como una vieja inmadura. Una cosa así´. Es verdad, porque siempre fue joven. Siempre estaba más adelante, siempre tolerante con la vida, siempre a favor. Era muy especial. Por eso en Argentina ayer explotó todo, todos los medios, porque es una de las grandes de Argentina, siendo uruguaya. Adorada”.
La tía China
Florencia Estrázulas, hija de su hermana Gumita, fue de las que llegó temprano, a pesar de haber volado desde Río de Janeiro a Buenos Aires y luego a Montevideo. Salí anoche a las 2 de la mañana y llegué a las 7 acá”.
Estrázulas cuenta una historia mucho más íntima, la de la vida familiar en aquella casa de la calle 21 de Setiembre: “Crecí con ella, en la casa de mi abuela, en 21 de Setiembre. “China era la tía más divertida del mundo. Me llevaba a los ensayos. La ayudábamos.Siempre agarraba a un sobrino o una sobrina y la llevaba por ahí”.
“Es igual la persona pública que la privada –dice Estrázulas–. Era la divertida. Todo era agradable. Buena onda. China era un placer de tía. Todos nos moríamos por China”.
Y sigue: “Siempre pensaba en cada uno de los sobrinos y viajaba y nos traía regalos muy bien elegidos a cada uno”.
"Fue una delicia. La vida con China siempre fue colorida. La sensación que tengo hoy, un día después de que se murió, es que quedamos en blanco y negro”, concluyó.
Otro de los primeros en llegar fue el argentino Boy Olmi, actor y director de cine y televisión. Entre las tantas anécdotas de taxis que tiene China Zorrilla –incluida la del taxista al que la actriz, sin conocerlo, le prestó US$ 37 mil y el tipo, años después, se los devolvió– Olmi tiene una propia: “Me crucé con China infinitas veces en los últimos 45 años. La primera vez que tuve un encuentro personal con ella, fue levantándola un día en un taxi, para decirle: te llevo a donde quieras. Y la llevé a la calle Uruguay, donde era su casa en Buenos Aires, no casualmente. Con esa entrega absoluta que tenia con todo, se dejó llevar por mí, que era un adolescente con un taxi”.
El actor y director argentino es tal vez, quien mejor sintetiza eso que trataban de decir tantos, en el palacio: “El universo de China es infinito. Al lado de China todo era posible, porque ella lo veía así. Y por eso se podía generar cualquier situación de cualquier tipo, en cualquier entorno social, cultural, creativo. La vida era un juego delicioso de jugar al lado de ella”.
Y añade: “Su cultura, su simpatía, su carisma, su humor, su agudeza, su generosidad, excedían a la actriz maravillosa que era. Era un ser de una riqueza fabulosa y generosamente la entregaba a todo el mundo”.
Media hora pasado el mediodía, se empezó a formar el cortejo que llevaría los restos de China Zorrilla al teatro Solís, donde sería honrada por sus pares en las tablas, y luego al Cementerio Central. Las coronas de los organismos públicos y culturales uruguayos, la de la embajada argentina y la de su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fueron colocadas en las carrozas fúnebres, en tanto que la gente en el palacio la despedía con una aplauso cerrado.